Cartas a un joven católico‘, de George Weigel

Se cuenta, y lo recoge Weigel en su libro, que Evelyn Waugh, el gran escritor y periodista converso al catolicismo fue una vez enfrentado por una muje…

Se cuenta, y lo recoge Weigel en su libro, que Evelyn Waugh, el gran escritor y periodista converso al catolicismo fue una vez enfrentado por una mujer que le preguntó como él, prominente católico converso, podía ser tan descortés. Respondió Waugh: “Señora, si no fuera por mi fe, yo apenas sería humano”.

 
La experiencia de Waugh es pareja a la que sintieron Flannery O’Connor, G. K. Chesterton o C. S. Lewis, autores todos ellos consagrados, reconocidos y debidamente censurados por los centros de poder que, si bien no impiden su publicación, sí que se preocupan de no darles demasiada publicidad.
Si uno repasa los primeros años del siglo XX tropieza con multitud de personas que abrazaron la fe cristiana, la mayoría en la Iglesia católica, atraídas por la belleza del dogma y la fuerza irresistible de la verdad. Algunos supieron expresarlo de forma contundente, como Chesterton, pero todos, sintieron la importancia de esa transformación.
 
Ese hecho no es irrelevante por cuanto nuestro tiempo tiende a denostar la fe como contraria a la creatividad cultural e incluso al avance científico. Afirmaciones absurdas que no encuentran corroboración histórica. Pero ya se sabe que nuestro tiempo es muy científico y, por lo mismo, absolutamente a priori en las cuestiones culturales.
Todo esto viene a cuento de que, normalmente, no somos capaces de escribir un libro más o menos apologético, aprovechando los grandes ejemplos que nos brinda la historia reciente. George Weigel, acostumbrado a los debates verdaderamente culturales, nos ofrece un libro en el que el dogma de la Iglesia se explica al paso de múltiples ejemplos tomados de la vida.
 
Algunos son contemporáneos y otros pertenecen al pasado reciente: desde la conversión de Newmann, célebre Cardenal que marcó toda una época en Oxford, en Inglaterra y en la Europa toda, y que sigue influyendo, hasta Juan Pablo II, con una breve incursión en el gótico y pasando por el descubrimiento casual de la tumba de san Pedro que, mira por donde, esta justo debajo de la Basílica que lleva su nombre en el Vaticano. Lo que la tradición siempre había sostenido lo corroboraron los arqueólogos por un feliz accidente. El libro lo explica muy bien.
El libro merece ser leído no sólo por los jóvenes, sino por cualquier católico que empiece a estar harto de las sandeces que se dicen a su alrededor.
 
Me gusta el libro no sólo por la amena exposición que hace de lo que creemos los cristianos, sino porque muestra su vitalidad en la historia. La Iglesia tiene un tesoro inmenso del que no pueden alardear los ideólogos de cualquier doctrina: los ejemplos. En lo abstracto nos perdemos todos pero la vida, cuando se afronta bien, siempre da la razón a los cristianos.
 
Como dice Chesterton: “Comencé a examinar más atentamente la teología cristiana general que muchos detestaban y pocos examinaban. Pronto descubrí que realmente se correspondía con muchas de estas experiencias vitales y que incluso sus paradojas de correspondían con las paradojas de la vida”.
 
 
CARTAS A UN JOVEN CATÓLICO
George Weigel
Ed. Cristiandad
266 páginas

 
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