‘Catalanismo y tradición catalana’, de Francisco Canals Vidal

La cuestión del nacionalismo ya ha recibido en el s.XXI dos valiosos regalos. El primero, de naturaleza moral, nos lo ofreció por sorpresa Juan Pablo …

La cuestión del nacionalismo ya ha recibido en el s.XXI dos valiosos regalos. El primero, de naturaleza moral, nos lo ofreció por sorpresa Juan Pablo II en su casi póstumo “Memoria e identidad” (2005).
 
Allí, el patriota polaco llamaba a “evitar absolutamente” la “degeneración” del patriotismo en nacionalismo (c.XII); insinuaba una misteriosa y típicamente eslava “escatología de la nación” (c.XIV); y recomendaba el espíritu abierto de la época jaguellona de Polonia, ejemplo de convivencia de diversos pueblos y religiones (c.XV).
 
El segundo regalo intelectual sobre el nacionalismo lo recibimos ahora de otro pensador tomista, Francisco Canals (Barcelona, 1922), en la antología histórico-filosófica recogida en “Catalanismo y tradición catalana”.
 
Horas antes de su rendición, en el pregón del 11 de septiembre de 1714, los tres comunes de la Barcelona sitiada por las tropas borbónicas se confiaban a Dios y exhortaban a los barceloneses a derramar su sangre “por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España”.
 
El proyecto de nuevo Estatuto de Cataluña se proclama “depositario de una memoria” de los que murieron por el reconocimiento de los “derechos nacionales y sociales” de Cataluña desde 1714. ¿Acaso son la misma cosa esta memoria nacionalista-socialista y aquella memoria tradicional de 1714?
 
¿Por qué los gobernantes de 1714 nombraban Generalísima de la defensa a la Madre de Cristo, mientras el parlamento que nombra a la Generalitat evita la palabra “cristianismo” entre las 42.000 del Estatuto? Canals -y Chesterton- nos dan la respuesta: los grandes cambios sociales se alimentan de una memoria ficticia, posterior a la creación de un cuadro radicalmente falso para explicarse el pasado.
 
¿Qué “olvida”, pues, el nacionalismo catalán? Canals es claro: “El pueblo catalán es aquél que, entre todos los pueblos de España o de Europa ha vivido en más ocasiones, y durante más tiempo, en guerra contra el Estado inspirado en los principios de la Revolución francesa” (c.II). Si España se conformó en las leyes paccionadas y la filosofía realista de la Cristiandad medieval, Cataluña defendería esta idea todavía en el s.XIX, librando siete guerras contra el liberalismo en menos de cien años.
 
Ése es el verdadero sentido de 1714. Pero en el s.XIX las ideas revolucionarias, transmitidas por el idealismo romántico, contaminaron la Cataluña burguesa y castellanoparlante. A diestra y siniestra brotó el nacionalismo, que renegaba en el fondo de la tradición catalana y se aliaba con sus enemigos seculares; el nacionalismo que nos recuerda a aquel “amor negativo” de los revolucionarios hacia el pueblo, que Dostoyevski aborrecía por fantasear un pueblo teórico y despojado de lo realmente propio.
 
El acierto de “Catalanismo y tradición catalana” no es sólo devolver a Cataluña su auténtica conciencia histórica, sino también recordar el intrínseco carácter anticristiano del nacionalismo. El mito metafísico de la nacionalidad tiende a suplantar a la religión. Se vacían entonces las iglesias y aparecen los “cristianos por el nacionalismo”.
 
Los fieles cambian el crucifijo por la “senyera”; los gobernantes se ciscan en lo sagrado; los políticos legislan su Cataluña de papel; el clero tardea y disminuye; los pastores dormitan; las familias se dispersan. Y alguno leerá a Canals, y comprenderá, y combatirá entonces al nacionalismo para alcanzar lo que Donoso jamás soñó: que un pueblo regrese a la fe después de haberla perdido. De haberla perdido en pos de una imagi-Nación.
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Catalanismo y tradición catalana.
Francisco Canals Vidal
Editorial Scire
152 págs
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