Catástrofe de Bhopal: 20 años de impunidad para los responsables

Han pasado 20 años desde el accidente producido en la factoría de Union Carbide de Bhopal, en el centro de la India, que dejó tras de sí un rastro de …

Han pasado 20 años desde el accidente producido en la factoría de Union Carbide de Bhopal, en el centro de la India, que dejó tras de sí un rastro de 20.000 muertos y 150.000 enfermos crónicos. A pesar del tiempo transcurrido, los responsables de la fuga del gas químico y muy venenoso que causó la catástrofe continúan en libertad y, aún hoy, la empresa sigue contaminando la zona y minando la salud de sus habitantes, con la connivencia del Gobierno indio. Además, Dow Chemical, la corporación que controla ahora la factoría de Bhopal, tiene un largo historial en la elaboración de productos tóxicos y vertidos sobre los parajes naturales que rodean a sus fábricas en Estados Unidos y Canadá.

El día 3 de diciembre de 1984, poco después de medianoche, se producía una fuga de 40 toneladas de un gas letal, isocianato de metilo, en la factoría de Union Carbide en las afueras de Bhopal. El indicador de temperatura y principal mecanismo de seguridad de la planta no funcionaba debido a un fallo de diseño que nadie se preocupó de reparar. Por si fuera poco, los responsables de seguridad de la empresa no hicieron sonar la sirena que advertía de la fuga de gases para “no alarmar a la población”, ya que los escapes de gases, aunque de menor envergadura, eran cosa habitual en Union Carbide. Esa noche, entre 3.000 y 8.000 personas morían como consecuencia de la contaminación emitida. En los días posteriores la cifra de muertes aumentaría hasta rondar las 20.000. Además, la mitad de la población quedaba incapacitada permanentemente para trabajar.

Patente de corso

El principal responsable ante la ley de las múltiples negligencias que desembocaron en el trágico accidente, Warren Anderson, por aquel entonces principal ejecutivo de Union Carbide, parece gozar de patente de corso y continúa disfrutando a sus 83 años de un plácido retiro en Florida, protegido por la negativa de Estados Unidos a conceder la extradición. Por su parte, Dow Chemical, la actual propietaria de la factoría de Bhopal, se exime de toda responsabilidad mientras las emanaciones de gases contaminantes continúan haciendo estragos entre la población. Por si fuera poco, el envenenamiento del agua que beben los habitantes de la zona, sobre todo los más desfavorecidos, sigue siendo una realidad ante la que las autoridades hacen oídos sordos. Unas 20.000 personas están bebiendo un agua con niveles peligrosos de mercurio, tetracloruro de carbono y otros contaminantes persistentes y metales pesados.

Connivencia del Gobierno

El Gobierno de Nueva Delhi permanece impasible ante la actividad contaminante de la industria y, además, es cómplice de la falta de efectividad en el pago de las indemnizaciones por el criminal atentado ecológico que Union Carbide cometió hace 20 años. En 1989 suscribió un acuerdo con la empresa para limitar sus responsabilidades en el accidente y exigirles la suma de 470 millones de dólares para indemnizar a las familias afectadas y evitar ir a juicio. El compromiso de la Administración india para repartir el dinero entre los afectados se ha cumplido parcialmente y no llega al 50 por ciento. Si el caso hubiera llegado a los tribunales, se calcula que la cifra que hubiera tenido que pagar la empresa química estadounidense habría sido de unos 3.000 millones de dólares.

Nuestros deudores

Además de la inmunidad de que han gozado los responsables de Union Carbide, la actual propietaria de la factoría de Bhopal, Dow Chemical, tiene un amplio currículum de elaboración de productos contaminantes, tanto para sus clientes, como para sus trabajadores y vecinos colindantes a sus industrias, que vierten sus residuos en los parajes naturales que las rodean. La denuncia de esta situación se halla en las páginas del libro Nuestros deudores, del experto estadounidense Jack Doyle. Según Doyle, las prácticas de la corporación incluyen la producción de componentes del napalm –el gas mostaza utilizado como arma química por Estados Unidos en la guerra del Vietnam- y el uso de presos como cobayas para sus productos tóxicos.

Las fábricas de Estados Unidos y Canadá han sufrido incendios y explosiones en sus instalaciones que se han cobrado víctimas humanas, según revela el libro. Además, algunos de sus trabajadores han padecido tumores cerebrales, entre otras afecciones. Y los componentes que se usan en la fabricación de determinados productos, como juguetes, afectan también a sus clientes.

A pesar de que los ingresos anuales de Dow Chemical, la compañía química más importante del mundo, están calculados en 24.000 millones de dólares, los directivos se niegan a aceptar cualquier responsabilidad en el peor desastre químico de la historia, el que segó la vida de 20.000 personas en Bhopal.

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