Cecilia Perrín, un canto a la vida‘, por Licy Miranda

Hay libros que despiertan en nosotros la nostalgia de la santidad. Este es uno de ellos. Lo consigue no desde el discurso bien trabado por la meditaci…

Hay libros que despiertan en nosotros la nostalgia de la santidad. Este es uno de ellos. Lo consigue no desde el discurso bien trabado por la meditación y el estudio sino desde la narración de una vivencia.

Cecilia Perrín es uno de aquellos testigos que Pablo VI deseaba para nuestro tiempo. Como sucede con muchos de ellos el fruto sólo llega a conocerse cuando el grano de trigo ha muerto. Sólo entonces se manifiesta en toda su plenitud la vida que estaba escondida. Ese dar a luz es el cometido de la autora, Licy Miranda, que hace de lámpara para que no se pierda el testimonio de esta mujer.

Cecilia Perrín es una mujer argentina, miembro de la familia focolar (que digámoslo claro, forja santos), que a los ocho meses de estar casada conoce que está embarazada. La alegría en su matrimonio es inmensa. Pero poco después una nube aparece en el horizonte con el peligro de ennegrecerlo todo: Cecilia Perrín padece un cáncer.

Ella podría someterse a una operación, e incluso a algunas curas paliativas. Pero hay una contraindicación: la niña que se está formando en su seno correría peligro. Y la madre renuncia a la salud por el bien de su hija. El cáncer avanza, pero la niña nace bien. La madre, no mucho más tarde, también muere bien.

De por sí es ya este un testimonio estremecedor, que nos conmueve hasta lo más íntimo de nuestro ser, y nos pone ante la evidencia de nuestras pequeñeces y de nuestros egoísmos ridículos y falsos sentidos de la vida. Pero ahí no acaba el libro.

La autora ha tenido a bien recoger múltiples testimonios y reproducir fragmentos de las cartas de Cecilia. Ahí descubrimos un alma enamorada de Dios. Si nos admira el gesto de dar su vida por salvar otra, aún nos admira más el abandono de ella en Dios.

Reproduzco un fragmento de unos pensamientos suyos:

Permites que se estremezca todo mi ser,
en los momentos cúlmines, me pregunto por qué,
mi humanidad se resiste, Señor,
aunque tú, más allá de mis límites, estás;
Te siento y te siento como sos: Amor.
No te descubro, pero siento tu Presencia.
No te veo, pero sé que estás.
Te cuestiono, pero solamente
porque mi debilidad requiere una respuesta.
Que sos Amor.
Qué raros son tus caminos para mí,
pero también son los únicos
que quiero recorrer.
Qué incomprensible te muestras,
pero lo más importante,
lo más grande
no es que te encuentre incomprensible,
sino que te muestras en mí.”

Estas pocas líneas, a modo de muestra, nos ponen ante el alma grande de una mujer que recorrió con Jesús el camino del sufrimiento. Es uno de esos laicos que produce la Iglesia y que muestran la santidad oculta que hay en ella.

Muchas veces nos pasa desapercibida, pero de vez en cuando, como ahora, nos llega la noticia y nuestro corazón se abre a lo más grande. Porque leyendo la vida de Cecilia Perrín descubrimos que queremos ser como ella.

CECILIA PERRÍN, UN CANTO A LA VIDA
Licy Miranda
Ciudad Nueva
Madrid, 2007
122 páginas

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