Centurión: anábasis ágil y violenta de pictos y romanos

Centurión es una película inglesa sobre un destacamento de legionarios romanos que a principios del siglo II se adentra en el territorio…

Centurión es una película inglesa sobre un destacamento de legionarios romanos que a principios del siglo II se adentra en el territorio de los bárbaros pictos, en la actual Escocia, y es destruido. Solo un pequeño grupo de supervivientes se adentrará aún más en terreno enemigo, esperando rescatar a su general, y luego volver a la civilización.

El guionista y director, Neil Marshall, ha explicado que se inspiró en la "Anábasis" del historiador griego Jenofonte, en la que cuenta la desastrosa retirada del ejército helénico a través de territorio persa (el mismo Jenofonte participó en los hechos). Si nos fijamos, veremos que Marshall ha realizado tres películas antes sobre el mismo tema: grupos de supervivientes huyen acosados por violentos enemigos. En Dog Soldiers eran soldados huyendo de hombres lobo; en The Descent, unas espeleólogas huían de monstruos; en Doomsday, los protagonistas se las arreglan en un futuro post-apocalíptico.

La película es directa, ágil, y sin ambiciones, con una sola trama argumental unida a un solo objetivo: sobrevivir bajo la persecución de los bárbaros. Los paisajes tienen su belleza y protagonismo, son fríos, ásperos y crueles, como los perseguidores y los perseguidos.

Probablemente no hay ninguna película en los últimos años donde se hayan cortado tantas gargantas a cuchillo. A esto hay que suma cabezas cortadas por el cuello, a mitad de altura, en vertical, en horizontal, clavadas en picas, brazos y piernas cercenados, lanzas en la boca, en genitales, pinchos y flechas en ojos… todo un catálogo de violencias explícitas y visibles, eso sí, muy rápidas: en la butaca da tiempo a gritar "ouch", no a marearse de asco. Hay que pensárselo bien antes de traer a un menor de 18 años al cine.

En este sentido, si bien la violencia busca dar "hiperrealismo" a la ambientación, hay fallos menores de documentación. La película tiene un presupuesto modesto, pero el director no intenta batallas inverosímiles con ridículos ejércitos como lo intentaron los de la lamentable"El Rey Arturo (2004) o "La Última Legión"(2007), más correcta.

De hecho, la batalla de la Legión sorprendida por los pictos en el bosque, es muy digna, pero cualquier conocedor del ejército romano echará de menos que los legionarios no arrojasen su lanza "pilum" a los asaltantes, privándoles así de escudo, la única protección de unos guerreros que luchaban sin armadura.(el pilum estaba diseñado para engancharse al escudo inutilizándolo). Los legionarios apenas logran formar unos grupos tras sus escudos: poca cosa después de "Espartaco" (de donde toman ideas los pictos, por cierto).

También son poco verosímiles los discursos del centurión protagonista, Quinto Dias, hijo de un gladiador, sobre la ausencia e inutilidad de los dioses. Sabemos bien, por la literatura y arqueología, que los legionarios eran uno de los colectivos más religiosos del Imperio, también de los más supersticiosos: cuando te juegas la vida cada día y sobrevives, lo atribuyes a mil hados, dioses, amuletos y conjuros. Pero Quinto, que ha sobrevivido milagrosamente a varios percances, insiste en discursear sobre "nosotros forjamos nuestro destino", "los dioses no escuchan a los soldados", etc…como un cultísimodiscípulo de Epicúreo o un escéptico del siglo XXI. ¡Todo un superhombre nietzschiano!

Si en "El Rey Arturo" de hace 6 años aparecía una Ginebra picta que disparaba flechas, y en "La Última Legión" la actriz de Bollywood Aishwarya Rai interpretaba a una mujer guerrera de Kerala entregada al César, aquí tenemos no una, sino dos mujeres pictas crueles, frías y guerreras. Es un acierto que no tengan texto de diálogo: su función es actuar como simples (y aterradores) monstruos, depredadores que acosan a su presa.

Por último, si bien el director muestra cierta justificación para con los pictos (responden violentamente a los conquistadores romanos) no los exculpa: ellos son bárbaros crueles, y los romanos también son crueles y maquiavélicos. Ni Roma no la tribu son una opción para el hombre. Como en "Apocalipto", de Mel Gibson (otra película de huída), el héroe no puede contar más que con el amor de una mujer y retirarse de todo, adentrarse en la espesura, tierra de nadie.

Al final, la película resulta ser ágil, equilibrada, de buen ritmo y adecuada a su presupuesto, sin pretensiones absurdas. Por todo ello, resulta muy superior a otras historias de romanos en Britania de los últimos años.

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