China vuelve a desafiar a Occidente: ¿dónde quedan los derechos humanos?

China vuelve a provocar al mundo violando una vez más los derechos humanos más elementales. Estas Navidades el gigante asiático …

China vuelve a provocar al mundo violando una vez más los derechos humanos más elementales. Estas Navidades el gigante asiático aprovechó el escaso eco que tiene la prensa en general en Occidente para condenar al activista prodemocracia Liu Xiaobo a once años de cárcel por reivindicar una transición demócrata en el país comunista.

Al juicio de Xiaobo no han podido asistir las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos y la UE que habían pedido en reiteradas ocasiones la liberación inmediata del disidente político. Esta sentencia, la más dura que se ha aplicado a un activista de los derechos humanos en este país, supone un revés para Occidente que ve cómo se limita sistemáticamente la libertad de expresión de los chinos en un sistema regido por el unipartidismo comunista.
La presidencia sueca de la UE ha manifestado su “honda preocupación por la desproporcionada condena”. En este sentido, la canciller alemana, Ángela Merkel, ha lamentado “que el gobierno chino, a pesar de los importantes progresos en otros ámbitos siga limitando la libertad de prensa y opinión”.
Liu Xiaobo impulsó el manifiesto Carta 08 en el que se pide unas elecciones por sufragio universal que acaben con el sistema de partido único. Liu ha sido juzgado por ello bajo la acusación de “incitar a la subversión del poder del Estado”. El manifiesto estuvo firmado en su momento por 300 activistas que ahora pueden correr la misma suerte.
La profesora jubilada Ding Silin ha indicado que “con esta sentencia, el Partido Comunista anuncia al mundo y al pueblo que utilizará todo su poder para garantizar su régimen unipartidista, en lugar de aplicar reformas”.
La excesiva permisividad internacional
La excesiva permisividad con la que el escaparate internacional tolera la continua pulsión totalitaria del Partido Comunista chino no parece que vaya a cambiar. Esta permisividad se inicia por la propia ONU debido a los grandes intereses comerciales que representa para Occidente. Por otro lado, el caso de Honduras contrasta con China por el trato internacional que recibió el país hispanoamericano al forzar la salida del presidente depuesto Manuel Zelaya por intentar reformar la Constitución hondureña para perpetuarse en el poder. Esta actitud ambigua con China representa tres riesgos fundamentales:
El hecho de que China represente una gran potencia a pesar de su deriva totalitarista entra en conflicto con el mundo de los valores actual. El país asiático ha desarrollado como sistema conculcar los derechos humanos y la libertad.
Esta manera de actuar esconde una pedagogía peligrosa que rompe el fin de la historia que analizó Fukuyama que afirmó que solamente las democracias libres podían liderar la economía liberal. China es una dictadura y supone una tentación el hecho de que de esa forma se llegue a la cima de la economía mundial. Además, el país que lidera las exportaciones mundiales es también uno de los que menos derechos laborales ofrece a sus trabajadores. Este contexto podría llevar a relativizar los derechos humanos, las libertades y la democracia, y desembocar en políticas pragmáticas que basan sus actuaciones en los resultados que más le conviene al Estado.
Pone en riesgo equilibrios regionales como demuestra el hecho de que China tradicionalmente no reconoce en la naturaleza límites. Lo ha demostrado creando presas, alterando la geología de regiones y cambiando cursos de ríos sin tener en cuenta pueblos o ciudades, sensibilidades regionales o culturales. De hecho, la última polémica protagonizada por China y la India se debe a la intención de China de cambiar el curso del río Brahmaputra que desemboca en el país hindú. Esto provocará problemas de recepción en el caudal del río en la India que ya posee una orografía marcada por grandes ríos y un ecosistema muy compensado en sí mismo y de difícil administración. China no comparte información sobre lo que sucede dentro de sus fronteras.
El silencio internacional
Ante todo esto, la comunidad internacional guarda silencio obligados por los intereses comerciales que le unen a China. Un país caracterizado por fabricar cosas de todo tipo y problemas también de todo tipo.
Ese ímpetu expansivo de China por encima de los derechos individuales queda patente en un último ejemplo: su moneda subvalorada. El gobierno comunista chino subvalora sistemáticamente el yuan para conseguir un contexto que facilita enormemente la exportación y limita la importación que resulta muy cara. Una moneda subvalorada a quien castiga es al pueblo que no participa del núcleo central del negocio.
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