Cien mil euros para las brujas

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La razón instrumental, aquella que consagraron los ilustrados y expandió la Modernidad, pretendía conseguir personas que actuaran con criterios más racionales y que desaparecieran las negruras del oscurantismo de la sociedad. Pensaban que desplazando la razón objetiva, que había sido y en buena medida continúa siendo la base de la tradición cultural de Occidente, iban a conseguir un futuro esplendoroso donde las personas actuarían de acuerdo con criterios racionales y esto las haría mucho más buenas. Ahora, con la perspectiva histórica, ya podemos constatar el fracaso absoluto, rotundo, de esta pretensión. Tan fracaso que quien ha venido a socorrer el imperio de la razón no han sido los ilustrados, que prácticamente han desaparecido en manos de los postmodernos, de los desvinculados, sino un Papa, Juan Pablo II y su Fides et Ratio.

El prescindir de la dimensión objetiva de la razón, de la consideración de que existe un relato mayor que sume en un mismo orden la naturaleza y el ser humano, y que en el caso cristiano se refiere a Dios, no ha traído una mejor forma de pensar. Al contrario, nos ha traído otra vez la negritud de prácticas enterradas como el aborto y de supersticiones a mansalva.

Una ciudad catalana, Cervera, en las proximidades de Lérida, y que fue en su momento sede de la universidad borbónica, celebra cada año la fiesta del Aquelarre, que reúne a miles de personas. Son un conjunto de actividades dedicadas a la brujería y también al mal gusto. Uno de sus actos más celebrados es la aparición del macho cabrío, el diablo, en una formidable eyaculación pública a base de espuma para todos. Naturalmente, como toda fiesta que se precie, no se olvida de los niños y hay un conjunto de actividades dedicadas a introducirles en esto tan inteligente y bueno para el progreso de la humanidad que es la brujería y la magia.

Pero todo esto no es lo peor, siéndolo. Lo malo, lo rematadamente malo, es que esta fiesta se pueda celebrar por todo lo alto porque recibe cien mil euros de subvención. Sí, lo han leído bien, esta es la cifra en términos redondos, un poco más en euros reales. Prácticamente ha registrado una disminución mínima en relación a la subvención del año pasado. Hoy, cuando hay tanta gente que tiene que vivir con 400 euros, cuando se ha recortado en sanidad y en enseñanza, la Generalitat de Cataluña arroja a la basura, en el sentido literal del término, cien mil euros para que una serie de personas promovidas por el propio Ayuntamiento de Cervera puedan dedicarse a revivir los tiempos negros de la historia. Es absolutamente lamentable y todavía lo es más si resulta que ningún partido político alza la voz para criticarlo.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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