Ciencia y fe

Coincidiendo con el inicio del nuevo milenio, la humanidad cruzó un puente hacia esta nueva era. El anuncio transmitido pregonaba que se hab&ia…

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Coincidiendo con el inicio del nuevo milenio, la humanidad cruzó un puente hacia esta nueva era. El anuncio transmitido pregonaba que se había creado el primer borrador del genoma humano, nuestro libro de instrucciones. El genoma humano consiste en todo el ADN de nuestra especie, que es el código hereditario de la vida y el texto recién revelado y quedó a disposición de la humanidad, siendo entregado por el Director del Proyecto Internacional Genoma Humano, Francis S. Collins.

Collins es también autor de un interesante libro: ¿Como habla Dios? La evidencia científica de la fe (Editorial Planeta), y en su puesta en público comenta el lenguaje que Dios utilizó para crear la vida, que constituye el regalo sagrado y se llena de humildad ante el primer vistazo a nuestro propio libro genético que previamente sólo conocía el Creador. Para este hombre, este hallazgo científico se convertía en una ocasión para orar, sobretodo al observar esta maravilla de la genética, así como la del ojo humano o del cerebro.

Muchas personas se sienten desconcertadas por estos sentimientos al asumir que un científico riguroso pueda ser creyente serio en Dios. Galileo presintió en sus investigaciones astronómicas la presencia del Creador y continuó argumentando que la exploración científica no sólo era aceptable sino que era una acción noble para un creyente, y argumentó: el mismo Dios que nos ha investido con sentido, razón e intelecto no puede pretender que renunciemos a su uso. Galileo quedó muy sólo y es curioso que oficialmente en la iglesia Católica sólo le apoyó un grupo de astrónomos Jesuitas, que sabían de lo que hablaban.

Daremos la espalda a la ciencia porque algunos la perciben como una amenaza para la fe, abandonando la utilización de los conocimientos de la naturaleza en muchos campos: células madre, aliviar el sufrimiento…; o daremos la espalda a la fe, concluyendo que la ciencia ya ha hecho que la vida espiritual deje de ser necesaria. Ambas posturas son nefastas.

El Dios de la Biblia es el Dios del genoma y el de toda la creación por encima del Big Bang (eclosión primera de la tierra) y a este Dios lo podemos adorar en una catedral o en un laboratorio. Muchos de los verdaderos buscadores así lo hacen. Einstein comenta: La ciencia sin religión es coja, la religión sin ciencia es ciega.

Concluyo con una frase del viaje de Benedicto XYI a Friburgo: “la opción por los pobres y enfermos es el ADN de la iglesia católica”.

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