Clase de religión – continúan discriminando a los católicos

La clase de religión sigue siendo, absurdamente, un factor de conflicto con el gobierno por sus ganas continuadas de marear la perdiz. Ahora, por enés…

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La clase de religión sigue siendo, absurdamente, un factor de conflicto con el gobierno por sus ganas continuadas de marear la perdiz. Ahora, por enésima vez, el Gobierno de turno prepara un Real Decreto que regulará la clase de religión y su alternativa, que sencillamente no existe.
 
La ministra de educación deja a criterio de los colegios la decisión sobre si quieren o no impartirla. Esto significará que en muchos centros se va a discriminar a los estudiantes que opten por la clase de cultura religiosa.
 
Esta práctica puede ser diversa, desde presentar como alternativa una actividad recreativa como el “parchís” de la época de Felipe González, o simplemente situar la clase de religión a primera o última hora del día, con lo que los niños que no hayan optado por ella podrán entrar más tarde o salir más pronto.
Al actuar de esta manera, el gobierno de Rodríguez Zapatero manifiesta dos cosas:
Primera y a subrayar: su debilidad, no se atreve a cumplir con su deber. Porque su deber, concretar los términos de un compromiso nacido de un acuerdo internacional con el Estado del Vaticano y que, por tanto, constituye una competencia exclusiva del Estado.
 
En segundo término, subyace un desagrado evidente hacia el hecho religioso que no se atreve a expresarse con mayor contundencia por la proximidad electoral.
 
A todo esto, recordemos una vez más que el artículo 2 de los acuerdos con la Santa Sede establece que “se incluirá la enseñanza de la religión católica en todos los centros de educación en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales”.
 
Obviamente, esto ya se incumple en los términos que esta contemplada por la LOE, porque la cultura religiosa queda lejos de la consideración que tienen las asignaturas del currículo, pero esta falta de respeto a lo acordado se acentúa ahora con el proyecto de Real Decreto.
Cuando nuestros jóvenes están faltos de fundamentos éticos como se trasluce con la violencia y los conflictos crecientes que protagonizan, no sería forzar nada que existiera una asignatura de estas características para aquellos que no quieren cursar cultura religiosa confesional, o bien, en un marco todavía más racional el estudio del hecho religioso desde una perspectiva aconfesional.
 
Lo absurdo es que mientras esta formación estará ausente se quieren colocar hasta cincuenta horas de clase de educación cívica en quinto y sexto de primaria.
 
Bien planteada esta educación para la ciudadanía podría ser la alternativa a la cultura católica que es otra base para la formación de buenos ciudadanos, pero esto sería pedirle a Zapatero una comprensión para el pluralismo de la sociedad, un respeto para las ideas del ciudadano, que su vocación para adoctrinarnos no puede asumir.

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