Clos ministro, elecciones anticipadas

El anuncio de que Joan Clos, Alcalde de Barcelona, substituirá a Montilla en el Ministerio de Industria ha constituido una sorpresa política y, al tie…

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El anuncio de que Joan Clos, Alcalde de Barcelona, substituirá a Montilla en el Ministerio de Industria ha constituido una sorpresa política y, al tiempo, una de las manifestaciones más visibles de cómo la gobernación española es utilizada como vía de resolución de los problemas internos en el campo del socialismo.

 

Se presupone que un ministro, si bien no es necesario que sea un experto en el tema de su competencia, sí debería ser capaz de aportar garantías al disponer de un currículo más que aceptable de que puede desempeñar bien su cargo. Un ministerio no es una sinecura donde reposar de los avatares de la política. No es o no debería serlo.

 

Joan Clos ha hecho toda su carrera política exclusivamente en el Ayuntamiento de Barcelona, primero como funcionario responsable de la área de sanidad, después como concejal presidente de uno de los distritos complicados de la urbe (Ciutat Vella) y de ahí a hombre de confianza de Maragall y sucesor en la alcaldía.

 

Clos llegó precedido de una cierta fama de buen gestor municipal y de persona discreta, incluso con toques de humildad, unos atributos indudablemente beneficiosos para el ciudadano. Pero la realidad de su gestión municipal ha demostrado todo lo contrario: Ha resultado ser un gestor no ya discreto sino deficiente, una persona de escasas condiciones políticas y, eso sí, con un ego que le ha llevado a confundir la alcaldía con una especie de señorío. Algunas de sus veleidades han resultado escandalosas, como la de que el Ayuntamiento produjera y embotellara un vino propio para las grandes ocasiones, del que nunca más se ha sabido.

 

El Forum de las Culturas, aunque fue una iniciativa de Maragall y nació sin que nadie supiera lo que iba a ser, murió en manos de Clos sin cambiar esta condición de inexcrutabilidad. Después de meses de actos y millones de euros gastados, nadie sabe exactamente qué fue el Forum, empezando por los ciudadanos de Barcelona.

 

A medida que el tiempo ha ido pasando la gestión de Clos ha resultado cada vez peor, hasta prefigurar la imagen de una primera derrota socialista en la capital catalana después de más de un cuarto de siglo de gobierno ininterrumpido.

 

Elevándolo a la categoría de ministro –es un decir-, Montilla resuelve el problema de la substitución del alcalde de Barcelona antes de las elecciones, apostando por un nuevo candidato que otorgue mayores garantías y, al mismo tiempo, coloca en industria una persona débil políticamente que pertenece a su área de influencia.

 

Zapatero, aceptando esta propuesta en lugar de la del mucho más profesional Vegara avalada por Solbes, juega al electoralismo puro y duro. Le da a Montilla la baza de un hombre influyente en el gobierno antes de las elecciones catalanas, algo que siempre resulta atractivo, al menos en teoría, para el empresariado catalán y, a su vez, también favorece a los socialistas en su batalla por la alcaldía.

 

En todo esto salta a la vista que lo que menos importa es la política industrial, las telecomunicaciones, la energía, la I+D+I: En definitiva ‘minucias’, que son las que competen al Ministerio de Industria. Que el problema económico que estrangula el futuro de España en términos muy graves sea la baja productividad no es un asunto del gobierno de Zapatero.

 

Ahora bien, dicho esto, o ZP ha perdido todos sus reflejos políticos o la carta de Clos es tan forzada, va a dar tan poco juego en industria, que Zapatero apuesta por ella complaciendo a Montilla y a los intereses electorales del PSC, simplemente porque va a ejercer de ministro durante pocos meses. En otras palabras, Clos significa que habrá elecciones anticipadas en el 2007.

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