‘Comentario a Ezequiel’, por San Jerónimo

Jerónimo es el más ponderado de los exegetas católicos. Su traducción de las Sagradas Escrituras al latín le ha merecido una obra verdadera. Paul Clau…

Jerónimo es el más ponderado de los exegetas católicos. Su traducción de las Sagradas Escrituras al latín le ha merecido una obra verdadera. Paul Claudel, el poeta francés, llegó a decir que en cuanto al estilo parecía inspirada por el Espíritu Santo.
 
La importancia de Jerónimo en la historia de la exégesis es indiscutible. Tanto porque conoció de primera mano las lenguas bíblicas (cada vez se afirma menos un conocimiento superficial del hebreo), como porque conoció los comentarios de Orígenes, de los que se convirtió en difusor para el mundo latino, a pesar de las controversias que sobre la interpretación de algunas doctrinas origenistas mantuvo posteriormente, y con qué ardor.
 
Por otra parte su formación clásica era envidiable y ya de esa escuela pagana extrajo la enseñanza de que, ante todo debía atenderse al sentido literal de los textos (literal o histórico en su lenguaje), y sobre él construir las posibles interpretaciones alegóricas y espirituales.
 
Por todo ello y a pesar, por ejemplo, de sus deficiencias en filosofía, san Jerónimo es un maestro sobre el que hay que volver y viene, además, avalado por el título de Doctor de la Iglesia.
Los comentarios al profeta Ezequiel, de los que se nos ha ofrecido un primer volumen en excelente versión bilingüe (como en la gran tradición de la BAC, por lo que esta ha sido y aún es referente en la cultura católica), los compuso el eremita de Belén en el año 411 y prolongó su trabajo hasta el 414.
 
Las convulsiones que sufría el Imperio, acosado por los bárbaros, le obligaron en repetidas ocasiones a dejar el trabajo, bien para atender a los indigentes que llegaban hasta él, bien por tener él mismo que huir. La obra la escribió a instancias de Eustoquia y, pese a sentirse ya viejo y estar afectado de dificultades de visión, tiene la unción de los grandes comentarios del santo.
Las obras de patrística, y sobre todo las exegéticas, no deben leerse como libros de estudio. Más bien hay que seguir el curso de las interpretaciones dejando que la palabra de Dios, masticada por la ciencia y la santidad de sus autores, cale en nuestros corazones como lluvia fina.
 
San Jerónimo, además, tiene especial cuidado en escribir de manera comprensible. Por ello, a pesar de lo arduo que puede ser para algunos enfrentarse a un comentario detenido de todo el profeta Ezequiel (que tiene muchos pasajes oscuros y que inclusos a los estudiantes judíos no se dejaba leer del todo hasta llegar a los 30 años), la lectura resulta reconfortante y, sobretodo, educativa.
Los Padres tienen una forma de leer la Escritura en la que sobresale su conciencia de que está inspirada por Dios. Eso hace que busquen, por encima del interés filológico o la erudición, conocer lo que Dios nos quiere hacer saber. Son conscientes de que toda Escritura Santa lo es para instruir. Por ello, también para nosotros, estos comentarios de san Jerónimo, tienen el atractivo de que nos ayudan a leer la Biblia de otra manera, seguramente más acertada, que la nuestra, llena de prejuicios y tendente al minimalismo.
 
COMENTARIO A EZEQUIEL (Libros I-VIII)
San Jerónimo
BAC
Madrid 2006
599 pág.
30 euros

 
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