Cómo generalizar el coche eléctrico: tomas de corriente en el parking

Los altos precios del petróleo y la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero están avivando un adormecido proyecto de hace ap…

Los altos precios del petróleo y la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero están avivando un adormecido proyecto de hace apenas unos años: la utilización generalizada del automóvil ‘todo-eléctrico’.

 

Sin embargo, a pesar de lo que pueden aportar los coches eléctricos para contrarrestar los efectos de la contaminación y del incremento de los precios de los carburantes, el gran problema de estos vehículos es su limitada autonomía.

 

Israel ha solucionado esta cuestión apostando fuerte por la creación de la primera red de coches eléctricos del mundo: distribuirá 500.000 puntos de recarga en todo el país, mientras 150 estaciones de servicio se ocuparán del intercambio de baterías agotadas por otras recargadas.

 

El uso generalizado del ‘todo-eléctrico’ pasa, pues, por la intervención de los poderes públicos. En el caso de España, se hace necesaria una ampliación de la red de tomas directas para recargar este tipo de vehículos, pero, sobre todo, llevar la toma de corriente hasta los parking privados.

 

Son “el futuro”

 

El vehículo eléctrico es el futuro y el motor de la revolución industrial”, aseguró recientemente el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, al anunciar su Plan de Activación del Ahorro y la Eficiencia Energética 2008-2011.

 

Según Sebastián, este plan costaría unos 245 millones de euros y estaría compuesto por un total de 31 medidas, entre ellas las de reducir un 20% los límites de velocidad en los accesos de las ciudades y vías de circunvalación dentro de unos tres meses.

 

Pero, por ahora, no parece que el Gobierno vaya a destinar una gran parte de ese presupuesto a poner en práctica medidas como las adoptadas por Israel o la de subvencionar que los aparcamientos privados dispongan de tomas de corriente para los ‘todo-eléctrico’.

 

El problema es que, si no se dispone de un garaje con enchufe, alimentar la batería se convierte en casi una misión imposible para los propietarios de coches eléctricos.

 

Adoptar esa medida, además, incentivaría la compra de vehículos eléctricos y animaría un mercado que también se ha visto afectado por la crisis, al mismo tiempo que supondría un estímulo para la industria y abarataría los precios de estos coches.

 

Israel, a por todas

 

Por su parte, Israel, ante el reto de reducir su dependencia del petróleo, ha decidido ir a por todas con la distribución por todo su territorio de esos 500.000 puntos de recarga y 150 estaciones de servicio para intercambio de baterías.

 

En este país se dan, eso sí, varias circunstancias que hacen posible su plan de potenciar esta fuente de energía renovable: alta tecnología, disponibilidad de energía solar (desierto del Neguev), un territorio pequeño, altos impuestos sobre los carburantes y automóviles, y la posibilidad de no depender de un recurso que proviene en gran medida de sus enemigos tradicionales.

 

En la cuestión de las baterías, éstas no serían propiedad del usuario, quien pagaría tan sólo una cuota por el servicio de intercambio y recarga, eliminando la necesidad de comprar este elemento tan costoso, lo que haría bajar el coste del vehículo a precios muy asequibles para todos los bolsillos.

 

El proyecto parece haber seducido también a Dinamarca, que al igual que Israel utilizaría coches de la marca Renaul-Nissan, con quien el gobierno israelita ya ha llegado a un acuerdo para empezar a producir coches eléctricos en masa, con una autonomía de hasta 150 Km., a partir de 2011.

 

Los responsables del plan pretenden que haya 100.000 puntos de recarga para finales de 2010 y reemplazar la totalidad del parque nacional de coches para el 2020.

 

Al mismo tiempo, se proyecta que la electricidad para la recarga o intercambio de las baterías sea el 100% de origen solar para el 2020, y se generaría en el desierto del Neguev a través de espejos concentradores de la luz solar sobre paneles fotovoltaicos.

 

Dinamarca se ha unido también al proyecto. En este caso juega a favor el elevado coste de los automóviles en este país, en torno a 40.000€ de promedio debido a la enorme cantidad de impuestos que gravan su compra, por lo que al gobierno le resultará fácil estimular la compra de coches eléctricos con una política impositiva adecuada.

Se estima que el precio del coche eléctrico sea sustancialmente inferior al de combustión interna. En el caso de Dinamarca la energía vendría del viento.

 

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