¿Cómo será la Iglesia del futuro?

Estimado amigo: Agradezco mucho su comentario. En tono y en contenido. Para no aburrirle, ni aburrir a los que puedan seguir esta polémica (por llama…

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Estimado amigo: Agradezco mucho su comentario. En tono y en contenido. Para no aburrirle, ni aburrir a los que puedan seguir esta polémica (por llamarla de algún modo), intentaré ser muy breve en mi comentario. 1) Coincido con usted en que contar con el magisterio de la Iglesia es una suerte. Le aseguro que leo con atención los documentos pastorales. Sólo si hacemos referencia a los de algunos obispos españoles y a algunos recientes del Papa, debo decir que me decepcionan bastante como creyente, porque hablan de una iglesia temerosa y encerrada en sí misma de la que desde luego me resito a formar parte. (Debo decirle que algunos obispos, de fidelidad reconocida e intachable a la Iglesia, han dicho ya públicamente esto mismo). Pero, salvo estos casos puntuales, encuentro enseñanzas y orientaciones muy lúcidas en la mayoría de estos documentos y, como miembro de la Iglesia los leo con atención y con el máximo respeto, para luego poder actuar en conciencia. Pues es a mi y no a mi obispo a quien va apedir cuentas mi conciencia. 2) No comparto con usted el temor a leer, con sentido crítico TODO. Los documentos pastorales y los escritos “sospechosos de heterodoxia”. Me resulta una bendición que el viejo Index Librorum Prohibitorum fuera abolido tiempo ha. Eso nos permite leer a Voltaire, a Montaigne y a Moratín, por ejemplo, con la necesaria libertad y disfrutar de su pensamiento y de su estilo. También nos permite leer a Santo Tomás de Aquino, que fue en su día cuestionado como teólogo por la Inquisición– fíjese,igual que hoy Jon sobrino– y luego fue asumido como uno de los pensadores católicos de mayor altura. No intento hacer comparaciones, sólo hacerle ver que la actitud de los pontífices ante ciertos problemas y concepciones está sujeta a cambios, a veces muy radicales. y 3) Creo en una Iglesia santa y pecadora. Coincidimos respecto a la indudable santidad de la Iglesia y la historia se ocupa de enseñarnos que también es pecadora. El primer papa, Pedro, negó tres veces a Cristo. Y la primera comunidad eclesial nos dice la Escritura que estaba encerrada en en cenáculo “por miedo a los judíos”. Visto así, es lógico que hoy también haya a veces temores y retrocesos, aunque no sea lo deseable precisamente. La Iglesia tiene debilidades y pecados, por estar formada por hombres y mujeres entusiastas (como usted y como yo), pero llenos de debilidades y errores. Visto con cierta perspectiva de futuro, esta cuestión que discutimos sobre una concepción teológica concreta de los siglos XX y XXI puede que carezca de la polémica que genera hoy. A mi me ayuda especialmente el pensamiento de Jon Sobrino, porque retoma y actualiza el capítulo 25 de Mateo y me hace creer en una constante encarnación, muerte y resurrección de Cristo en el mundo de hoy. Y eso sí que es un mensaje de esperanza. El que nos trajo Jesucristo, sin ir más lejos. Cordialmente J.V.

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