Companys, los socialistas y la Guerra Civil

Durante la transición democrática los políticos de casi todas las tendencias llegaron a la sabia decisión de «pasar página» con el asunto Guerra Civil…

Durante la transición democrática los políticos de casi todas las tendencias llegaron a la sabia decisión de «pasar página» con el asunto Guerra Civil. No resucitarla, vamos. Dejarla muerta y bien muerta. Olvidar el pasado, las afrentas, los odios e intentar perdonar y mirar hacia adelante.


No había más remedio si queríamos reconstruir una España en donde todos: rojos, verdes, azules o blancos tuvieran cabida. Creo que esos políticos –que deben pasar a las páginas de nuestra Historia con honor y reconocimiento– lo consiguieron no sin grandes esfuerzos de generosidad personal. Que pudieran compartir mesa el comunista Carrillo con el ex ministro Fraga, era todo un síntoma. El edificio político de la reconciliación nacional se ha mantenido firme durante muchos años.


Desgraciadamente, ahora, con los socialistas en el poder esa estructura ejemplar empieza a resentirse por los martillazos de unos insensatos que todavía no se han percatado de las consecuencias que pueda tener para la convivencia de los ciudadanos si esa construcción se resiente lo más mínimo. El último episodio ha sido el del homenaje de Estado a Companys, y los socialistas tienen la jeta de hablar de «acto de reconciliación».


Hombre, no, no nos tomen por gilipollas, por favor. Si quieren hacer un acto de exaltación del dirigente de ERC, adelante, pero encima no nos quieran vender la burra como si fuera un caballo.


Companys, para empezar, fue un mal demócrata. En 1934, con las derechas de la CEDA en el poder, legítimamente elegidas, el amigo Companys, pasándose por el forro la legalidad, se sumó a la sublevación armada dirigida por el PSOE y proclamó la independencia de Cataluña.


Salvador de Madariaga, historiador y ministro de la II República, escribiría años más tarde, ya en el exilio, que las izquierdas habían perdido toda legitimidad de condenar la sublevación de 1936 con el alzamiento en armas de 1934. Companys, además, no era una hermanita de la caridad. La alianza de su partido ERC con la CNT desató ya en 1936 una oleada de terror por toda Cataluña. Companys favoreció los fusilamientos, las torturas y los robos no sólo de sus enemigos políticos sino de otra muchísima gente por el sólo hecho de ser católicos, tener una fábrica o algo de patrimonio.

Companys fue fusilado en 1940 por las tropas de Franco. Era la post guerra y no hubo perdón.  Mala política para la reconstrucción de un país. El odio acumulado hacia Companys por miles de catalanes que lo culpaban de los asesinatos de sus familiares, los famosos «paseos» que se generalizaron por todo Cataluña y no por «incontrolados republicanos» como dice el bendito Maragall, sino como directriz perfectamente pensada por los mandamases del Frente Popular, pesó y mucho en la precipitada decisión de aplicar esa pena de muerte. En fin, Companys, fue fusilado en las mismas fosas del castillo de Motjuic en donde meses antes morían miles de catalanes fusilados por los llamados «rojos» sin que nuestro protagonista hiciera nada por frenar esos asesinatos en masa.
 
¿Qué quiero decir con esto? Pues que hay que olvidar y perdonar. Si es por afrentas, no creo que ninguna familia española se salve del horrible recuerdo de tener «caídos» en la Guerra Civil. También en la mía y muchos. Pero si queremos tener la fiesta en paz, perdonemos a nuestros enemigos, miremos hacia adelante y recuperemos el talante de la transición. Arrojándonos  a la cara homenajes por los «caídos» de uno y otro bando no cerraremos heridas. Es más, las abriremos sin remisión. Dejemos a los muertos en paz y viviremos nosotros en paz.

 

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