Comunión y generación

En su reciente visita ad limina al Vaticano, el Papa ha recordado al Episcopado de Puerto Rico – según leo en ZENIT- estas palabras a prop&oacu…

En su reciente visita ad limina al Vaticano, el Papa ha recordado al Episcopado de Puerto Rico – según leo en ZENIT- estas palabras a propósito del Matrimonio. Tanto las del título como las del subtítulo. Del amor de pareja en comunión, en matrimonio y como sacramento trataron sus audiencias generales anteriores a todos los fieles de los días 22 de abril, 29 de abril y 6 de mayo, según recoge la revista PALABRA. ¡Qué forma tan bella y sucinta para definir qué es el Matrimonio!

Al matrimonio también le es de aplicación, aun cuando no sea Matrimonio. Pues para acceder a ese Sacramento debe abrazarse previamente la Fe mediante el Bautismo. Hay personas, buenas personas, que no son cristianas. El matrimonio difiere del Matrimonio por carencia de sacralidad. Justo por esto el Matrimonio tiene el carácter de indisoluble. El sí quiero no es exactamente el mismo. En el mero caso de tipo civil puede deshacerse actualmente. El divorcio suele estar contemplado en las legislaciones de los estados. Tantas veces como se quiera de modo legal, incluso con decisión de parte sin concurrencia de la otra. Me consta que es así en España en la actualidad. He comprobado recientemente en relación familiar cristiana próxima que el divorcio no precisa consenso divorciante. Una de las partes puede instar el ya no te quiero jurídico en la relación conyugal.

Habitualmente, al cabo de un tiempo de la separación física de la pareja, en muchos casos separación civilizada no agresiva denominada amistosa, aparece alguien y entonces basta con una instancia divorciante de parte. En caso de Matrimonio el vínculo es una promesa de amor irrevocable. Si éste existe, las instancias divorciantes jamás podrán con el Matrimonio existente. Pues como señala la canción “solamente una vez amé la vida con la dulce y total renunciación” (*) https://www.youtube.com/watch?v=96NzAzGIWoI Es revocable sólo si es inexistente, aunque parezca que sí fue existente. Todo matrimonio acordado por las familias, incluso bendecido, pero de espaldas al libre sí quiero de los cónyuges, es nulo. Lo es aunque se revista de Matrimonio.

Antaño era un caso muy típico el Matrimonio en caso de penalti. Pues el hecho hería sensibilidades pías de corte farisaico. ¿Antaño sólo? A pesar del embarazo no previsto por un querer anticipado, el hombre y la mujer no siempre están preparados para ser esposos de por vida. Si afrontan el reto de ser padres, debería disociarse esto de sus promesas matrimoniales. Muchas veces, con terapia pastoral adecuada, acabarán por contraer Matrimonio. Si Dios lo quiere así. No debe confundirse el querer divino con el querer farisaico humano en determinadas ortodoxias de militancia. El único querer a tener en cuenta es el de la pareja hombre-mujer enamorados.

También hay nulidad o puede haberla si, junto con la presupuesta comunión amorosa manifestada en el festejo social, no se materializa acto seguido una sexualidad conyugal plena abierta a la transmisión generativa de la vida humana. Por ejemplo un caso de impotencia (conocido o no de antemano) no solo invalida el acto civil, sino que es uno de los 12 supuestos contemplados en el Derecho Canónico para decretar una nulidad ipso facto. La impotencia no se supone. Se certifica. No ser padre o madre en tiempo presente no significa ser impotente en sexualidad.

Otra cosa es la pretensión de anulación de un Matrimonio para proceder acto seguido a la celebración de otro Matrimonio. No siempre la iniciativa parte del esposo. Depende. Los procedimientos canónicos deberían centrarse solo en lo primero. Ya lo hacen. Pero claro entonces los picapleitos no tendrían trabajo. Este va parejo con la aparición en escena de nuevo novio o nueva novia sin remordimientos de adulterio. Hay doce casos o supuestos de nulidad canónica. Si se habla de tantos casos de nulidades, es inevitable suponer aquello de que hecha la ley hecha la trampa que pagant Sant Pere canta! Yo prefiero suponer la inconsciencia contrayente en la sacralidad de la promesa. Prefiero suponer el noviazgo deficiente previo. Prefiero suponer la ausencia de formación doctrinal en los contrayentes. Prefiero suponer que los jueces eclesiásticos actúan siempre con principios y no se dejan sobornar. Prefiero suponer que las bondades incautas del clero son inocentes aunque no se enteren de la película.

Y puestos a suponer espero que llegue el día que el Matrimonio se celebre una vez celebrado el matrimonio ante su señoría el juez. Por su preparación jurídica los jueces pueden apreciar cosas que en las sacristías de los templos los curas y diáconos no siempre ven. Pueden apreciar cosas que seguro ya no saldrían después en procedimientos canónicos de nulidad. Por ejemplo no se darían las inscripciones deficientes en los libros de registro parroquiales. De ser así el procedimiento – primero su señoría el juez y luego la ceremonia religiosa- tal vez no habrían tantos Matrimonios. Muchas parejas mixtas enamoradas no darían el paso doble. En algunos Estados es preceptivo hacerlo. Ahora bien los Matrimonios no acabarían en divorcios. Éstos últimos quedarían reservados para los matrimonios. Se acercarían al Matrimonio solo quienes profesaran la Fe en la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo con un matrimonio civil previo en regla.

El Matrimonio es la unión de derecho eclesial y civil entre un mismo hombre y una misma mujer que son una real pareja de hecho ante Dios y ante los hombres. Ninguno de los dos es perfecto, ni tan siquiera “santito” de estampa, por más devotos que sean. Si son muy devotos están más cerca de la perfección y, por tanto, de un decreto de virtudes heroicas una vez fallecidos. A la santidad se accede personalmente, pero se merece también en el ámbito de la relación matrimonial. Me congratula mucho que hombres y mujeres que no son ni frailes, ni monjas, ni sacerdotes, ni religiosos, ni obispos, también lleguen a eso de la “corona” y sean estampables con estado civil “casado”. Por ejemplo el patrón de Madrid San Isidro Labrador.

La comunión de pareja dura toda la vida mortal. A esa comunión en tiempo vital fértil, se la une la actitud generativa en tiempo reproductivo, dejándole a Nuestro Señor Jesucristo su intervención, pues la última palabra en fecundidad la tiene El. El tema no cambia por elucubraciones teológicas. El ser humano, sea varón o mujer, viene al mundo por la comunión de un esposo y una esposa que se quieren. A veces no, pues es fruto de una violación. En estos casos el Derecho Canónico no se opone a un lavado vaginal inmediato. ¿Sabían Vds. esto? Yo sí y mucho antes de tener novia.

El hombre y la mujer, porque se aman, se entregan el uno al otro en exclusiva en alma y en cuerpo. El fruto de sus dádivas recibe el nombre de generación de hijos e hijas de Dios. Pensarán Vds. que esto ya se sabe. Yo creo que no lo suficiente. Pues no oigo este sermón habitualmente. No oigo predicar del sexo en cristiano y del compromiso enamorado entre un hombre y una mujer. Menos todavía de la generación de los propios hijos sin cálculos sexuales posibilistas. No oigo condenas pastorales en esto. Los hijos- en cristiano- no se eligen sexualmente a la carta. Tampoco oigo predicar sobre la abstinencia sexual, como sacrificio altruista de un goce legítimo, cuando esta abstinencia es conveniente. Los sermones parecen hechos a la medida de señoritas sin vocación de monjas que no triunfaron en amores. Y por supuesto sin la más mínima referencia al matrimonio australiano John y Evelyn Billings y a su gran aportación científica en materia sexual.

A veces pienso que debería ser yo quien predicase en los templos homilías sobre la Humanae Vitae; en los locales parroquiales, formación para jóvenes en sexualidad. Serían catequesis para ellos, para novios enamorados, para recién casados, para casados con hijos o sin ellos, para casados que llevan años juntos. Serían catequesis para hablarles con propiedad y conocimiento de causa en qué consiste una promesa de amor poniendo a Dios por testigo. El ministro consagrado es el testigo cualificado que da fe a modo de juez en nombre de la Iglesia de la promesa efectuada. En términos canónicos y también civiles eso recibe el nombre de matrimonio rato. El ministro consagrado actúa como un juez. No forma parte del Matrimonio pero levanta acta de él. En España tiene plenos efectos civiles.

El ministro consagrado ni ha sido ni será nunca Ministro del Sacramento del Matrimonio. La expresión vox populi de que los curas casan es totalmente impropia. Los Ministros son dos. Reciben los nombres de Hombre y Mujer. También son los Sujetos receptores del mismo. Reciben los nombres de Mujer y Hombre. Por consiguiente sólo ellos dos pueden dar fe de la consumación de este matrimonio rato. Una vez consumado en la cama, entonces podemos afirmar que hay Sacramento del Matrimonio. El sí quiero es la expresión de su Forma. La donación mutua de los cuerpos es la Materia de este Sacramento. Donación que en su dimensión teleológica (finalidad) debe estar siempre abierta a la transmisión de la vida humana. Siempre es un si te quiero abierto a ser papás y mamás.

Con tanta barra libre de abortos y alcaldesas que reivindican el orgullo gay, es conveniente recordar eso. Quien se ha creído quién es esa señora de Madrid para ignorar, en vil comparación orgullosa, a San Isidro Labrador. ¿Es muy distinto su proceder al de aquellas mujeres que proceden a la ligadura de sus trompas? ¿Y al de aquellos hombres que proceden a sus vasectomías? Tal vez se trate de un proceder femenino que trata de proyectar en sociedad y desde el poder un frustre personal en amoríos. En esos casos vale la pena acudir al refranero para entender. Por ejemplo: Piensa el ladrón que todos son de su condición. Aunque yo prefiero este otro: Obras son amores y no buenas razones.

En eso de tener hijos y ser padre creo que puedo hablar. No ya por mi formación catequética desde muy joven, sino por mi experiencia sexual de vida. Lo más duro no han sido las dificultades normales y corrientes de la vida. Tampoco el ir a contracorriente mundana. Lo más duro es no escuchar jamás homilías sobre el tema centradas en la Carta Magna de la sexualidad, la encíclica Humanae Vitae. Homilías en los templos. Aparte cursillos formativos para novios, parejas de hecho y matrimonios. El Pueblo de Dios tiene derecho a ser informado en el templo acerca de lo que está y no está bien en los 10 Mandamientos. El sexto y el noveno pienso que son prioritarios. Es prioritario que el Episcopado sepa a través de papás y mamás comprometidos en qué consiste la castidad conyugal, cuando toca y cuando no toca. Obviamente ellos, como pastores que son del rebaño, sermonean mejor que yo. Si Vds. se posicionan en mi nombre en color azul podrán leer lo primero que me publicó Forum Libertas. Hasta la fecha en homilía abierta dominical no he atendido predicaciones en esta línea. Luego no es de extrañar que en España se pase de la familia numerosa generalizada al país del mundo con la tasa de natalidad más baja.

(*) Creo que Agustín Lara, para inspirarse en este tema, tuvo en cuenta la opción por el sacerdocio en la persona de un amigo.

PD. Igual no queda claro lo que trato de decirles. Con una canción del Ferrusquilla queda más claro. Era un tema de una película. Podría ponerles un link con Maria Dolores. Es más justo hacerlo con un ya mayor Vicente Fernández cantando en directo ante un público joven.

https://www.youtube.com/watch?v=Byeu5C9FS6s

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