Con el Papa, siempre, empujando hacia donde él marque

Cuando el Papa Francisco se acerca al año de su pontificado atravesamos un momento excepcionalmente dulce desde el punto de vista del reconocim…

Cuando el Papa Francisco se acerca al año de su pontificado atravesamos un momento excepcionalmente dulce desde el punto de vista del reconocimiento social al Papa. Una gran parte de la población y la práctica totalidad de la opinión publicada trata de maravilla al Papa, lo que contrasta en extremo con lo ocurrido con todos los papas anteriores.

A Benedicto XVI lo crucificaron desde el momento en que llegó al pontificado, y a lo largo de sus ocho años al frente de la Iglesia fue objeto de gran y continua hostilidad. No dejaron tampoco tranquilo a Juan Pablo II, y podría decirse lo mismo de los anteriores. Todo se ha transformado, sin embargo, en guante de seda y alabanzas sin límite para el Papa Francisco. Lo constatamos cada día al leer la prensa, oír la radio o la televisión en España, pero ocurre lo mismo a nivel internacional. Hemos leído u oído referencias laudatorias desde los más diversos ámbitos, incluidos no pocos que siempre se han mostrado hostiles a la Iglesia y a todo lo cristiano. Sin que falten los tópicos de contraponerlo a su antecesor, considerándolo “liberal” frente al anterior “conservador”, entre otras cosas. A menudo con gran desconocimiento.

Como publicó hace unos días en la misma Forum Libertas Jorge Enrique Múgica, recientemente la revista “Rolling Stone Magazine”, una de las más importantes publicaciones musicales del mundo, le dedicaba su portada y un amplísimo reportaje cuajado de grandes alabanzas. El documento lleva por título “Pope Francis: The Times They Are A-Changing” (Papa Francisco: Los tiempos están cambiando). La revista lo aprovecha para enlazarlo con la música, porque éste es también el título de una popular canción de Bob Dylan. Pero hay otra parte del título, “Inside the Pope’s gentle revolution” (En el interior de la suave revolución del Papa). La revista destaca la humanidad de Francisco como “positivamente revolucionaria”, dice que tiene una voz suave “que desarma” y que su magisterio es de “recordatorio amistoso”.

Nos sentimos encantados de que dediquen tales elogios al Papa Francisco, porque reconocemos que es cierto, y además le queremos. El nuevo Papa ha introducido cambios muy importantes en las formas, en los temas en que incide y en el acento que pone en cada uno, y, en general, en el talante para la relación con las personas. Su lenguaje es próximo al del hombre de la calle, quiere dar apertura y transparencia a las instituciones de la Iglesia, nos llama a acercarnos más a las “periferias” para mostrar más y mejor los valores cristianos en el mundo social, político y económico, y no sólo en el que puede considerarse intereclesial, sin compromiso en los cambios en la sociedad.

Pero también hay que decirlo: el Papa Francisco no ha cambiado ni cambiará la doctrina.

La figura del Papa gusta. Es estupendo que así sea y motivo de alegría para nosotros, porque puede ayudar al retorno y acercamiento a Cristo y a la Iglesia a mucha gente, tanto de quienes se han alejado como de otros que nunca han sido cristianos.

Tampoco hemos de caer, sin embargo, en la ingenuidad ni el triunfalismo. La opinión pública es cambiante. Más aún, no son pocos los que pretenden dirigirla en un sentido u otro. No es nada seguro que tal maravillosa consideración de la opinión publicada sobre Francisco se mantenga siempre. Entre otras cosas porque el Papa da un vuelco a las formas y facilita la relación con las personas y con quienes están fuera de la Iglesia, pero como decía antes, no cambiará la doctrina.

Situémonos en un tema de máxima actualidad y virulencia en la calle y en la mayoría de medios de comunicación. El del aborto. Ya vemos en estos tiempos la enorme presión cara a “más aborto”, con el enorme desprecio a la vida del no nacido. En España ante una nueva ley que sin eliminar la posibilidad de abortar la hace más restrictiva, pero con el apoyo de sectores abortistas de diversos países de Europa. Algo que sabemos que es un atentado enorme contra la persona y, vale la pena recordarlo, el Concilio Vaticano II califica de “crimen abominable”. Algunos de los nuevos “amigos” del Papa, de los que tanto le alaban, están entre los abortistas acérrimos y en su acción está incluida la agresión y el insulto a cuanto signifique la Iglesia.

Cierto que el Papa actual hasta ahora ha hablado menos del aborto (sibilinamente denominado Interrupción Voluntaria del Embarazo) que su antecesor, pero la doctrina, los principios, son los mismos, y así lo ha expresado ya Francisco en varias ocasiones. El aborto no es un asunto exclusivamente religioso, pero la doctrina es también clara en la Iglesia. Por ello no tendría nada de extraño que dentro de un tiempo muchos de los que hoy le ensalzan le conviertan en blanco de hostilidad. Ojalá me equivocara y muchas personas se acercaran a Cristo y a la Iglesia cambiando su actitud a raíz de las palabras y gestos del Papa Francisco, pero no niego que me pone la piel de gallina ver las alabanzas al Papa en revistas del mundo gay claramente identificadas con el homosexualismo político, de algunos medios de comunicación sistemática y cáusticamente anticatólicos, en políticos o personas del campo social que conocemos hasta qué punto han sido hostiles a lo cristiano, o, simplemente, han intentado destruir lo que un cristiano puede entender como una familia fundada sobre el matrimonio. De algunos de ellos tenemos experiencias directas.

Nosotros queremos al Papa. El que sea. Él marca la ruta a seguir y nosotros empujamos en la dirección que indique. Amamos a Francisco, pero también lo hicimos con Benedicto XVI, Juan Pablo II, Paulo VI, etc. Y a los que vengan si aún vivimos. Más allá de coyunturas, de que nos guste mucho o poco personalmente o nos parezca más o menos simpático o inteligente. Porque en él vemos a alguien más que a una persona, mucho más que a un líder, por muchas virtudes que tenga.

Porque creemos en el Espíritu Santo, que actúa en la Iglesia, y a quien seguimos es a Cristo.

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