Con franqueza: nuestra Iglesia debe mejorar la clase de religión

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Forum Libertas

Con franqueza: creo que nuestra Iglesia debe mejorar la forma en cómo enfoca algunos aspectos relacionados con la información, que sin ser centrales son importantes. Concretamente, me estoy refiriendo a los datos sobre la enseñanza de cultura católica confesional en al escuela. Cada año, la Conferencia Episcopal proporciona una información agregada para el conjunto de España sobre los alumnos que cursan la clase de Religión. Hace pocos días fueron hechos públicos los correspondientes al curso 2010-2011. El problema empieza cuando se busca profundizar sobre ellos a efectos de conocer mejor la realidad.

La primera consideración es que estos datos, por parte de la Iglesia, no son públicos más allá de las cifras agregadas, con lo cual es imposible conocer cómo se distribuyen por comunidades autónomas, y mucho menos construir series sólidas sobre su evolución. Si uno desea esta información, como es el caso de ForumLibertas, los servicios de la Conferencia Episcopal remiten a las distintas diócesis, porque consideran que ellos no están autorizados a hacerlos públicos.

Detengámonos un momento aquí. He de decir con toda claridad que no me parece razonable que unos datos de esta naturaleza, que son de intrínseco carácter público, no puedan darse a conocer. Y es que la Conferencia Episcopal no puede presentar ningún resultado agregado para España si no dispone de los resultados de cada una de las diócesis, o en su caso de las comunidades autónomas. Asimismo, es necesario subrayar que la enseñaza, y por consiguiente sus estadísticas en origen, es una competencia traspasada, y que también el Ministerio de Educación depende de las informaciones de los ámbitos regionales.

Intentar reconstruir la situación de la enseñanza de clase de Religión en España a partir de la consulta a todas y cada una de las diócesis resulta una tarea extraordinaria dado su número y, por otra parte, extraña porque el primero que la haga podrá irrogarse el derecho a presentar unos datos y a razonar con ellos, sin que ninguna fuente oficial de la Iglesia pueda contradecirle, porque no hay un lugar central donde formalmente estén codificados y sean de libre acceso. En tiempos donde la información y la comunicación es el caballo de batalla, actuar de esta manera se antoja poco prudente. Es como si estuviera vivo el viejo reflejo, que tantos disgustos nos ha proporcionado, de que “mejor no se sepa”. La regla es otra, quien controla las fuentes de información y su interpretación controla el mensaje.

Y la Iglesia ni siquiera lo controla. He tenido ocasión de solicitar datos de algunas diócesis y, en determinados casos, no hace falta decir nombres, me he encontrado con la sorpresa de que la respuesta es: “quien dispone de estos datos es la Consejería de Educación”. O sea, que es la autoridad secular quien puede hablar con propiedad de cómo anda la clase de Religión. No vamos bien. Ahí hay todo un flanco débil que permite muchos y variados destrozos, que van a que la interpretación la hagan otros -y siempre será peor que la nuestra-, a desconocer la realidad, y a vivir sobre una ficción.

La clase de Religión, sobre todo en lo que se refiere a la escuela pública, es una baza de una importancia extraordinaria para la Iglesia en una sociedad cada vez más secularizada y apartada no ya del sentido sino incluso de la cultura religiosa. Esto es una evidencia.

Por otra parte, una buena gestión requiere, evidentemente con otros muchos requisitos, la disponibilidad de datos continuados y bien elaborados, porque estos son imprescindibles para un determinado tipo de interpretación. Sería bueno que el conjunto de la Iglesia española elaborara un sistema estadístico propio, que permitiera corregir estas deficiencias y al tiempo eliminar la sombra de que a veces es preferible que no exista un conocimiento objetivo de la realidad. Esto, más un replanteamiento atractivo de la clase, junto con un marcaje preciso del cumplimiento de la normativa para luchar contra el boicot ilegal de algunos centros. La incultura religiosa es brutal y reconocida, es un problema y, por tanto, una gran oportunidad para ofrecer clase de cultura religiosa confesional apta también para quienes no se sienten miembros de la Iglesia.

La clase de religión, desde la perspectiva de la nueva evangelización, es un elemento tan decisivo que podría requerir el diseño de una instancia autónoma que concentrara la gestión de los datos, el cumplimiento y aplicación de la ley, el soporte de los profesores, y el diseño y desarrollo de formas atractivas y materiales adecuados para enfocar la clase de religión.

La atribución que le es propia a cada obispo no debería ser un inconveniente para aunar esfuerzos bajo el impulso de la comunión de la que todos participamos intensamente por la gracia del Espíritu Santo. Sería lógico que existieran dos ámbitos de comunión en la tarea común: el del conjunto de las diócesis que forman parte de una comunidad autónoma, donde reside la competencia de educación componente en esta materia; y a escala de la CEE, para los planteamientos más adecuados a esta escala. Guiados por los principios de subsidiariedad y bien común, que son fundamento del magisterio social de la iglesia, las cuestiones organizativas podrían quedar bien resultas.

En cualquier caso toda respuesta que mejore la situación actual es necesaria y urgente.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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