Conchita, un producto de diseño (perverso)

Quienes hayan estado al día de las noticias de estos últimos días ya saben que el premio de ganador del festival de Eurovisi&oacu…

Quienes hayan estado al día de las noticias de estos últimos días ya saben que el premio de ganador del festival de Eurovisión ha recaído sobre Conchita Wurst.

El acontecimiento ha suscitado todo tipo de comentarios, más que justificados por las circunstancias que concurren en el caso. Yo por mi parte también deseo compartir los míos contigo, querido lector. Avanzo que me ha molestado, me he sentido ofendido y me ha herido. Tres son los motivos, intentaré exponerlos por orden.

El primero está en la confusión que produce el no saber bien quién ha triunfado en el festival. Sí, ya sé que ha sido Austria con la canción de Conchita, pero la cuestión está en si sabemos quién es Conchita; más aún, no acabo de tener claro si Conchita es alguien y todavía me queda la sospecha de que ni siquiera lo sepa el/la propio/a protagonista. Porque resulta que Conchita no es Conchita, Conchita es Thomas Neuwirth. O sea que Conchita no pasa de ser un nombre. Si es solo un nombre, entonces no es alguien sino algo, en este caso un producto de diseño, un producto de diseño calculado, estudiado y perfectamente ejecutado.

Conchita es una creación de la ingeniería social al uso dominada por la ideología de género, que no desaprovecha la ocasión para imponerse a toda costa. En España no debería extrañarnos porque nos tocó sufrir el papel de haber sido escogidos como país-laboratorio para innovar experiencias de esta ideología. Y ahora nos está tocando cargar con las consecuencias.

Conchita es nombre de mujer pero Conchita no es una mujer ni tampoco es un varón. Se nos dice que la persona real es un varón homosexual que se llama Thomas, pero esto, lejos de servir para poner claridad, lo que hace es aumentar la confusión porque un varón homosexual es un varón y en este caso lo que se ha pretendido no es hacernos llegar la imagen de un homosexual sino de un andrógino, que no es lo mismo. Thomas se ha prestado a esconder su identidad en Conchita. Thomas se ha prestado a no ser Thomas, sino un ser irreal, alguien que se nos muestra a toda Europa como mujer sin ser mujer, con cuerpo marcadamente femenino y rostro barbado. Se acentúa expresamente y al mismo tiempo la feminidad y la masculinidad de Conchita.

Tengo gran aprecio por el teatro, me gusta y no me he hecho jamás problema porque la persona del actor se meta en el papel del personaje. Eso es lo que procede y me parece tanto mejor actor cuanto mejor re-presente su papel. Pero esto es otra cosa, esto de Eurovisión no cuadra con el nobilísimo arte del teatro, esto es una farsa en el peor sentido del término. En el buen teatro hay una diferenciación nítida entre persona y personaje y no hay creación sino representación, recreación. Aquí en cambio es justamente lo contrario, no hay recreación de lo real sino creación de la irrealidad. A mí, que soy amante del realismo en cualquiera de sus facetas, me molesta toda patraña y sobremanera esta patraña antropológica.

En segundo lugar quiero fijarme en el nombre elegido para el protagonista: “Conchita”. Hasta donde yo sé Conchita es un nombre extraño a la lengua alemana que es la que se habla en Austria. Conchita es un precioso nombre español de mujer. Concha, Conchi y Conchita son los apelativos cariñosos del españolísimo Concepción, nombre que viene de uno de los privilegios singulares de la Virgen María, la Inmaculada Concepción del Hijo de Dios en su seno virginal. ¿Por qué se ha escogido Conchita? ¿Alguien podrá pensar que hay casualidad o azar en el nombre de un producto de diseño que se va a presentar a toda Europa, y desde Europa a todo el mundo? Sean los que sean los motivos para la elección de este nombre -que yo me malicio algunos- me molesta que hayan escogido “Conchita” para este engendro de los ideólogos de la teoría de género. Me molesta en cuanto católico y me molesta en cuanto español. La Inmaculada Concepción es la patrona de España desde Carlos III y yo soy español y católico y me asiste todo derecho del mundo a sentirme ofendido porque el nombre de mi patrona en mi lengua sea usado para fines perversos.

En tercer lugar está la herida. Me ha herido el hecho de que Conchita es un invento pero Thomas no. Thomas es persona humana y cualquier persona humana para mí es alguien como yo, y en cierto sentido mi otro yo. Comparto con el comediógrafo Terencio la idea de que “nada de lo humano me es ajeno”. Con Conchita se puede jugar, con Thomas no. Quiera o no quiera el interesado, Thomas es el sujeto agente de este dislate y le tocará ser -por necesidad- sujeto paciente durante toda su vida. Thomas es de carne y hueso, tiene un alma inmortal y un corazón destinado a una vida feliz. Pero el camino para esa meta no es que Thomas se disuelva en Conchita, que no podrá por más pecho que saque y más barba que luzca. El camino para Thomas, para mí que escribo esto y para ti, lector, no pasa por frivolizar con la identidad personal sino para afianzarnos en ella perfeccionándola hasta que nuestro ser coincida con nuestro nombre. Somos -Thomas, tú, yo y todo nacido de mujer- imagen de Dios y Dios es su nombre. Dios se define a sí mismo como “yo-soy” y nosotros que somos imagen suya solo llegaremos a la perfección a la que estamos destinados si hacemos que nuestro nombre y nuestro ser se identifiquen lo más posible. “Llega a ser el que eres”, decía Píndaro, pero “el-que-eres” de verdad, el que Dios, tu Padre, ha dispuesto que seas, no el que otros, con fines inconfesables, se empeñen en confeccionar contigo. “El-que-eres” es el que tu Creador, con mayúscula, ha dispuesto desde toda la eternidad que seas, no en el que tu fabricante haciéndose dios, con minúscula, quiere hacer de ti tratándote como un producto de laboratorio, como algo, en vez de como alguien.

Ahora solo me queda decir una palabra sobre el paréntesis (perverso) del título. ¿Por qué lo he calificado como perverso? Por la fuerza de su mimetismo que preveo. Yo me barrunto que el fenómeno “Conchita” no se va a acabar con el festival de 2014. Me temo que habrá nuevas Conchitas porque a esta se le ha regalado un éxito muy goloso y muy rutilante. Y el éxito tiene muchos pretendientes. El éxito es muy seductor y siempre habrá un sinfín de candidatos deseosos de ser seducidos.

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