Condenado en California un ex militar salvadoreño por el asesinato de Óscar Romero

Un tribunal civil de California (Estados Unidos) acaba de declarar a Álvaro Rafael Saravia, un ex capitán de las fuerzas armadas salvadoreñas, culpabl…

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Un tribunal civil de California (Estados Unidos) acaba de declarar a Álvaro Rafael Saravia, un ex capitán de las fuerzas armadas salvadoreñas, culpable por el asesinato del arzobispo Óscar Romero. El juez federal de la ciudad de Fresno Oliver Wagner considera convincentes las pruebas que se presentaron en su momento contra el acusado, quien había sido, además de mando de la aviación de El Salvador, el brazo derecho de Roberto D’Aubuisson, el difunto jefe de los grupos conocidos como “los escuadrones de la muerte” dentro del período de terror que se vivió en el país centroamericano, con numerosos asesinatos a sacerdotes, religiosos y laicos, entre los años 70 y 1992.

El magistrado, que define el asesinato de Monseñor Romero como un “crimen contra la humanidad”, condena al ex militar salvadoreño a pagar 10 millones de dólares, de los que 2,5 millones serán una indemnización para un pariente del prelado que prefiere mantenerse en el anonimato por seguridad. A petición suya y gracias a una ley estadounidense del siglo XVIII, el proceso para juzgar al acusado fue puesto en marcha por el Center for Justice and Accountability (Centro para la Justicia y la Legalidad) de San Francisco, una asociación defensora de la tutela de los derechos humanos. La declaración de diferentes testimonios, sobre todo las de Amado Antonio Garay (chófer del acusado) y el ex embajador Robert White, junto con la aportación de documentos desclasificados por el Gobierno de Estados Unidos, han sido elementos decisivos para que la justicia californiana haya sentenciado la participación de Saravia en el asesinato.

Según datos recientes recogidos por la agencia MISNA (www.misna.org), el condenado Álvaro Rafael Saravia, que huyó a Estados Unidos tras el asesinato de Romero, vivía hasta hace muy poco con su mujer y sus dos hijos en la ciudad californiana de Modesto, aunque últimamente se le había perdido la pista. Matthew Eisenbrand, el abogado del Center for Justice and Accountability que presentó la denuncia, destaca que la sentencia, además de tener un fuerte valor simbólico, sirve para dotar a la Oficina de Inmigración estadounidense de base legal para expulsar a Saravia del país. Además, según el propio letrado, el veredicto permite que Estados Unidos “deje de ser un refugio seguro para los responsables de estos crímenes horrendos”.

Amenazado por ser la “voz de los sin voz”

Óscar Romero, que era arzobispo de San Salvador desde febrero de 1977, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 (en 2005 se cumplirán 25 años) mientras celebraba Misa en la capital, en un crimen atribuido desde el principio a grupos de extrema derecha. El prelado, en proceso de beatificación desde 1994, se convirtió en “voz de los sin voz” (es decir, de los más débiles) especialmente en los últimos años de su vida, que coincidieron con el período en que empezaba a crecer el clima social de violencia. Como pastor de una Iglesia que sólo cree en el amor y rechaza cualquier interés político, Romero tuvo enseguida problemas con las autoridades civiles salvadoreñas. Sin miedo, llamaba a los “asesinos” por su nombre, aunque fuesen cargos gubernamentales, pero también denunciaba las entonces nacientes organizaciones politicomilitares de izquierda que proponían la revolución comunista como solución a los problemas de la sociedad. Y mientras tanto, la prensa iba publicando material en el que se insultaba, se calumniaba y se amenazaba al arzobispo.

Al ser nombrado obispo auxiliar de San Salvador en abril de 1970, Óscar Romero ya proclamó públicamente el lema de su vida: “Sentir con la Iglesia”. Esta frase, de alguna manera, explica por qué el arzobispo es ahora admirado por todas las sensibilidades eclesiales, desde sectores próximos a la Teología de la Liberación hasta los más tradicionales. Su espíritu cristiano de comunión y su apuesta por la paz se reflejaron claramente en esta otra reflexión suya, pronunciada a finales de 1979 cuando ya reconocía que temía por su vida. “Iglesia y patria no deberían ser dos entidades antagónicas, sino complementarias, pero a base de inspirarse ambas en el único Rey y Pastor: Cristo nuestro Señor”, afirmó. También fue famosa la frase que pronunció en su última homilía, el 23 de marzo de 1980: “Ante una orden de matar que dé un hombre, tiene que prevalecer la Ley de Dios, que dice que no se puede matar. No hay ningún soldado que esté obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios”.

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