Contra los obispos en España y contra la Iglesia en Cataluña

Después de la inusitada reacción del gobierno contra la Iglesia, que en algunos aspectos todavía continua, -véanse sino las recientes declaraciones de…

Forum Libertas

Después de la inusitada reacción del gobierno contra la Iglesia, que en algunos aspectos todavía continua, -véanse sino las recientes declaraciones del ministro Caldera- se ha abierto una nueva línea política por parte de los socialistas más orientada a presentar una iglesia fraccionada donde los obispos prácticamente solo se representarían a sí mismos.
 
Este discurso introduce formalmente elementos de moderación pero entraña evidentemente un riesgo para la opinión pública al que algunos sacerdotes y sobre todo algunos miembros de congregaciones religiosas con responsabilidades, contribuyen a acentuar. En cualquier caso sería la práctica del “entrismo” en la Iglesia, que es algo habitual en todas las tentaciones totalitarias.
Con todo, el clima tendería a no estar tan crispado, al menos en teoría, porque en la práctica a los improperios formulados directamente por políticos le suceden los formulados por periodistas y comentaristas que dicen cosas literalmente ofensivas.
 
No deja de ser una paradoja que quienes defienden la tolerancia formalmente sean tan agresivos, verbalmente violentos, incitadores del odio, mientras que los teóricamente intolerantes acuden siempre a la moderación y al respeto.
En este contexto es necesario resaltar la extraordinaria contradicción que se da en Cataluña entre las palabras del presidente Montilla, que se presenta como un intercesor en el conflicto entre el PSOE y los Obispos, y las normas jurídicas que promueve.
 
Ahora mismo, en el Parlamento catalán, están debatiendo la conocida Ley de Centros de Cultos y Lugares Religiosos que va a significar una restricción de la libertad religiosa al introducir por vía administrativa una licencia específica para dicha actividad.
 
Carod, el promotor de la ley, la razona en términos tan pintorescos como: “para velar por las condiciones adecuadas de seguridad, higiene y dignidad de los locales”. Hay que agradecerle al dirigente de ERC, esta preocupación para dignificar los templos y velar por su higiene y seguridad, aunque no hay noticia histórica, al menos desde la edad media, de grandes problemas en este sentido en los centros católicos.
 
Pero si el gobierno se quiere ocupar de estas materias –y legalmente no puede hacerlo- también debería aplicar el mismo rasero a otros centros que reúnen a las personas ¿por qué ha de existir una licencia específica para centros de culto que vele por aquellas cuestiones y no para, por ejemplo, los locales de los partidos políticos, donde también se reúne gente en abundancia?
 
¿Por que, pongamos por caso, Carod no se preocupa por la seguridad, higiene, y dignidad, de los locales de ERC y sí por los de la Iglesia? Es obviamente un despropósito. Como lo es que se pretenda suprimir la religión libremente elegida de los dos cursos de bachillerato.
En realidad, estas actuaciones del gobierno son mucho más lesivos para la Iglesia y sus derechos que no unos insultos, que pueden ser perfectamente perdonados. Estas actuaciones significan el control político de los centros de culto, por una parte, y de la formación religiosa de los alumnos, por otra, en el caso aludido del Bachillerato.
Montilla no puede pretender que sus palabras oculten la agresión que se está aplicando a la Iglesia en Cataluña.

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