Contundente pedido de la Santa Sede a Naciones Unidas para acabar con la trata

Monseñor Bernardito Auza pronunció un discurso dedicado a la eliminación del tráfico de niños y jóvenes y pidió medidas concretas para eliminar “ese cáncer social”

Monseñor Bernardito Auza, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas pronunció, el pasado 13 de julio, en esa sede, un discurso dedicado a la eliminación del tráfico de niños y jóvenes y pidió medidas concretas para eliminar “ese cáncer social” en el contexto del debate en curso en la asamblea sobre ese tema.

“La Santa Sede habló muchas veces del horror de la trata de personas, el trabajo forzoso y todas las formas de esclavitud moderna”, dijo el prelado, evidenciando también cómo a través de institutos católicos religiosos, de programas nacionales y diocesanos, y de grupos de fieles la Iglesia Católica lucha para hacer frente a sus diversas causas, atiende a sus víctimas, sensibiliza ante esta plaga y trabaja para tratar de eliminarla.

Después recordó que el papa Francisco dedicó su Mensaje para la Jornada de la Paz 2015 a este tema, haciéndolo una prioridad clave de la diplomacia internacional de la Santa Sede y hablando del tema en numerosas ocasiones: con los diplomáticos recién acreditados, con los líderes religiosos internacionales, con una asociación de jefes de policía internacional y líderes de la Iglesia, con científicos, académicos, con los alcaldes de todo el mundo, con los jueces y con varias conferencias en todo el mundo.

“Pero no se limitó a hablar –precisó el nuncio- también puso manos a la obra, organizando conferencias en la Santa Sede, encabezando la declaración conjunta de los líderes religiosos contra la Esclavitud Moderna en 2014 y promoviendo la creación del Grupo de Santa Marta, el nombre de su residencia en el Vaticano, que reúne a líderes católicos y jefes de policía internacional para luchar contra este flagelo”.

El mensaje esencial del Santo Padre es que el tráfico de personas es una “herida abierta en el cuerpo de la sociedad contemporánea”, “un crimen contra la humanidad”, y un “flagelo atroz” que se está produciendo en muchos de nuestros propios vecindarios.

“Cuando el pasado mes de septiembre estuvo aquí en la ONU –recordó monseñor Auza- pidió “medidas concretas e inmediatas para poner fin lo antes posible al fenómeno de la trata de personas, la explotación sexual de niños y niñas, y el trabajo esclavo “, incluida la prostitución”, haciendo hincapié en que hay que asegurarse de que nuestras instituciones sean realmente eficaces en la lucha contra todos estos azotes y para ese fin subrayó que la Agenda 2030 para el Desarrollo sostenible era “un importante signo de esperanza”, en la medida en que se centraba en tres objetivos diferentes y en la atención y el compromiso del mundo para hacer frente a esta plaga”.

El Observador Permanente destacó que en los apartados 5.2 y 8.7 de esa agenda la Comunidad internacional se comprometía a “eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas en las esferas pública y privada, incluida la trata, el comercio sexual y otros tipos de explotación”, a “adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzado, y acabar con la esclavitud moderna y el tráfico humano, mientras en la conferencia actual ,se enfoca de un modo particular el tercer compromiso relativo a la eliminación de la esclavitud moderna por el que la comunidad internacional se compromete a “acabar con el abuso, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura contra los niños” para 2030.

“El tráfico de cualquier persona, cualquiera que sea su edad, es un crimen contra la humanidad. Pero hay algo particularmente abominable cuando se somete a los niños a semejantes atrocidades -precisó el nuncio-.

Como cristiano y como obispo católico, no puedo dejar de recordar que Jesús reserva su más enérgica condena a aquellos que hacen daño a los niños, diciendo que sería mejor para ellos atarse una piedra de molino alrededor de su cuello y arrojarse al fondo del mar que hacer frente al juicio de Dios por lo que han hecho. Jesús hablaba así porque sabe que los niños son particularmente vulnerables y les es debida una mayor protección amorosa.

Mientras que el tráfico de personas siempre explota la vulnerabilidad, el tráfico de niños y jóvenes explota a los más vulnerables de todos, algo que no sólo deja al descubierto el horror del tráfico en toda su fealdad repulsiva sino que, al mismo tiempo, pone en evidencia la necesidad urgente de que todos se alcen para proteger a los niños, a los jóvenes y a todos, de quienes los que esclavizan y deshumanizan de esa forma”.

“Esta conferencia –concluyó- tratará de mostrar los rostros de los casi dos millones de niños y jóvenes que actualmente son objeto de trata y abordará que hay que hacer para liberarlos, ayudarlos a recuperarse y evitar que otros jóvenes sufran como ellos y ellas han sufrido”.

La Conferencia abordará también la labor realizada en este ámbito por la Oficina de las Naciones Unidas sobre Drogas y Delitos, así como la de la Organización Mundial del Trabajo y se hablará de una preocupante faceta del fenómeno: el tráfico de jóvenes sin hogar y el uso de internet en el tráfico y la esclavización.


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