¿Cooperamos para qué?

Hace muchos años salíamos a las calles a pedir por el Domund. Mucha gente lo criticaba. ¿Dónde va a parar este dinero?, se…

Forum Libertas

Hace muchos años salíamos a las calles a pedir por el Domund. Mucha gente lo criticaba. ¿Dónde va a parar este dinero?, se preguntaban. Pero eso era una cantidad insignificante respecto a las cifras que se manejan de la cooperación española en su totalidad. La Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo representa hoy nuestro esfuerzo principal en este campo, pero desde luego no es el único. En primer lugar, hay que señalar que la Unión Europea es uno de los máximos cooperantes mundiales donde lógicamente se utilizan también recursos españoles.

Cuando hace años criticaba a un funcionario holandés de la Comisión Europea por el despilfarro que se hacía de nuestro dinero en un proyecto, me decía: “a RELEX (Relaciones Exteriores de la Comisión Europea) solo le interesa que se ejecute, un proyecto es bueno si se ejecuta, se gasta, si tú les planteas problemas, tu eres un "problema". Por otra parte, los chinos regalan dinero a toda África, a gobiernos corruptos, pero es su estrategia de introducción, poco que ver con la cooperación. A mí solo me quedaba contestar que este dinero es mío y de todos mis compatriotas europeos, que pagamos con nuestros impuestos, y yo no estoy de acuerdo en que estos se tiren simplemente porque así lo crean unos burócratas, muy bien pagados por cierto, ni que haya que competir con los chinos. Esos argumentos el funcionario los escuchaba un tanto haciendo una mirada compasiva, como diciendo pobre iluso, a ver cuándo maduras y te das cuenta de lo que es la vida. La verdad, yo no creo que su justificación, su posición, deba ser nunca aceptada. Pero hoy creo que además es criminal, cuando veo que tantos y tantos compatriotas se encuentran en situaciones de auténtica pobreza. La crisis no respeta a nadie o casi nadie. Nunca el gasto público puede ser aceptado como aquello de que hagan lo que quieran.

Pero además existe cooperación de todo el mundo que quiere y esto implica a todo tipo de instituciones públicas, ministerios, comunidades autónomas, diputaciones provinciales, ayuntamientos, agencias de desarrollo autonómico, para la cooperación al modo de la AECID, Fondos de cooperación creados a partir de ayuntamientos y que se agrupan (en teoría) en Confocos, entidades religiosas, empresas, fundaciones, universidades y seguramente me dejo algún que otro. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) compiten en la búsqueda de fondos para ejecutar, muchas veces asociadas con ONG de países receptores.

Los recursos que se aplican para proyectos de desarrollo suponen muy poco dinero para inversión, sí para estudios, asesorías técnicas, capacitaciones y similares. Es difícil pensar en términos de desarrollo sin inversión, al menos desde la economía no se conoce.

Pero no todos los fondos de financiación siguen esta vía, una parte muy importante se van hacia organismos internacionales, principalmente los del sistema de la ONU: FAO, UNICEF, OMS, o como el importante programa PNUD. También BID, BCIE, BIRF y otros entes financieros reciben donaciones de países para ejecutar proyectos.

La cooperación española no ejecuta sino que contrata a quien lo hace. Es una cooperación administradora, como son la mayoría. Además, crea fondos como el Fondo del Milenio, que distribuye su dinero en proyectos presentados al mismo. O el Fondo del Agua para América Latina, dotado con unos 1.500 millones para el periodo de duración del programa. Recientemente mediante Ley se ha creado el Fondo de Promoción al Desarrollo (FONPRODE) para apoyar la inversión pública.

Normalmente, la parte principal de la subvención española se negocia con los países receptores mediante acuerdos por un periodo determinado que tiene que ver con la duración del gobierno. Cada vez más se negocia en base al apoyo presupuestario, que significa que la donación se ingresa en el presupuesto del país para unos determinados fines.

La cooperación cultural va por otro lado, a través de los Centros de Cooperación Cultural de España que realizan actividades de promoción de la cultura local y de dar a conocer la cultura española. Es difícil conocer todos los esfuerzos de cooperación que se hacen ya que ni las embajadas conocen las aportaciones reales que realizan los diferentes financiadores españoles.

Recientemente miraba las ayudas otorgadas a ONG este año para la realización de proyectos. La verdad es que ahí no se puede ver una lectura clara de donde apoyamos o en qué. Puede que deba ser así, pero nos debería quedar más claro que es un proceso aleatorio. Las ONG presentan y lo que se considera mejor se elige en función de las disponibilidades y ya está.

En la medida que la ayuda es fundamentalmente ayuda técnica uno pensaría que estaríamos ayudando en lo que más sabemos, explicando el cómo hacer y capacitando a gentes de otros países para ayudarlos a superar lo más rápidamente posible el diferencial tecnológico. Así nuestro nivel tecnológico, que nos ha costado mucho tiempo (y dinero) alcanzar seria transferido a otros a costo cero (en tiempo y dinero para ellos). Por ejemplo, si nuestro país es líder en tecnologías energéticas no contaminantes o alternativas, la eólica, fotovoltaica y otras, podríamos transferir la tecnología y financiar la inversión necesaria. Con ello además ayudaríamos a las empresas españolas que se dedican a ello y que necesitan superar una masa crítica para disminuir costos y hacer esta energía más competitiva con la tradicional. O lo mismo podríamos aplicar en infinidad de aspectos como pesca, piscifactorías, cultivos en invernaderos, medicina natural, técnicas médicas, ingeniería aeronáutica y otros muchos. Porque deberíamos también preocuparnos de la sostenibilidad de lo que aportamos. La mayoría de las veces se termina el proyecto y el mismo no continua. Es efímero y la verdad no estamos para hacer cosas efímeras.

Con toda la cantidad de buenos funcionarios que existen en la administración pública española, sería interesante que se incorporaran a la cooperación aportando su gran experiencia en momentos que por la crisis hay menos que hacer en casa. Esto incluye por supuesto a las universidades y centros docentes. ¡Hacen falta tantos esfuerzos para elevar la calidad de la enseñanza a todos los niveles, en tantos países!

La UE tiene un manual de visibilidad y obliga a que en sus intervenciones quede bien visible su participación. Recuerdo un coordinador de una Oficina Técnica de Cooperación AECID que decía que no cooperamos para presumir. Resulta harto curioso que la AECID, cuya última consonante del acrónimo significa Desarrollo, no tenga expertos en desarrollo en ningún sitio, ni tampoco en su sede central hay nadie que se preocupe de investigar sobre los procesos de desarrollo. Tener conocimientos de desarrollo no se considera mérito para ocupar una plaza en la AECID.

En las OTC no hay expertos que puedan asesorar en proyectos significativos de los países. Vamos a hacer asistencia técnica pero no contamos con asesores. La UE siempre coloca una asistencia técnica internacional en cada proyecto que financia, nosotros no.

Los proyectos son siempre de corta o muy corta duración, lo máximo tres años. ¿Alguien puede pensar que en tres años se está cambiando algo? ¿Los periodos de aplicación no se consideran en función de los objetivos. Habría que decir: oiga, para lo que usted propone hacen falta cincuenta años y cien veces más de lo que pide. Si se dispone de poco dinero hay que ser menos ambicioso en los resultados, mucho más concreto, menos genérico y más ajustado a la realidad.

Otra pregunta que le surge a la gente ¿Por qué colaboramos con países que están hoy en una situación económica mucho mejor que la nuestra? ¿Por qué en ámbitos geográficos donde no somos nadie, ni nunca lo seremos? ¿O es que existe una política territorial de hacia dónde vamos y para que? ¿Por qué Costa Rica o Chile o Camboya, por decir algunos?

En realidad, pocos son los proyectos que afectan el desarrollo, más bien son ayudas humanitarias, más o menos grandes pero nada más. Seria necesario que estas ayudas, del tipo de las que deben hacer organismos como Caritas o la Cruz Roja, fueran canalizados por una vía y los proyectos de desarrollo deberían estar en otra, deberían ser más significativos a largo plazo y con inversión, con estudios de factibilidad que los apoyaran.

Objetivos empresariales deberían ser muy considerados, así por ejemplo los relacionados con el comercio justo, con la creación de cooperativas, con el fomento de la exportación. Empresas como l’Occitane, Body Shop o Starbucks tienen acuerdos con proveedores locales obteniendo productos básicos a precios justos. El apoyo a la creación de vínculos de producción-consumo es muy importante y el fomento del intercambio comercial es una parte importantísima. La creación de estructuras empresariales puede muchas veces modificar el nivel de desarrollo de amplias zonas de un territorio.

Si realmente trabajáramos en desarrollo, podríamos explicar los casos de éxito y podríamos replicar, serian casos de estudio tal y como las escuelas de negocios hacen con casos de la economía empresarial. Nos faltan libros como los de Peter F.Drucker pero en el ámbito de la cooperación al desarrollo.

Todo comenzó con un Instituto de Cooperación Iberoamericana y hoy tenemos un monstruo de cien cabezas. Pero es necesario aprovechar la crisis para hacer una reingeniería total y no solo organizacional sino de contenidos y sobre todo estrategias. Durante muchos años se ha gastado casi sin saber a dónde ni porque, hoy hay que repensar profundamente esto.

La situación de crisis ha obligado a hacer grandes reducciones en los presupuestos dedicados a la cooperación, incluso algunas instituciones la han reducido a cero. Con ello se ha afectado a los perceptores pero también a los propios intermediarios, a las ONG, que han tenido que despedir a muchos de sus colaboradores creando más desempleo.

Es urgente una revisión en profundidad, movemos cientos de millones y realmente pocas explicaciones podemos dar a nuestros ciudadanos de por qué los necesitados son los de afuera, de qué países, si es humanitario o para el desarrollo, si es por una catástrofe, qué es lo sostenible, qué impactos está causando o si tenemos unos estudios de casos que demuestran que somos muy eficaces en la ayuda. Tenemos que poder explicar inclusive cuántos empleos nuestros y extranjeros creamos con el dinero de la cooperación, cuánto realmente llega al objetivo final, si nuestra estructura “productiva” es la más adecuada, si existe coordinación entre todas a las entidades donantes a fin de maximizar las capacidades de impacto. Hay mucho por hacer y hoy más que nunca nuestros ciudadanos necesitan una explicación clara y concisa. No podemos cooperar por un sentimiento digamos de compasión. Debemos objetivar lo que hacemos, qué representa para nosotros y para los otros, si aportamos en lo más conveniente para nosotros y para los receptores, si nuestra aportación es sostenible, si supone la creación de procesos de desarrollo.

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