COPE: un problema que debe ser resuelto

En unas declaraciones a La Vanguardia, publicadas el pasado domingo, el Cardenal Arzobispo de Barcelona, Martínez Sistachs, fue muy claro y concreto: …

Forum Libertas

En unas declaraciones a La Vanguardia, publicadas el pasado domingo, el Cardenal Arzobispo de Barcelona, Martínez Sistachs, fue muy claro y concreto: “digo no a la renovación de Jiménez Losantos”.

Posiblemente ha sido la voz pública de mayor rango eclesial que se ha expresado con mayor contundencia sobre este tema aunque ni mucho menos la única.

El Cardenal Cañizares ha hecho saber también su disgusto por la evolución de algunos programas, y en concreto por la renovación de dicho periodista.

También el cardenal Bueno, no se ha estado de decir en la propia Roma que la COPE es un dolor de cabeza para los obispos. Obviamente no se refiere al conjunto de la programación, sino especialmente al programa de Losantos y también al que por la noche hace César Vidal.

Porque, y esto es importante subrayarlo, podríamos decir que existen dos COPE: la que fabrican aquellos periodistas cuyo estilo y contenidos guardan escasa relación con un sentido cristiano de la comunicación, y la mayor parte del resto de la programación.

El programa de La Tarde, que lidera la periodista Cristina López, es contundente, presenta matices políticos que pueden ser discutibles, pero mantiene un respeto exquisito a la persona y a la discrepancia. Es toda otra forma de hacer que refleja la existencia de un sentido cristiano detrás de la producción.

La semana pasada el bloc de Josep Miró comentaba algunos criterios sobre los instrumentos que la Iglesia utiliza, y se refería concretamente a las exigencias en el ámbito de la comunicación. No es, por tanto, necesario repetirlo, pero sí apuntar que el resultado actual de estos programas es malo para la propia Iglesia, para la propagación de la palabra de Dios.

En este sentido no es un hecho menor que L’Osservatore Romano, el diario vaticano que expresa la milimetrada voz de la Santa Sede, publicara un artículo de Juan Manuel de Prada durísimo contra “las voces principales de la COPE”.

Las acusaba nada más y nada menos de “anticatólicas e incluso ateas,” y esto publicado en El Observatore es algo más que un toque de atención. Es un mensaje claro y concreto.

Pero es que además la COPE tiene unas normas establecidas en cuanto a estilo y contenidos que son magníficas, y que son de teórica aplicación para el conjunto de la programación y no solo para determinadas horas. Se trata ahora de hacer cumplir lo que estaba escrito.

Todas las personas deben de tener el derecho a corregirse, pero si esto no es posible es bien legítimo, más que eso, necesario, que se proceda a su sustitución, porque de lo contrario se producen situaciones en las que la teórica voz de la Iglesia en la radio se convierte en el instrumento privado de la política de unos señores que poco o nada tienen que ver con los intereses de la Iglesia. Esto se manifiesta incluso en aspectos que no por ser secundarios carecen de importancia.

Así mientras que Libertad Digital recibe una continua promoción, Popular Televisión, que también es de la COPE, de la Iglesia, es objeto de una clara marginación que en ningún caso parece razonable.

Sin demonizar a nadie, sin restar méritos a las capacidades profesionales de nadie, es necesario que el curso de agua retorne a sus cauces primigenios y recupere sus prioridades que no son otras que las del servicio a la evangelización, a la Iglesia y a la ley natural.

Hazte socio

También te puede gustar