Crisis en la enseñanza pública por una mentalidad dominante basada en la falta de valores

La enseñanza pública está en crisis. En países como España y Francia, donde el gasto de la Administración está por encima de la media europea, la pérd…

Forum Libertas

La enseñanza pública está en crisis. En países como España y Francia, donde el gasto de la Administración está por encima de la media europea, la pérdida de calidad en el sistema y el aumento de los malos resultados educativos en los estudiantes está provocando un aumento de la demanda de plazas para centros privados, en el caso de Francia (donde no hay aportación del Estado fuera del sector público), o concertados, en el caso de España. Se intenta argumentar esta realidad cargándola sobre el aumento de alumnos inmigrantes, escolarizados mayoritariamente en centros públicos, y sobre el hecho de que muchos alumnos que están en centros con altos porcentajes de extranjeros se pasen a otras escuelas con menos inmigración. Pero el razonamiento pierde toda su fuerza cuando se comprueba que, por ejemplo en España, el porcentaje de extranjeros no llega globalmente al 10 por ciento. Lo único que sucede es que, sobre todo en grandes núcleos urbanos, muchos de estos inmigrantes están concentrados en determinados barrios y, por tanto, son más numerosos en algunos colegios, aunque en general el número de inmigrantes es mínimo. Pero esto no puede desviar el núcleo del problema, que no es otro que la falta de valores y de calidad. Además, cuando se pone en el debate público el tema de la inmigración, no se habla de los centros concertados con altos porcentajes de inmigrantes donde no se producen esas “huidas”. En los centros privados o concertados, el total de alumnos extranjeros representa un 19,8 por ciento de media. Son escuelas que, según la zona donde se encuentran, también presentan una fuerte concentración.

La falta de ideario, la falta de autoridad de los directores de centros y la crisis de la familia son ahora las principales causas del difícil momento que vive la enseñanza pública. El cargo de director se ha convertido en una responsabilidad que no quiere casi nadie, y las escuelas públicas han convertido el principio de laicidad o neutralidad en una especie de vacío que no ayuda a llevar a cabo los objetivos educativos de cada año. Todo este panorama se refleja en el aumento de rostros concretos de padres y madres que, partiendo de la libertad de elección que debe existir en todo país democrático, optan por llevar a sus hijos a la enseñanza privada o concertada.

En Francia, la opinión pública y los medios de comunicación asisten sorprendidos a una auténtica saturación del sector privado de cara al curso 2004-2005. La prensa francesa ha ofrecido estos días varios testimonios de madres y padres decididos a sacar a sus hijos de centros públicos y llevarlos a la escuela privada. Por ejemplo, Brigitte, madre de familia que vive cerca de Tours con tres niños de 13, 10 y 7 años, denuncia que, durante este pasado curso, la evaluación que dos profesores realizaron sobre una de sus hijas “fue diametralmente opuesto”. En el caso de la pequeña, asegura que tuvo que cambiarla de centro “porque todavía no sabía leer a pesar de los refuerzos que pidió”. Esta madre, tras explicar que inicialmente había optado por la escuela pública, destaca que ahora, en la privada, ha encontrado dos aspectos que considera básicos: “disciplina y controles más frecuentes”. Y todo esto sucede a pesar de que, para el curso 2004-2005, la escolarización de sus tres hijos (por primera vez todos en la privada) les costará, a sus padres, 230 euros además de mayores complicaciones en los desplazamientos.

España, por su parte, es un país donde el gasto del Estado en enseñanza pública está por encima de la media europea, a la vez que presenta uno de los índices más altos de fracaso escolar. No es cierto, pues, que gaste poco en educación. La dotación económica en España resiste con ventaja la comparación con Europa. En los análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los resultados educativos están incluso por debajo de algunos de los países del mundo que menos gastan en este concepto, entre ellos Corea del Sur y la República Checa. Con esta realidad sobre la mesa, ¿el principal problema es la enseñanza concertada, como intentan hacernos creer algunos políticos?

LOGSE y pérdida de calidad

En la crisis de la enseñanza pública, un factor importante es la aplicación, desde principios de los años 90, de la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), en vigor hasta que el Parlamento aprobó la Ley de Calidad (LOCE) en 2002, aunque ahora la primera norma vuelve a estar vigente después de que el nuevo Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero derogase las principales reformas de la LOCE que debían entrar en vigor en el curso 2004-2005. Un ejemplo de esta vuelta a la situación anterior es la asignatura de religión católica, que había quedado definida como evaluable y con una alternativa no confesional pero que ahora vuelve a la situación anterior; es decir, a ser materia no evaluable y prácticamente sin alternativa. Esta normativa ha hecho, tras más de una década de aplicación, que los jóvenes españoles tengan cada vez menos conocimientos básicos sobre el hecho religioso, un problema que afecta también a profesores de otras materias (arte, historia, filosofía…) y perjudica globalmente a la enseñanza pública.

Pero no es éste el único problema de calidad que sufre la enseñanza pública en España. Por ejemplo, la LOGSE estableció que, para reducir el fracaso escolar, era necesario reducir de 5 a 3 las horas lectivas de matemáticas en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) Pero el fracaso, curiosamente, no ha disminuido. Son ejemplos que dibujan el complicado futuro inmediato de la enseñanza pública, cuyo principal problema no es que existan centros privados y concertados, sino la pérdida de calidad, una cuestión muy ligada al vacío de valores que intenta imponernos la mentalidad dominante que se autoconsidera “progresista”. Y la realidad actual no es precisamente progreso.

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