Crisis, paro, endeudamiento

Las crisis no estallan porque si. Hay unos síntomas que las hacen prever y evidentemente unas causas que las provocan.

Situémonos entre el 2006 y el 2008, el 37% de la industria productiva del país es la construcción y sus proveedores. Se construye a un ritmo altísimo, dando por supuesto que todo lo que se construía, se vendería. No fue así, porque había muchos mas pisos a la venta, que familias necesitadas de vivienda. Lo mismo pasó con la industria del automóvil y los bienes de consumo. El resultado fue la suspensión de pagos de muchas empresas, regulación de empleo, paro, y muchos de estos parados tenían contratadas hipotecas, con el consabido endeudamiento y pérdida de la vivienda. Algunas entidades, tomaron de forma grosera esta deuda, la fraccionaron en títulos negociables en los mercados, y las distribuyeron impúdicamente entre fondos de inversión y planes de pensiones. Resultado: el ahorrador sencillo veía como el valor liquidativo de su producto se reducía. Conclusión: unos perdían su vivienda y los otros, parte de sus ahorros.  Este es el resultado de un sistema que no piensa en la persona, sino en el dinero. Al final, los platos rotos los paga el más desgraciado. También  se nos ha hecho creer, por activa y por pasiva, que el crecimiento era necesario, y que este crecimiento tenía que aumentar.  No se ha de ser muy inteligente, para ver que esta dinámica es insostenible, no solo desde el punto  de vista ecológico, sino desde el punto de vista social. Hemos cambiado la cultura del ahorro, por la cultura del endeudamiento. Aplazar los pagos nos facilita el acceso a bienes de consumo, pero nos resta tranquilidad, y calidad de vida. Las crisis siempre son fruto de un mal sistema económico. Sistemas sobrados de codicia y faltados de humanidad. La gente, ha visto sorprendida, como se tapaban los descubiertos de la banca con dinero público. Se han nacionalizado las perdidas, y se han privatizado los beneficios. Una interesante observación del premio Nóbel de Economía, Joseph Stigliz, hacía referencia al hecho que nos preocupamos por regular los salarios mínimos, y no decimos ni una palabra de regular los salarios máximos. No es lógico, que el Presidente del Consejo de Administración de un banco local, cobre 114 millones de euros anuales, y discutamos un salario mínimo. Es necesario trabajar incansablemente para generar una economía que apueste por la justa distribución de la riqueza, y que cambie el yo, por un nosotros, cada vez más amplio y universal.

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