Cristiandad

Mi diccionario impreso de la lengua catalana (2ª edición, 1998, Enciclopèdia Catalana, S.A.) define dos acepciones del vocablo cris…

Mi diccionario impreso de la lengua catalana (2ª edición, 1998, Enciclopèdia Catalana, S.A.) define dos acepciones del vocablo cristiandad. La primera: “conjunto de pueblos cristianos”. La segunda, referida a la Historia: “Nombre como se conoce el orden político-social medieval, caracterizado por la coincidencia del poder civil (Imperio) con la autoridad eclesiástica (Iglesia)”. Son dos definiciones pobres, a mi parecer. La primera, por vaga imprecisa; la segunda, por confusa bienintencionada. Omito referir como fuente segura – y es mi deseo manifestarlo- la descripción de la Real Academia de la lengua española en su página web, según la última edición consultable hoy (la número 22). Es todavía más pobre. ¿Dónde está la referencia histórica del vocablo acuñado históricamente?

Igual he perdido facultades idiomáticas. Que yo sepa en lengua latina no hay acentos en las vocales. Es un recurso semiótico pobre, pero de carácter oficial presente en los diccionarios, para quienes desconocen la lengua latina secular. También para los que entienden de ella. El acento se indica en guarismo de diccionario para conocer -quien no sepa latín- cuál es la vocal fuerte en la pronunciación. Algo así como referir “cristiandád” en diccionario español, para quien no sepa que en la lengua castellana del idioma español no se acentúa. Se supone que todo el mundo sabe que no se pronuncia “cristiándad”. El término en lengua latina se pronuncia christianítas-christianitátis. Se escribe christianitas-christianitatis, en tercera declinación si mal no recuerdo.

cristiandad.

(Dellat.christianĭtas, -ātis).

1.f.Conjunto de los fieles que profesan la religión cristiana.

2.f.Conjunto de países de religión cristiana.

3.f.Observancia de la ley de Cristo.

4.f.Grupo de fieles que cuida cada misionero como párroco en una misión.

Basta con decir, referido a la Historia de la Edad Media, que los distintos reinos cristianos (respetando la Iglesia sus idiosincrasias y pactos políticos) sometían el poder político de sus reinos y sus alianzas al reconocimiento del Papado como árbitro en conflictos políticos. ¡Y ante todo, el papel magisterial rector del Papa en el conjunto de estas Monarquías medievales que se confesaban políticamente cristianas! Jamás existió – ni existirá- una coincidencia de poder entre un Monarca (Jefe de Estado o de Gobierno) y un Papa. En todo caso, coincidencia de línea por caminos distintos. Pues una cosa es el poder político temporal no cesarista y otra la esfera de lo espiritual. Lamentablemente, ésta última, a veces era invasiva en el ámbito de lo político, en determinados momentos históricos. Esta invasión recibe el nombre de clericalismo. Mejor si hay coincidencia de visión. Y mucho mejor si hay obediencia (sujeción) del poder político al Magisterio del Papa. Cariñosa y respetuosamente al Vicario de Jesucristo, Obispo de Roma y Cabeza de la Iglesia se le denomina papá. En lengua catalana un padre es un papà o bien un papa. O sea, la palabra es la misma en lengua castellana que en mi lengua natal. Es culturalmente vergonzosa la definición de los vocablos cesarismo y clericalismo en la edición electrónica número 22 del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Es culturalmente inadmisible que deba admitir esto, tan distante de lo que aprendí en mi Bachillerato. El cesarismo es lo propio del dictador cuando dicta más de lo debido, invadiendo ámbitos que no le corresponden más allá de sus legítimas o no legítimas competencias políticas, especialmente en el ámbito de la Iglesia. El clericalismo es la intromisión de todo clérigo, incluso obispos, en el ámbito específico de la política. Hoy, en general, no hay clericalismo; cesarismo, me parece que todavía sí en muchos lugares del mundo.

A diferencia de la actualidad, en la Edad Media todo monarca cristiano se sometía doctrinalmente al Papa como Vicario de Jesucristo. A veces les costaba, pasaban años en trifulcas -incluso bélicas- entre ellos, pero nunca cuestionaban la autoridad del Papa. Trataban todos de influir, pues todos precisaban el visto bueno canónico. Unos, para no recibir castigos de anatema est, excomuniones, penas de cárcel, tormentos físicos o privación de bienes. Otros, sencillamente, porque eran cristianos, incluso santos canonizados o con probabilidad de serlo. Otra cosa era el comportamiento de altos cargos eclesiásticos, amparados en sus privilegios y en algunos casos con vidas licenciosas. La vida “licenciosa” es un defecto humano (en muchos casos pecado mortal notorio) del que ningún cura se escapa caer en su tentación. Igual que los laicos. ¡Igual que todo cargo público académico, militar, político y judicial en los cinco continentes! Todos y todas somos susceptibles de vida licenciosa. Todos y todas podemos corregir conductas propias que son erróneas. ¡Las únicas susceptibles de ser corregidas a motu proprio lejos de todo voluntarismo extraño al Evangelio! Voluntarismo que señala – para los demás – el camino de la virtud, sin reconocimiento del propio mea culpa merecedor de la santidad. Para contrarrestar estas “licencias” en vidas consagradas a Dios, la Edad Media suscitó muchas vidas ejemplares, incluso de santos y santas canonizados. El Papado se configuraba políticamente como un Reino. Al igual que los otros. Hoy se configura como un Estado de medio kilómetro cuadrado de extensión… con representación diplomática en todo el mundo.

Étienne Gilson (1884-1978) publicó una obra titulada La Filosofía en la Edad Media en dos vólumenes. El nombre original del segundo es: La philosophie au moyen-âge, vol.II: De saint Thomas d’Aquin à Guillaume d’Occam, Payot, Paris, 1922. La traducción española lo subtitula Desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV. Es la segunda edición publicada en enero de 1965. La cuarta reimpresión tuvo lugar en febrero de 1985. Se trata del volumen 12 de la Biblioteca Hispánica de Filosofía de la Editorial Gredos, S.A. El traductor tomó como fuente la segunda edición parisina de 1952. Pueden consultarlo en el siguiente link: http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89tienne_Gilson

En la página 608 empieza el epígrafe cuarto, titulado El movimiento ockhamista (dentro del capítulo IX: La filosofía en el siglo XIV). Si les interesa el tema de la filosofía, especialmente escolástica y tomista, pues ya saben: acabo de recomendarles un gran autor muy reconocido. En mis anteriores escritos El nombre de la rosa (I) y El gran Cisma monárquico en la Iglesia de Jesucristo (II) igual les induzco a una confusión, sin ser mi intención. El Capítulo IX de este libro empieza así:

“Utilizamos los siglos como puntos de mira cómodos para situar en la historia los acontecimientos y los hombres, pero los hechos no se regulan por el sistema decimal ni por nuestras divisiones del tiempo. La edad de oro de la filosofía y de la teología llamadas <<escolásticas>>, que florecieron, efectivamente, entonces en las escuelas, coincide más bien con el período que se extiende aproximadamente entre 1228, comienzo de la enseñanza de Alberto Magno en Colonia, hasta 1350, fecha de la muerte de Guillermo de Ockam ([1]). La imagen de una Edad Media de una duración por lo demás indeterminada, ocupada por una <<escolástica>> cuyos representantes repetían sustancialmente la misma cosa durante siglos, es un fantasma histórico del que hay que desconfiar”.

El subtitulo de este artículo lo he descrito: invitación a un evento. Cristiandad es también el nombre de una revista. Todos los números publicados llevan el siguiente subtítulo: “Al Reino de Cristo por los Corazones de Jesús y María” (en mayúsculas). Acaba de publicarse el número 1001 del año LXXI (71). Para celebrar el número 1000 tendrá lugar un evento. Una persona muy querida por mí me ha pedido que lo divulgue entre mis relaciones personales. Y eso hago con todos Vds. Para más información www.orlandis.org (Fundación Ramón Orlandis i Despuig) y correo electrónico ramonorlandis@gmail.com . El padre Ramón Orlandis i Despuig, S.I. fundó Schola Cordis Iesu. Les acompaño digitalizado el anuncio – dirigido a los subscriptores de la revista- del evento de oración en el Templo Expiatorio del Tibidabo y posterior acto académico de los próximos días 6 y 7 de febrero de 2015, con almuerzo incluido si se quiere y se abona su importe mediante transferencia o ingreso en cuenta bancaria a su debido tiempo y se realiza la inscripción. Lógicamente, a los organizadores les gustaría un “lleno total” – sin pagar entrada – en el acto académico. ¡A mi también! Conviene conocer el número de inscripciones para dotar la sala del máximo número de asientos. El acto está anunciado en la Hoja Dominical del Arzobispado de Barcelona del domingo 25 de enero de 2015. Verán, en esta hoja que he recibido, que la dirección de inscripción no es la que acabo de referenciarles, sino cristiandad@cristiandad.orlandis.org Verán también que pueden enviarse comentarios a www.orlandis.org Yo lo hice.

Para que se hagan una idea del calado de la revista, también les adjunto la contraportada del número 1001. Añado un link muy ilustrativo sobre Santo Tomás de Aquino O.P., canonizado el 18 de julio de 1323 en Avignon por el Papa Juan XXII. Proclamado el 11 de abril de 1567 por el Papa San Pío V como Doctor Común de la Iglesia. También es Doctor Angélico… y patrono de los estudios universitarios en la Iglesia Universal de Jesucristo.

http://nucleodelalealtad.blogspot.com.es/2008/02/santo-tomas-juan-pablo-ii.html



[1] No es un error ortográfico. Es correcto Ockham como Ockam. Siendo inglés, supongo que se llamaría William y no Guillermo.

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