Cristianismo y Política en Centroamérica (II): El Salvador

En el cierre de las fiestas agostinas el alcalde de San Salvador, el doctor Norman Quijano, señaló la multitudinaria manifestació…

En el cierre de las fiestas agostinas el alcalde de San Salvador, el doctor Norman Quijano, señaló la multitudinaria manifestación de fe católica de los ciudadanos. En el acto final delante de la catedral se escenifica el descenso de Jesús al mundo.

Este país y capital con el nombre de Jesús se considera a sí mismo como una especie de país elegido, cuestión que contrasta fuertemente con su realidad: una guerra civil que duró 12 años e inmediatamente después una delincuencia descontrolada que lo sitúa entre el primero y segundo país más violento del mundo.

Pero, es cierto, el presidente se dirige a la nación y se despide con un “que Dios bendiga a todo el pueblo salvadoreño”, algo que repiten la mayor parte de políticos en sus discursos o la población, que muchas veces te da las bendiciones o te cita para un día y te dice primero “Dios”. El tema Dios está presente constantemente en la vida de esta nación. Si vamos a una alcaldía gobernada por el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FMLN) es casi seguro que habrá fotografías de monseñor Romero, el obispo de San Salvador asesinado y hoy convertido para muchos en símbolo de entrega a los pobres o incluso símbolo de la revolución.

Y es que ciertamente la revolución (guerrilla) estuvo muy vinculada a la iglesia católica. Recuerdo en el año 1996 que un editorial del Diario de Hoy venía a decir, respecto a la muerte de los sacerdotes jesuitas, que se lo tenían bien merecido y que monseñor se dejó influenciar por ellos diciendo sermones “incendiarios” y lógicamente terminó igual. Realmente es algo impactante, que en uno de los dos diarios de mayor tirada apareciera algo tan contundente. Pero no debemos olvidar que la creación de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y las Comunidades Eclesiales de Base de El Salvador (CEBES) estuvieron muy vinculadas a la guerrilla, de donde la Fuerzas Populares de Liberación (FPL) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) se nutrieron, así no es extraño que surgiera una colaboración estrecha entre sacerdotes jesuitas, diocesanos y pasionistas (incluyendo monjas) que al menos apoyaban la logística transportando medicinas y alimentos a las zonas del frente. No sólo de estos lugares, sino también de la Universidad José Simeón Cañas y la Universidad Centroamericana (UCA), de los jesuitas. Si bien es segura esta función que incluía por ejemplo guardar armas, no es seguro que llegaran a formar parte de la dirección, por ejemplo del FPL como algunos dicen que llegaron a ser el 50% de la dirección. Sí es posible que fueran ex jesuitas que se salieron, como lo fueron los cinco seminaristas guatemaltecos que llegaron a ser comandantes.

Pero, el sentimiento cristiano es tan grande que la guerra comenzó estando en el gobierno Napoleón Duarte, líder de la Democracia Cristiana, una de las más avanzadas socialmente de América Latina y que llevó a cabo una importante reforma agraria expropiando muchas fincas y repartiéndolas entre campesinos. Se da la curiosidad de que uno de los hijos del ministro que asumió la reforma fue el primer FPL detenido, juzgado y condenado, que pasó dos años en la cárcel y que finalmente se benefició de un indulto. Él y tres hermanos más tuvieron que exiliarse. Pero también el nuevo partido que siguió en el poder al PDC, originado en un fuerte anticomunismo (en realidad ninguno de los grupos era comunista, excepto claro está el creado por el Partido Comunista, muy poco importante y añadido a la guerra ya tarde), lleva en su bandera una cruz y tanto como anticomunistas son también cristianos. Se trata de la Alianza Nacionalista Republicana de El Salvador (ARENA), que gobernó durante 20 años, hasta que hace dos triunfó para la presidencia un independiente apoyado por el FMLN.

Si en los años de la independencia, de la que ahora se cumplen 200 años, encontramos en toda América la fuerte presencia de la masonería (hasta el diseño de la ciudad de Washington fue realizado con cánones y símbolos masónicos), hoy nos hemos encontrado muchos movimientos revolucionarios muy vinculados con el cristianismo y especialmente con alguna orden en lo que podríamos llamar un enfoque social.

Es difícil prever que sucederá en los próximos años, pero podemos estar seguros que va a suceder algo, ya que con poblaciones cada vez más numerosas y un crecimiento que no consigue generar empleos para todos, con déficits incrementándose en los servicios públicos, con un Estado que quiere ser moderno y no se adapta a las posibilidades y necesidades reales de los países, con niveles de corrupción altos, con gran nivel de violencia, con una base económica insuficiente, con grandes diferencias entre las rentas más altas y las más bajas, con grados de pobreza (y miseria) que alcanzan hasta el 70% de la población…, es muy difícil pensar que no pueda volver a encenderse la mecha, y es que un ex comandante ayer del partido comunista y hoy de tendencia revolucionaria (TR, grupo formado por agrupaciones distintas de base que rechazan la democracia burguesa y promueven la organización desde la base), me decía que su hijo de 19 años (hace 19 años se firmaron los acuerdos de paz) le decía que cómo habían sido tan cobardes de no continuar hasta victoria final.

¿Qué papel jugaran aquí la nuevas tendencias cristianas? Los evangélicos son grupos con gran tendencia al crecimiento, sus fieles son mucho más ‘militantes’ que los católicos y es difícil conocer cifras de ellos, pero sólo para muestra un botón: de siete canales de televisión local cristianos sólo uno es católic. Hoy se hallan en términos políticos divididos. Mientras el pastor general del Tabernáculo de Avivamiento Internacional Carlos Rivas se declara a favor del FMLN y más recientemente de TR, el pastor general de Asamblea Bautista amigos de Israel se decanta hacia ARENA, pero el más numeroso, las Asambleas de Dios, se mantienen al margen de cualquier opción.

Cuando estaba comenzando a escribir este artículo, la sede de la embajada de España fue tiroteada sin ningún daño. Días después, una manifestación (pequeña) clamó contra la injerencia española en los asuntos internos del país (recordemos que este año se celebra el bicentenario de la independencia). El asunto de los jesuitas continua dando de qué hablar, y la pregunta que se deriva de ese debate es: ¿es lícito atacar objetivos no militares en una guerra? Aunque posiblemente deberíamos ir a una cuestión previa, ¿es licita una guerra? En fin, posiblemente debamos ir construyendo las bases de una socioética. Pero, este es ya otro tema.

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