Cristianos y musulmanes: juntos contra la violencia en nombre de la religión

El Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso ha enviado un mensaje para felicitar a los musulmanes por el inicio del Ramadán. El…

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El Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso ha enviado un mensaje para felicitar a los musulmanes por el inicio del Ramadán. El mensaje, lleva por título Cristianos y musulmanes: juntos para contrastar la violencia perpetrada en nombre de la religión y ha sido firmado por el presidente del dicasterio, el cardenal Jean-Louis Tauran, y por su secretario, el padre Miguel Ángel Ayuso.

El documento recuerda que junto con la alegría de la fiesta hay que tener un recuerdo para los seres queridos que han perdido la vida o sus bienes, o han sufrido física, mental e incluso espiritualmente debido a la violencia. El Ramadán es una buena ocasión para recordar las "comunidades étnicas y religiosas en numerosos países han padecido sufrimientos enormes e injustos: el asesinato de algunos de sus miembros, la destrucción de su patrimonio cultural y religioso, emigración forzada de sus casas y ciudades, violaciones de sus mujeres, esclavización de algunos de sus miembros, trata de seres humanos, comercio de órganos e incluso venta de cadáveres". Los hechos son graves, cualquier muerte es en sí misma una ofensa a Dios, pero la situación se agrava cuando se intenta justificar esta violencia "en nombre de la religión".

El Consejo Pontificio afirma que esta violencia es una clara manifestación de la instrumentalización de las religiones para obtener poder y riqueza, y llama a los que tienen la responsabilidad de la seguridad y el orden público a proteger a las personas y a sus propiedades de la ciega violencia los terroristas. Se reclama, además, "la responsabilidad de aquellos que tienen la tarea de la educación: familias, escuelas, textos escolares, las guías religiosas, el discurso religioso, los medios de comunicación". La violencia y el terrorismo nacen antes en la mente de las personas. Hay que educar "el carácter sagrado de la vida y la dignidad que se deriva en cada persona, independientemente de su etnia, religión, cultura, posición social o elección política". No hay una vida que sea más preciosa que otra por motivo de su pertenencia a una raza o religión específica. Por lo tanto, "nadie puede matar, nadie puede matar en nombre de Dios; esto sería un doble crimen: contra Dios y contra la persona".

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