Cuba: Un asesinato político

Después de más de ochenta días en huelga de hambre, ha muerto el preso político cubano Orlando Zapata Tamayo, un alba&ntil…

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Después de más de ochenta días en huelga de hambre, ha muerto el preso político cubano Orlando Zapata Tamayo, un albañil de 42 años que mantenía su protesta por los malos tratos carcelarios a los que fue sometido. Estaba condenado desde el 2003 a 18 años de cárcel simplemente por desacato a la autoridad. Orlando Zapata estaba reconocido por Amnistía Internacional como preso de conciencia. Murió en un hospital donde fue llevado hace escasos días cuando su situación ya era prácticamente irreversible. En otras palabras, el régimen de los hermanos Castro ha dejado morir de hambre a un hombre cuya única aspiración era la democracia y la libertad.

Es un hecho terrible que muestra la dureza y la falta de humanidad de un régimen político caduco.

A pesar de este escándalo, el Gobierno español, el principal valedor de la dictadura cubana ante la UE, guarda silencio y, si no lo rompe, se convertirá en cómplice de este horrible hecho. No se entiende como un gobierno que patrocina a un coste elevado la Alianza de las Civilizaciones y un discurso de defensa de los derechos es capaz de asumir sin rechistar un asesinato político como el que se ha perpetrado contra Orlando Zapata, cuando, además, éste se reviste de tanta crueldad como la que representa dejar morir a alguien de hambre y sin atención hospitalaria.

Orlando Zapata debería haber sido trasladado a un hospital hace mucho tiempo porque había sobrepasado de largo los límites que permiten pensar que una huelga de hambre no tendrá necesariamente consecuencias funestas e irreversibles. Ochenta días es un plazo brutal e imperdonable.

También es necesario apuntar, en la lista de las responsabilidades morales, el irregular eco que el hecho ha tenido en los medios de comunicación de España. En algunos como El Mundo y El País ha sido destacado en portada; en otros ha valido, caso de La Vanguardia, una microscópica gacetilla; y los demásaún están pendientes de recoger la noticia. La forma como los comentaristas y medios de comunicación tratan al régimen cubano resulta incomprensible porque con su actitud lo que hacen es favorecer la impunidad de aquella brutal dictadura.

En Cuba hay todavía más de doscientospresos políticos mientras el país continua paralizado sin que el gobierno sea capaz de llevar adelante una reforma que permita una mayor libertad y, también, todo hay que decirlo, una mayor eficacia económica que les saque de la postración extrema en que viven los cubanos.

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