Cybermanía: una adicción a la tecnología

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A lo largo de la historia, el hombre, en su afán por satisfacer su hambre de información, ha descubierto que los medios de comunicación son una herramienta muy eficaz para el intercambio de ideas. Así mismo, la cultura vivida en un país ajeno al nuestro se hace cada vez más abierta y accesible para cuantos están dispuestos a conocerla. En este sentido, nos encontramos que la red de sistemas computacionales que permiten compartir con todo el mundo datos, información, servicios, etc., llamada Internet, es en la actualidad el sitio más utilizado por millones de personas, de las cuales la mayoría son jóvenes.

Esta red ha permitido, por su eficacia, que la sociedad descubra nuevos medios que le permitan tener información de cualquier tipo por el simple hecho de acceder a los llamados “motores de búsqueda” (p.e. Google o Yahoo) que en segundos descargan miles de paginas web que contienen imágenes, sonidos, videos, etc., que sean de nuestro interés. No obstante, en nuestros días, todas éstas y más ventajas que pueda traer consigo el Internet, según los estudios de muchos especialistas, también le son atribuidos riesgos que generan en el hombre un aislamiento e individualismo que perjudican el bienestar psicológico y, en casos más graves, las llamadas psicopatologías (adicciones no químicas) que se presentan con la alteración del humor, ansiedad, impaciencia e irritabilidad de un modo explosivo. Por eso aquí presentamos algunas tendencias a las que los jóvenes están expuestos al visitar el ciberespacio:

Cybersexuales: esta inclinación orilla a buscar en la web cualquier contenido pornográfico, así mismo tiene que ver con las relaciones eróticas que a través del e-mail y otros instrumentos virtuales permiten al adicto experimentar ficticiamente una especie de alteración emocional que le provoca un placer, además de creer entablar una relación con los llamados “enamoramientos virtuales”.

Cyberrelaciones: "Éstas se refieren al establecimiento de relaciones de ‘amistad’ y sentimentales a través del e-mail, de los chat rooms o de los newsgroup" (Carlo Climati). Estos sitios afectan el estado emocional y las relaciones sociales reales en los ambientes juveniles.

Cyberludotapía: estos espacios on-line tienen un contenido comercial que inclinan al hombre a una dependencia compulsiva por las apuestas, juegos de azar, y subastas. Sus repercusiones se manifiestan en la pérdida parcial o total de un estado económico.

CyberMUDs: los MUD son una serie de juegos donde la persona crea un personaje virtual con el cual se identifica y le permite que se enrole con varios usuarios.

CyberVagabundos: esta tendencia se manifiesta en aquellas personas que ingresan a un sitio web sin ningún objetivo específico, simplemente para navegar visitando páginas que le sean atrayentes, así mismo pueden pasarse muchas horas satisfaciendo sus curiosidades simplemente por la ansiedad que le provoca el no estar frente a la computadora.

Esta Cybermania, traducida como una tecno-adicción, tiene graves repercusiones en el desarrollo psíquico, emocional y espiritual de la persona, debido a que le genera una personalidad virtual que la lleva a ser introspectiva, tímida, distraída, fantasiosa y egocéntrica. Por tanto, es necesario conocer los riesgos a los que estamos expuestos y luchar contra ellos generando un criterio amplio en la utilización de las cosas, un espíritu de sacrificio, autocontrol, responsabilidad, prudencia y ante todo no dejarse esclavizar por las cosas materiales que se ofrecen en la actualidad.

“El Internet nos da la ilusión de estarnos comunicando, pero, antes que nada, hay que preguntarnos: ¿con quien nos estamos comunicando? ¿Cómo nos estamos comunicando? ¿De que calidad es la comunicación? ¿Y que obtendremos?”(Carlo Climati). Por eso es necesario que no nos dejemos esclavizar por una pantalla, sálganos de nuestro egoísmo y descubramos que los jóvenes hemos sido constituidos para vivir en libertad. Libertad que sólo Cristo nos ofrece (cf. Jn 8,36) sin tener miedo por defender nuestra dignidad.

Debemos comprometernos a vivir en una constante conversión que implica abandonar el pecado y recurrir a Dios, nuestro Padre Misericordioso. “Por ello los cristianos necesitamos recomenzar desde Cristo… hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él en su seguimiento, la dignidad y plenitud de la vida. Y necesitamos, al mismo tiempo, que nos consuma el celo misionero para llevar al corazón de la cultura de nuestro tiempo, aquel sentido unitario y completo de la vida humana que ni la ciencia, ni la política, ni la economía, ni los medios de comunicación podrán proporcionarle…” (Aparecida No 41)

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