Daniel Arasa, rompiendo tópicos: los católicos no sólo combatieron en el bando de Franco

El periodista e historiador Daniel Arasa publicó en 2008 el libro de investigación histórica Entre la Cruz y la República,…

El periodista e historiador Daniel Arasa publicó en 2008 el libro de investigación histórica Entre la Cruz y la República, subtitulado Vida y muerte del general Escobar (editorial Styria), en el que rompe el tópico de que en la Guerra Civil española todos los católicos combatieron en el bando de Franco.

El libro, una biografía detallada de Antonio Escobar Huerta, general para los republicanos y coronel para los franquistas, habla de la complejidad de la Guerra Civil, en la que para Arasa no tienen cabida apriorismos, ni simplificación entre buenos y malos.

Desde el Acta de Nacimiento hasta la Partida de Defunción se recorre la trayectoria del personaje, basada sobre todo en documentos extraídos de docenas de archivos, en los que, en unos casos microfilmados o digitalizados y en otros muchos no, el autor ha revisado cientos de legajos.

Sin maniqueísmos

“En el estudio de esta etapa no cabe el maniqueísmo sectario de un bando o de otro, que se sigue dando en la actualidad. Antonio Escobar Huerta es un ejemplo de una persona que por pensamiento, sentido de orden, fe católica y hasta por sensibilidad personal, parecía llamado a formar parte del bando sublevado y, sin embargo, fue fiel a la República, luchó por ella y ocupó cargos importantes. En paralelo, en el bando contrario hubo algunos masones y otros bien distantes de la Iglesia”, declara Arasa.

El autor plantea a la vez el enorme desgarro interior de personas como Antonio Escobar, que siendo profundamente católico veía como el Gobierno de la República y el de la Generalitat de Cataluña perdieron todo control y se desencadenó una persecución religiosa como nunca la hubo con anterioridad y fueron asesinados miles de religiosos, sacerdotes y laicos por el simple hecho de ser católicos.

La peripecia de Escobar permite explicar un buen número de aspectos de la guerra a través de la vida de este mando de la Guardia Civil, que llegaría a ser Jefe del Ejército de Extremadura en la última etapa de la guerra.

El libro desvela la forma en que se produjeron los asesinatos de algunos militares y religiosos en Barcelona, como fue sofocada la sublevación en esta misma ciudad, diversos aspectos de la batalla de Madrid, de los Fets de Maig (Hechos de Mayo) en Cataluña, y de la ofensiva de Extremadura, última gran operación del Ejército de la República, así como numerosos datos sobre la actuación de la Guardia Civil en el conflicto.

Escobar no quiso exiliarse al acabar la guerra, por lo que fue detenido. Con todo detalle, se describe la Causa y Consejo de Guerra contra él, se dan algunos textos profundamente místicos de la última etapa de su vida y el fusilamiento en el castillo de Montjuïc, en Barcelona, en febrero de 1940.

Hechos desconocidos

Arasa comenta en una entrevista que “más allá del propio personaje, siguiendo la trayectoria de Escobar se explican diversos acontecimientos de la Guerra Civil prácticamente desconocidos o mal narrados”.

Por ejemplo, “la matanza de militares y religiosos del convento de Carmelitas de Barcelona del 20 de julio de 1936. Se aportan datos nuevos y se clarifican detalles de la violencia allí practicada, incluida la cuantificación exacta de los religiosos asesinados y las circunstancias vividas. Algunos de aquellos carmelitas están entre los 498 mártires que fueron beatificados el pasado año”, revela el autor.

Otra de las aportaciones puntuales de Entre la Cruz y la República tiene que ver con los fusilamientos practicados en este tiempo en el castillo de Montjuïc. La investigación desvela que “sólo el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, y el general Antonio Escobar fueron ejecutados por los nacionales en los fosos del castillo de Montjuïc”, dice Arasa.

“El resto de condenados a muerte republicanos (en Barcelona), incluidos personajes tan relevantes como el general José Aranguren, fueron fusilados en el Camp de la Bota, donde hoy está el recinto del Foro de las Culturas”, continúa.

“Los nacionales consideraban ‘tierra sagrada’ el recinto de Montjuïc debido a que allí los republicanos habían ejecutado a cientos de los suyos, por lo que no quisieron fusilar allí a sus enemigos. Sólo hicieron las dos excepciones de Companys y Escobar’, añade.

Siguiendo con los detalles puntuales, Arasa recuerda que “en el caso de Aranguren se aporta el documento por el que la Santa Sede pide su indulto a Franco. Cuando responden, Aranguren ya había sido fusilado”.

Un último detalle personal sobre Escobar que menciona Arasa es que “era el teniente coronel que mandaba las fuerzas de la Guardia civil que en mayo de 1931 evitaron que incendiaran el diario ABC cuando se produjeron graves tensionesy quema de conventos”.

Memoria histórica, para todos

En relación a la polémica en torno a la Memoria Histórica, Arasa dice en la entrevista que, “de entrada, es bueno recuperar la historia y hacer justicia con todos […] este libro recupera una parcela de la historia pero no divide entre ‘buenos’ y ‘malos’, ni tiene finalidad de desquite, ni de reabrir heridas”.

“Y no por una actitud de artificial o estudiada equidistancia, sino por el rechazo a todo sectarismo, por reconocer que la realidad es muy compleja y que nadie tiene toda la razón”, agrega.

Arasa finaliza la entrevista asegurando sobre Escobar que “esta biografía que ahora publicamos lo rescata del silencio” y afirmando que reúne condiciones para poder ser beatificado.

“Así lo afirmo y así lo he dicho públicamente. La muerte de Escobar fue ejemplar. Los testimonios son impresionantes, tanto de los testigos como de los textos que él redactó en las semanas previas a su ejecución. Pero ejemplar es también su vida”.

“Era un hombre piadoso, terciario de la orden de las Adoratrices, de una enorme fidelidad al deber, entregado a su familia, impregnado de espíritu cristiano. Vivió todas las virtudes, también las cívicas, y aceptó de forma absoluta la voluntad de Dios. Baste este ejemplo: cuando le comunicaron la sentencia de muerte y tuvo que firmarla escribió ‘Bendita sea la Divina Voluntad’. Se puede comprobar en la sentencia”, concluye Arasa.

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