De Balmes a Benedicto XVI. Reflexiones en torno a una providencial visita

Cuando los ecos y comentarios periodísticos casi han ya desaparecido, es muy sano volver sobre aquello que de algún modo es de permanent…

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Cuando los ecos y comentarios periodísticos casi han ya desaparecido, es muy sano volver sobre aquello que de algún modo es de permanente actualidad. Los mismos hechos recobran en la memoria su verdadero valor e importancia. y constituyen una invitación a reflexionar sobre una realidad tantas veces deformada por las impresiones superficiales o por los filtros de las ideologías dominantes.

La visita a Santiago y a Barcelona de Benedicto XVI es uno de aquellos hechos que pueden constituir un punto de referencia no solo para los católicos sino para todos aquellos que tengan una real y verdadera preocupación por el bien común de nuestra sociedad.

Toda España y de un modo especial las ciudades visitadas por el Papa vivieron intensamente esta visita. Mas allá de la afluencia en los actos multitudinarios y de la presencia de las gentes en las calles, gran parte de la población estuvo pendiente de la retransmisión de los actos como han reflejado las noticias sobre los niveles de audiencia. Los comentarios escuchados, no necesariamente en los medios de comunicación, han sido generalmente de entusiasmo, de admiración o al menos de respeto. Lo que se vio y lo que se escuchó contrasta con el ambiente de vulgaridad y frivolidad a que estamos todos acostumbrados en nuestras pantallas. Incluso algunos medios de comunicación rompieron con determinadas formas usuales de juzgar la religión católica y a sus miembros, para sumarse al clima de respeto y admiración.

Todo ello nos ha invitado a pensar en unas palabras de Balmes justamente en este año en que estamos celebrando el segundo centenario de su nacimiento. Por cierto con muy poco eco en los medios eclesiásticos y culturales.

Balmes escribía con fecha del 6 de marzo de 1844 en el recién fundado periódico “El Pensamiento de la Nación”, un articulo titulado “La Religiosidad de la nación española”. Su idea central gira en torno a la afirmación de que “la Religión católica es el mas fecundo elemento de regeneración que se abriga en el seno de la nación española. “. Y esto, según Balmes, no es meramente un deseo o una aspiración genérica y piadosa sino una realidad manifestada por el fuerte arraigo de la fe cristiana en la vida ordinaria de los españoles. A pesar de los acontecimientos políticos y culturales en que se ha visto sometido la sociedad española durante esta primera y agitada mitad del siglo XIX la sociedad española permanece católica. Todo el artículo esta dirigido a demostrar la verdad sociológica de esta afirmación. La realidad católica de España es el fundamento real de la esperanzas de regeneración política en España. En caso contrario: “Si la generalidad- afirma Balmes- de los españoles hubiese abandonado la fe de su antepasados y se hubiesen entregado a la incredulidad y al escepticismo ,se apoderaría entonces de nuestra alma el desaliento y la postración y no miráramos al Catolicismo con respecto a la nación española sino como un recuerdo estéril”.

Compartimos el juicio balmesiano, en una España sin fe católica será muy difícil, por no decir imposible, tener esperanzas de regeneración política. Los hechos y las conductas parecen llevarnos de acuerdo con las afirmaciones de Balmes al pesimismo mas absoluto, sin embargo, cuando escuchamos emocionados de labios de Benedicto XVI que la Sagrada Familia es la “cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos” nuestro ánimo cambia radicalmente . El templo de la sagrada Familia es una obra que manifiesta de una mera única y original hasta donde es capaz de llegar el ingenio y creatividad humana cuando es inspirada por un ideal grande y verdadero como es la fe cristiana. Es una obra que desde sus orígenes ha tenido un sentido y sostenimiento popular, iniciada en una ayer no muy lejano, pero también tiene su continuidad en el día de hoy y ,si Dios quiere, en un mañana, también no tan lejano, en que la veamos ya terminada . Solo un pueblo en el que la fe aun es una realidad viva es capaz de continuar, en estos tiempo de laicismo agresivo, levantando un templo , que se ha llegado a nombrar catedral del mundo , y como decía también Benedicto XVI es una signo visible del Dios invisible.

Solo nos queda unirnos a la petición de Benedicto XVI “que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado.

Esta es la única esperanza de regeneración para nuestra sociedad

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