De lo público y lo privado en tiempos de crisis

Hablar de la crisis es desde luego algo redundante de lo que, por desgracia, vamos a continuar hablando durante más tiempo de lo que quisi&eacu…

Hablar de la crisis es desde luego algo redundante de lo que, por desgracia, vamos a continuar hablando durante más tiempo de lo que quisiéramos. Parecemos ya esos hipocondriacos que no paran de hablar de sus enfermedades, pero es que es cierto, y si de ello no sacamos conclusiones para que se produzcan grandes cambios de poco nos habrá servido tanta preocupación y el sufrimiento de muchísimos.

Un aspecto que nos aparece como una constante es que todas las instituciones, e incluyo aquí todo lo que era importante como la banca, sociedad civil y desde luego el Estado, no nos ha servido para evitarnos esta situación. Las estructuras políticas, económicas y sociales no han podido ni prever, ni solucionar ni atender la situación que no ha dejado de deteriorarse y el ciudadano tiene la impresión que las cosas se arreglan o desarreglan por una especie de movimientos cíclicos en los cuales los agentes políticos económicos y sociales influyen fuertemente en que las cosas vayan mal pero poco en que las cosas vayan bien. Son más buenos destruyendo (o no solucionando) que construyendo.

1. De aquí el que nos surja un primer punto que nos parece absolutamente básico. El Estado moderno creado a partir de la revolución de 1789 con poco más de doscientos años de existencia es incapaz de manejar las situaciones modernas, contemporáneas. Hemos engordado un estado hasta límites casi insostenibles, pero su estructura y capacidades no ha sido realmente capacitada para nuevos emprendimientos.

Seguramente, uno de los aspectos más importantes de las crisis recientes y desde luego de esta última tiene que ver con el capital financiero. Pues bien, debemos remontarnos hasta un lejano 1910 para encontrar una brillante obra de un marxista austriaco, Rudolf Hilferding, que con su magnífico Das finanzcapital, apuntaba claramente las líneas del crecimiento y problemas financieros. Y no ha sido el señor Tobin, quien explico la necesidad de gravar los movimientos de capital con una tasa, o el señor Soros, famoso por sus especulaciones millonarias con movimientos de capital que arruinaron países enteros en Asia, que nos han señalado claramente las consecuencias. Y no han sido empresarios, políticos (la mayor parte de cajas) y financieros, que estaban en las entidades y han demostrado estar más atentos a sus gabelas, retribuciones, compensaciones y otros millonarios premios que nadie entiende. ¿Será acaso por sus éxitos que se premian?

Y como para muestra un botón, me retrotraigo hasta los inicios de la democracia. Una pequeña institución que tenía como 60 funcionarios, la mayoría técnicos, y se gobernaba por un consejo ad honorem y un generante. Al llegar los partidos (la democracia), resultó que iba bien como carta de trueque y así resultó que se puso un gerente del otro partido, pero el presidente era el dominante, pero como era un tripartito se crearon seis (que menos, dos para cada uno) de direcciones de servicios o subgerentes; claro, como el presidente no podía estar había un vicepresidente ejecutivo. Cada uno de estos necesitó un despacho, un asesor, una secretaria, un chofer, un coche. Un representante de cada grupo político .Todo ello sin incrementar el presupuesto global, ya que los ingresos eran los mismos. Se convirtió en una entidad macrocéfala sin que hiciera nada de nuevo, solo que se tardaba más en hacer lo mismo y los costos eran más elevados. Pero la idea de que ese dinero era del ciudadano nunca apareció en ninguna conversación. Se crearon comisiones cuyos miembros tenían dietas, además de los argos de dónde venían (alcaldes, concejales), en fin no me alargo. Esto pasó ahí, pero pasó en muchos más sitios y en todos estos años el Estado engordó y engordó. Asumió funciones y funciones cuyos costos nunca fueron evaluados en el sentido de si era más económico o más eficaz el que lo asumiera el sector público o reducir los impuestos, o dar subvenciones al privado, incluyendo claro está instituciones sin fines de lucro.

No conozco ninguna institución que haya hecho una reingeniería de organización durante estos años y el cambio de tendencias nos ha pillado con instituciones gordas poco flexibles y eficaces que responden más a intereses políticos (esto es de grupo, de colectivo) que a intereses ciudadanos, que a los intereses del pueblo.

La reacción a esta situación ha sido la de recortar la inversión, lo que ha ocasionado graves impactos negativos en toda la sociedad, sin que los gastos corrientes se vieran realmente reducidos. Stiglitz, Krugman y otros muchos advierten que esta política un tanto simplista solo genera recesión y al problema inicial se nos añade otro problema.

Si entramos en el otro punto más destacado del ámbito político que no se haya resuelto, y es el del medio ambiente, el del cambio climático, nos daremos fácilmente cuenta de lo poco eficaces que hemos sido y seguimos siendo. Puede que excepto Alemania, que independientemente del color político de su gobierno ha ido progresando en políticas medio ambientales, el resto de países del mundo, comenzando por Estados Unidos y Rusia, y aquí todos los BRICS, están siendo absolutamente depredadores con unos efectos que vemos cada día. Multitud de científicos nos hablan de los peligros de extinción de especies, de acrecentamiento de fenómenos catastróficos, de inundaciones de ciudades costeras, de agotamiento de recursos, de escasez de alimentos, etc.

Es evidente que la nueva situación del mundo y de la economía necesita de otras instituciones, necesita de otras formas de participación de la ciudadanía. Es urgente una reingeniería institucional en todo el mundo y ello implica reducción de instituciones, flexibilidad, transparencia, otros modos de gestión y participación y nuevos poderes que enfrenten con capacidad las circunstancias actuales. Debe enfrentarse claramente el dilema publico/privado, deben intervenir posiciones mixtas, ongs y sobre todo los ciudadanos.

2. Nos encontramos con que una generación, seguramente la más preparada de nuestra historia, se convertirá, se ha convertido ya, en la más fracasada, en la más frustrada, en la que tiene menos derechos adquiridos, en la que tendrá menos derechos de jubilación, etc. Pero, ante el Estado, ese Estado culpable que ha visto, ha observado, el desastre y no ha sabido hacer nada, nos preguntamos que les ofrece a tanta gente que sufre y ha sufrido, que malvive como puede, que no tiene vivienda que difícilmente puede construir una familia. ¿Acaso tiene ventajas en salud, en educación o en vivienda? Es urgente que los poderes del Estado arbitren soluciones paliativas de emergencia, de compensación, o acaso el Estado no tiende a ayudar a los más desvalidos, a las rentas más bajas (en este caso a los no rentas y no por culpa de ellos).

Nos encontramos ante un problema que a los poderes públicos les molesta mucho mencionar y es el de la moral. Realmente, ¿hay moralidad pública, existen códigos éticos o es que eso ya no cuenta, no es de esta época? ¿La política no procura el bien común? Para muchos el problema no se solucionara hasta que no entremos en un clima regeneracional de una nueva moral, o es que les parece moral que un 1% de la población reúna el 53 % de la riqueza (o sea más que el 99%). Nuestro problema hoy no es sobre cuál es el sistema económico más adecuado, si el capitalismo es malo, perverso. El problema es que unos poquísimos dominan todo y lógicamente también a los políticos, como en el caso de los Estados Unidos, donde el lobby es la política básica normal y cotidiana. Nos quejamos de los narcos porque con su grandioso volumen de capitales compran políticos, gobiernos, policías, etc., pero resulta que los más ricos hacen lo mismo y, claro, el resto de la población no ha dejado de empobrecerse.

3. Realmente, uno se sorprende con las propuestas de los políticos, que son propuestas simples a situaciones complejas. Ya no va a existir nunca más recetas de manual. Recuerdo que el Plan de estabilización de 1959, realizado por el economista Joan Sarda Dexeus, que fue la antesala hacia el crecimiento de los años 60, contenía como una 80 medidas, claro que el cambio con el dólar era la estrella pero había muchos más. Hoy en día tienen que haber muchísimos más medidas generales y más aún particulares, para cada municipio, provincia y comunidad autónoma, para cada Ministerio, para cada institución autónoma, para cada sector .Para el tema fiscal como ingreso y como para el gasto. La verdad, el país no está a este nivel. Se continúa creyendo en las grandes medidas. Se continúa creyendo en golpes y a veces lo que en un sitio es un golpe en otro es insuflar nuevos recursos. Conseguir contener la crisis en el sector público y el privado y generar crecimiento no es algo fácil y requiere una organización y expertos en todos los lugares coordinados adecuadamente. Hoy no se ve esta capacidad de realizar políticas anticrisis y regeneracionales a la vez. Tampoco se ve a expertos técnicos que se dediquen a ello. ¿Cuántas personas se ocupan constantemente a esto?, ¿en cuántas instituciones? ¿Han analizado las propuestas que ha generado la sociedad, inclusive las más aparentemente disparatadas?

Ha habido propuestas anticrisis importantes, algunas muy positivas, otras discutibles, el profesor Navarro en un libro reciente encabeza algunas de ellas. Arcadi Oliveras, de Justicia i Pau, es otro proponente, los indignados, los iaioflautes, Susanne George de Attac, premios Nobel de economía: Stiglitz, Krugman, la iglesia Católica, el propio Fórum Libertas y muchísimos más.

Sin entrar a valorar a éstos ni a los muchos más que hay, se ve que existen aportes importantes que habría que canalizar. A veces son fruto de la reflexión, a veces de posturas políticas, otras del propio sufrimiento y frustración. Pero hoy más que nunca los poderes públicos deben ser incluyentes y valientes, ya que esta situación no requiere de timoratos ni de brutos o necios que crean que con un hacha se arregla todo. Es evidente que lo que hoy es lujo no se puede tolerar en el sector público. Personas que cobran cuatro o cinco retribuciones no son de recibo. Si solo ocupan un horario de trabajo solo han de cobrar un salario. Esta y otras muchas medidas de sanidad deben ser implementadas en todos los niveles de la administración.

4. El tema vivienda, seguramente uno de los más lacerantes a nivel social, debe encontrar una rápida solución para los adquirentes de viviendas que han visto reducir su valor patrimonial a la mitad, o sea que ni realizándolo al nuevo valor se pueden desligar de las obligaciones hipotecarias adquiridas. Existen fórmulas creativas al respecto y en los USA se están aplicando y que desde luego pasan por pactos con la banca que se arriesga si no a incrementar más aún sus activos sobrevalorados.

También aquí expertos avisaron de la sobreproducción de los altos precios de mercado de los riesgos que se venían, pero ni los bancos ni el Gobierno regularon ni tomaron medidas adecuadas, antes al contrario, tomaron las medidas exactamente al revés.

Nadie entiende que hacían los bien pagados consejeros de los bancos o el propio Banco de España o acaso no es función del Banco de España el regular la actividad bancaria. ¿Cómo pudieron autorizar créditos por encima del valor del bien garantía? ¿Ninguna de estas personas tenía ninguna responsabilidad, nadie es responsable, nadie se equivocó? ¿Por qué no hemos visto que se actuara en contra de ninguno de los supuestos responsables? Más bien hemos visto que se retiraban discretamente con importantísimas e injustificadas compensaciones.

¿Acaso es lógico que hoy se despida el señor Rato diciendo lo bien que lo deja todo y al final resulta que “faltan” 24.000 millones de euros? ¿Qué pasó, no había contabilidad?, ¿alguien la falsificó? ¿Por qué los del Banco de España no se enteraron? Son preguntas demasiado importantes como para ignorarlas. Y es que en la Administración Pública no hay responsables. Si en una empresa te equivocas te va en ello tu propio patrimonio y un sinfín de consecuencias negativas, en el sector público no. Es imposible seguir así con una total impunidad.

Nadie entiende por qué alguien con una empresa en la que por las circunstancias que sea disminuyen el valor de sus activos se ve obligado a reducirlos a su valor real, preciso, de mercado. Pero también es posible que como resultado de ello deba requerir más capital de sus socios después de una operación acordeón, donde lógicamente el valor de las acciones se habrá visto ajustado a la baja. En fin no me alargo. En el sector privado hay muchas acciones que se llevan a cabo en situaciones de crisis. Pero nadie entiende que en España el sector bancario afecte plenamente al sector publico haciendo que una deuda pública que no era tan grande como en otros países, como Francia y Alemania, por ejemplo, llegue a impactar de tal forma que la deuda publica pase a convertirse en casi basura.

5. La percepción del ciudadano de la política y los partidos políticos es muy baja. Ya no vale aquello de izquierda y derecha, pues difícilmente ninguno de ellos lleva hoy en día asociados valores indiscutibles y tanto unos como otros han generado casos y casos de corrupción, la mayor parte de ellos tapados, e incluso que nunca salieron a la luz pública y los que lo hicieron se quedaron en agua de borrajas. En esta situación, el ciudadano vería con muy buenos ojos el que la reingeniería que debe afectar a toda la sociedad afecte también en profundidad a los propios partidos y sus organizaciones. Normas más claras deontológicas, la política como un servicio a la sociedad no a uno mismo y las consecuentes transparencias en las finanzas de los partidos, cosa que nunca el ciudadano ha podido ver hasta el día de hoy al menos.

Recuerdo que una vez unos políticos me comentaban de un compañero suyo lo que había hecho. Me preguntaron qué pensaba y yo a mi vez les pregunte ¿Ya lo habéis expulsado del partido? ¿Ya lo habéis denunciado al juzgado de guardia? No me contestaron, es que es un compañero y, claro, el partido saldría perjudicado. A lo que conteste, claro, que salga perjudicado el pueblo, el ciudadano, no es problema, pero el partido debe poner toda la basura bajo la alfombra. Bueno, me contestaron, no ira a las próximas elecciones. Eso ha sucedido miles de veces en estos años y se convirtió en una especie de praxis política. Nadie es corrupto y nadie lo hace mal hasta que todo explota como ahora.

La regeneración de todo el entramado político, comenzando por los partidos, es básica para devolver la confianza al ciudadano que la perdió hace muchos años.

6. La verdad es que es muy difícil pensar en una salida de la crisis sin subsanar todos estos aspectos y generar proyectos y proyectos de desarrollo, revisar a fondo la actuación pública, etc. Los ciudadanos esperan y merecen más de la Administración Pública en general y del Gobierno en particular.

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