¿De quién son las iglesias?

La pregunta parece tener una respuesta obvia: pues son de quienes las han hecho en razón de su fe, las han cuidado y las usan en toda la medida…

La pregunta parece tener una respuesta obvia: pues son de quienes las han hecho en razón de su fe, las han cuidado y las usan en toda la medida de lo posible. Las iglesias son de la Iglesia. A nadie se le ocurriría preguntar y discutir de quien es una propiedad comunal basada en la tradición, el derecho consuetudinario y el uso, un bosque, por ejemplo, excepto a cuatro posibles interesados por el negocio que perderían toda su credibilidad pública. A nadie le sorprendería que, para evitar esas sorpresas, el municipio en cuestión, de acuerdo con la ley, normalizara la situación jurídica, registrando un buen día la titularidad del bosque.

Pues bien, esto que es tan evidente parece que deja de serlo a ojos de algunos cuando se trata de una propiedad que también es de un pueblo, el Pueblo de Dios, la Iglesia. Pero hay algunos grupos -pocos y migrados- en Córdoba y Navarra que opinan lo contrario. Por ejemplo, el de Córdoba se opone que la Iglesia sea el titular de la Catedral, y una de sus razones es que su origen fue musulmán. Son en realidad reivindicaciones que poco tienen a ver con el derecho mas fundamental, el que surge del uso, la tradición, el consuetudinario, porque son ideológicas en el mal sentido del término, cortinas, barreras que impiden asumir la realidad. El PSOE se ha reunido con estas dos plataformas, porque ya se sabe que toda embestida contra la Iglesia siempre acaba encontrando un cierto acomodo en el socialismo español. Es en parte una tradición, y en parte una estrategia electoral.

Pero, la verdad es que nos da la impresión de que todo esto suena a otra época, una en la cual el PP y el PSOE, más el segundo -en computo de tiempo- que el primero, dilucidaban entre ellos el poder. La crisis, su injusto abordaje, la corrupción, han creado las condiciones para la desafección política y la emergencia de Podemos, que puede ser la segunda fuerza en España, sino la primera. Naturalmente, esto es una foto de actualidad, lo que arrojan ahora las encuestas, y que cuando lleguen las elecciones generales puede ser distinto; pero, en cualquier caso, la quiebra del bipartidismo, la dificultad en formar gobierno, y la eventual formación de una coalición de la que forme parte Podemos es una hipótesis razonable.

En este nuevo escenario, la Iglesia ha de alcanzar la excelencia en la comunicación de sus razones, tanto espirituales como materiales; explicar incluso la evidencia, porque son suyos determinados edificios religiosos. Y, más allá de ello, dar cuenta de la práctica de su fe. Esto tiene muchas dimensiones. Señalemos una de importancia, Cáritas: desde la parroquia a la diócesis, pasando por las propias Cáritas territoriales, debe modificarse la percepción excesivamente generalizada de que Caritas es una cosa y la Iglesia, el obispo, la parroquia y el párroco, otra. Hay que ofrecer la realidad, es decir la verdad: Cáritas es la dimensión de la caridad eclesial organizada; Cáritas y todas las demás obras. Quien más y mejor han ayudado ante la crisis son las familias y la Iglesia, lo primero está claro, lo segundo no, y el fallo distribuido en porciones distintas es nuestro. El cambio de época exige prestar mucha mas atención a estas cuestiones. Y quien dice Cáritas dice toda acción social, solidaria, de las Congregaciones religiosas, que son distintas formas de vivir en el espíritu de la Fe de la Iglesia. Y esto exige presentar la acción social bajo este denominador común. Las razones para imprimir estos cambios nos parecen evidentes, los costes de la inacción en los nuevos tiempos también.

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