Debemos volver a Europa

Con notorias dificultades, el Gobierno italiano ha aprobado una ley llamada DICO (Derechos y Deberes del Conviviente). Una ley que guarda muchos punto…

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Con notorias dificultades, el Gobierno italiano ha aprobado una ley llamada DICO (Derechos y Deberes del Conviviente). Una ley que guarda muchos puntos de contacto con la PACS (Pacto Civil de Solidaridad).

Esta ley, con algunas excepciones, establece que “dos personas mayores de edad, incluidas las del mismo sexo, unidas por recíprocos vínculos afectivos, que conviven y se prestan asistencia y solidaridad material y moral” tendrán algunas garantías.

Concretamente, el derecho a continuar el alquiler del piso, es decir a subrogar el contrato si vivían juntos desde hace tres años, así como el derecho a visitar al otro en el hospital.

También el superviviente tiene derecho a heredar de su pareja fallecida pero sólo si llevan nueve o más años de unión. Las declaraciones falsas podrán ser castigadas entre 1 y 3 años de cárcel y una multa de 3000 a 10000 euros.

Esta ley, como antes la francesa, enfoca los problemas prácticos que pueden tener las parejas convivientes, también las homosexuales o de otro tipo, sin establecer ninguna confusión con el matrimonio.

En Italia, esta ley ha tenido serias dificultades por discrepancias en el seno del gobierno, por encontrarla que se prestaba a confusiones con el matrimonio, cosa que rechazaban todos los partidos de la amplia coalición gobernante excepto la minúscula Refundación Comunista y el simbólico Partido Radical.

Los dos grupos mayoritarios, el Partido de los Demócratas, heredero de la gran organización y liderazgo social del Partido Comunista Italiano, quería una ley a la francesa pero rechazaba de plano cualquier cosa que se pareciera a lo que se ha legislado en España. La Margarita, el otro gran partido, en este caso de inspiración cristiana, quería reducir al mínimo las ventajas de la ley. Al final, el péndulo se ha inclinado bastante en esta dirección.

A pesar de ello, la tramitación parlamentaria puede resultar complicada.

De esta manera Italia se inscribe en el grupo de países que tienen legislada la existencia de determinadas ventajas para aquellas personas que forman una unidad de convivencia, sin entrar a supuestos que puedan equipararse al matrimonio.

El otro gran grupo es el de aquellos Estados que rechazan tan siquiera esta posibilidad, y que son mayoría en la UE-27.

Sólo existe la anomalía española compartida por Holanda (en Bélgica el matrimonio homosexual no permite la adopción, es “otro tipo de matrimonio”) pero como es sabido nos diferenciamos de Holanda en que aquí se ha seguido la vía de sustituir el hombre y la mujer, el padre y la madre, del Código Civil por la expresión unisexual de cónyuges y progenitores.

El legislador español ha introducido la originalidad universal de convertir en criterio general la unión asexuada, demostrando así su ciego seguimiento de la ideología de género.

España debe volver a la normalidad, y esto significa dejar sin efecto las aberraciones que se han cometido en el Código Civil que nos convierten en una anomalía mundial, sin ninguna razón que pueda justificar tal extremo.

Zapatero dice y repite que si el PP llega a gobernar no cambiará esta ley. Es posible. Por eso es tan importante ayudar a que lo haga, lo cual pasa obviamente antes por el objetivo de que el autor de estas leyes deje el gobierno.

Es una cuestión central modificar la ley que permite el matrimonio homosexual, una prioridad. Para ello algunos criterios deben ser tenidos en cuenta. Primero, esta modificación no se produciría en una nueva legislatura a no ser que se lleve a cabo en los dos primeros años de la misma.

Segundo, no se debe actuar por la vía directa de la modificación pura y dura sino a través de una ley, de pongamos por caso, “fomento y protección de la institución social del matrimonio y la paternidad y maternidad educadora”, que desarrolle los principios constitucionales relacionados con estos aspectos, aporte medios para facilitar la estabilidad y conciliación de los matrimonios, para promover el potencial y ejercicio educador de padres y madres, y que en este contexto derogue las modificaciones del Código Civil, restituyendo el carácter obvio del hombre y mujer, padre y madre.

Esta ley debería establecer alguna Disposición Transitoria para regular la situación de los escasos homosexuales que se han casado y aún en menor número, los que han adoptado y, por otra parte, legislar un nuevo marco jurídico al estilo italiano o francés.

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