Debilidad parlamentaria… también en el Congreso

El Gobierno ha sufrido un indudable revolcón parlamentario al no haber podido aprobar la reforma del sistema de elección de jueces, dado que se tratab…

Forum Libertas

El Gobierno ha sufrido un indudable revolcón parlamentario al no haber podido aprobar la reforma del sistema de elección de jueces, dado que se trataba de una ley orgánica y ello requería de una mayoría de 176 votos que no alcanzó. El problema no fue la falta de diputados teóricamente dispuestos a votar afirmativamente, sino su ausencia. Este resultado pone en evidencia una cuestion que la sociedad española no tiene asumida en la medida que corresponde. Se trata la de la frágil mayoría que el PSOE tiene en el Congreso, 164 diputados, menos de los que necesita en cualquier trámite de aprobación aunque sea una ley ordinaria, lo cual le exige siempre el apoyo de otros grupos parlamentarios.

Esta fragilidad, que tampoco hay que dramatizar, es mucho mayor en el Senado (y ahí sí que incurre en un riesgo importante) ya que, en la segunda cámara, la mayoría relativa es del primer partido de la oposición, el PP, el cual consigue la mayoría absoluta de 130 con el apoyo de sólo 4 senadores. Naturalmente, en el marco institucional español, el Senado es sólo una cámara de segunda lectura y, por tanto, no puede vetar leyes como sucede en otros países (por ejemplo Estados Unidos). En el supuesto del rechazo senatorial, la ley vuelve al Congreso para su ultima lectura y aprobación definitiva. Pero es evidente que las leyes aprobadas de esta manera, aunque tendrían una sanción legal, su legitimidad sería muy dudosa, especialmente si se trata de cuestiones fundamentales.

En este sentido, no parece institucionalmente deseable que se pretenda reformar el sistema de elección de jueces, que es una cuestión indudablemente delicada y que exige precisamente el rango de ley orgánica, sin un consenso mayoritario y, por tanto, sin un trabajo conjunto con el Partido Popular. Lo mismo podría decirse de la ley que persigue modificar el Código Civil transformando radicalmente la naturaleza del matrimonio para permitir que dos personas del mismo sexo puedan casarse.

Todo país necesita combinar la libertad y el lógico pluralismo político con la estabilidad. Ésta es la condición fundamental para que las cosas funcionen y la política no sea el ámbito generador de conflicto en la sociedad, sino el medio que construye el bien común; es decir, que crea las mejores condiciones para que cada persona y cada familia pueda alcanzar su mejor y mas armónico desarrollo. 

El pretendido talante dialogante del presidente Rodríguez Zapatero no se manifiesta en actos. La tramitación de esta ley sobre la elección de los jueces lo manifiesta. Las razones del Gobierno pueden ser muy válidas, pero no suficientes en este caso sin un esfuerzo para encontrar puntos de acuerdo con el Partido Popular. Y esto se extiende a campos que no son estrictamente parlamentarios, como las desgraciadas declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel-Ángel Moratinos, o el adoctrinamiento moral que se ha apoderado de las televisiones publicas y que despierta un rechazo y unas reacciones crecientes en muchos sectores de la sociedad que no comparten la concepción moral con la que los socialistas están impregnando toda la programación para convertir a TELEVISIÓN ESPAÑOLA (TVE) en “la suya”. En definitiva, por una vía distinta, José Luis Rodríguez Zapatero está también polarizando a la sociedad española. Es un camino que debe rectificar.

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