Del Pacto de Estado a las “chapuzas del hogar”

Recapitulemos: el Rey planteó la necesidad de un Pacto de Estado dada la difícil situación económica. El portavoz de CiU, …

Forum Libertas

Recapitulemos: el Rey planteó la necesidad de un Pacto de Estado dada la difícil situación económica. El portavoz de CiU, Duran Lleida,presentó una necesidad semejante. Hubo un duro debate en el Congreso de los Diputados en el que el presidente del Gobierno ofreció una comisión para negociar no ya un pacto sino algo de menor entidad, pero que podía ser también importante, como son determinados acuerdos. Y todo esto se concreta ahora con unas propuestas que tienen como elementos de mayor relieve el apoyo a la construcción para la rehabilitación y los préstamos directos del Instituto de Crédito Oficial (ICO).

El simple enunciado basta para constatar el carácter progresivamente descendente del tema. De un Pacto de Estado a la rehabilitación doméstica o, como dicen la gente del sector, que no nosotros, “las chapuzas del hogar”. Es evidente que algo muy importante no encaja en todo esto. Si todo lo que consigue una intervención real es lo que presenta el Gobierno algo muy grave está fallando, incluso más allá de la crisis económica.

Esta es una reflexión obligada que toda persona responsable debe formularse. O el Rey se equivocó de una manera radical interviniendo de manera tan concreta, o bien estamos gobernados por unos insensatos. O, si se quiere en otros términos, o bien nuestra situación económica es muy difícil o, por el contrario, se puede resolver en una medida decisiva incentivando la rehabilitación de viviendas. Esta es una primera y necesaria consideración.
¿Significa esto que lo que ha propuesto el Gobierno no es positivo? No, porque sí lo es. Facilitar la rehabilitación puede ser una buena medida, pero su incidencia será modesta. Los expertos del sector ya anuncian que es imposible que se creen 350.000 empleos. Además, en contra de lo que pueda parecer, implementar esta actuación va a requerir tiempo porque exigirá modificar lo actualmente legislado en la ley del IVA, incluido el concepto de rehabilitación que con su actual definición se ajusta mal a lo que se persigue.
Mucho más consistente es el que el ICO se convierta en una ventana abierta al crédito a las empresas, porque si esto funciona bien puede paliar uno de los estrangulamientos clave que sufren las PYME. Y, también, será una buena medida que las Administraciones Públicas paguen a 30 días. La cuestión en este caso es cómo se van a financiar las CCAA y los Ayuntamientos para conseguirlo y qué sucede con el enorme embalsamiento de facturas no pagadas que yacen en el reino de los justos. ¿Se va a proceder a una liquidación ordenada, o lo de los 30 días sólo rezará para las nuevas facturas que se emitan cuando esta obligación sea normativa? No es un punto menor porque estamos hablando de una gran masa monetaria que afecta a la supervivencia de muchísimas empresas.
Hay que añadir que este planteamiento del Gobierno no le hará ganar credibilidad, ni en los mercados internacionales ni en el ámbito interior. Porque todas estas medidas eran evidentes hace un año, algunas de ellas fueron reiteradamente propuestas por los agentes empresariales o por partidos políticos, y siempre rechazadas. Y, por otra parte, no tienen ningún encuadre en el famoso plan para la economía sostenible. En realidad, se trata más bien de ver si conseguimos arrancar un poco la máquina con más de lo mismo, lo cual dice mucho del realismo de última hora y muy poco a favor de la política que ha venido desarrollando el Gobierno. ¿Cómo confiar en quien pasa de la economía sostenible y el cambio de modelo económico al tocho en cuestión de semanas?
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