‘¿Democracia en la Iglesia?’, de Joseph Ratzinger y H. Maier

Con motivo de su elección como sucesor de Juan Pablo II, se están publicando en español la mayoría de los trabajos del cardenal Ratzinger, ya sea trad…

Con motivo de su elección como sucesor de Juan Pablo II, se están publicando en español la mayoría de los trabajos del cardenal Ratzinger, ya sea traduciendo por primera vez obras inéditas en España, o bien  reeditando trabajos de hace tiempo.
A esta segunda categoría pertenece el libro que comentamos, que data de la década del 70. Se trata de un par de artículos de Joseph Ratzinger y de Hans Maier en los que ambos profesores salen al paso de una polémica del momento: la adaptación de la Iglesia a la corriente “democratizadora” que inundó Europa tras la revolución del 68 y su contestación de toda autoridad “tradicional”.
Así como hay algunos tópicos modernistas de los 60-70 que siguen presentes en nuestros tiempos (supresión del celibato sacerdotal, sacerdocio femenino, y eliminación de toda norma moral relacionada con la sexualidad), hay que reconocer que el de la democratización de la Iglesia está fuera del debate contemporáneo. Esto hace que el libro que comentamos tenga un interés más histórico que actual, aunque no deje de iluminar cuestiones del momento presente.
En este sentido, podemos citar la distinción que hace Maier a propósito de la democracia, defendiendo su carácter de régimen político (esto es, modo de designación del gobernante) frente a quienes sostienen una “democratización” de la vida social, concepto que esconde la emancipación del individuo de todo referente que no sea su propia voluntad y deseo. No sólo la democracia no debe extenderse más allá de la organización política (lo que implica que la sociedad –la familia, la empresa, la escuela- debe guiarse por otros principios), sino que el gobernante elegido debe ejercer la autoridad para ordenar la sociedad al bien común, aun cuando sus decisiones puedan ser impopulares; e incluso, como subraya Ratzinger, la misma democracia necesita de una sociedad asentada sobre sólidos principios morales. En resumen, no puede haber régimen político estable en una sociedad moralmente desarmada.
¿Por qué no extender la organización democrática a la Iglesia? Para responder a esta pregunta, se plantean estos autores la cuestión de la analogía entre comunidad política y Estado. Ambas son comunidades humanas, pero hay un elemento que introduce una distinción tan grande entre las mismas, que todo mimetismo se torna imposible. Así como toda comunidad política no deja de ser una obra humana, en el caso de la Iglesia nos encontramos con la obra de Dios. No sólo es que Dios se haya revelado al hombre, sino que en el momento cumbre de la historia, el mismo Dios se ha hecho hombre, prometiendo a la Iglesia naciente que se quedaría con nosotros hasta el final de los tiempos.
En la vida de la Iglesia hay, por tanto, un núcleo que está más allá de la ordenación humana. En el resto, la capacidad de cambio es grande. Para ello distinguen, en las funciones de sacerdotes y obispos, lo que es propio del ministerio sacerdotal de lo que es puramente organizativo, ámbito este último en el que los laicos pueden tener entrada. No obstante, a mi entender no dan las razones por las cuales, después de tantos discursos sobre la hora de los laicos, al final su mayor participación en la vida de la Iglesia deba consistir en convertirse en una especie de sacristanes, en lugar de restaurar todas las cosas en Cristo, como dice el Decreto conciliar sobre el apostolado seglar.
No obstante, y quizá sea lo más sugestivo del libro, Ratzinger introduce en el debate un criterio especialmente sugestivo. Frente a quienes se inquietan por el desinterés con que los fieles viven las cuestiones organizativas (con la paradoja de que al final los corifeos de la participación laical en estructuras eclesiales son casi siempre eclesiásticos), el entonces profesor de Teología ve en ello un síntoma de salud mental y de vivencia sincera de la fe. 
Y es que, cuando hay fe, lo esencial es la vida en Cristo, que lleva al servicio a los hermanos. Criterio de ayer, de hoy, de siempre. Después de conocerlo, ¿debemos ocuparnos en que haya una conferencia episcopal catalana?
¿Democracia en la Iglesia?
J. Ratzinger y H. Maier.
Ed. San Pablo
Madrid, 2005.
7,50 euros
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