‘Democracia real’ sin líder pero con causa

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El movimiento social Democracia Real Yaorganizó el pasado domingo 15 de mayo actos de protesta en 50 ciudades de España bajo el lema “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. El denominador común de las protestas es la indignación por la situación social y económica que ha traído la crisis económica y la gestión deficiente de los políticos y banqueros. Unas 150.000 personas secundaron las protestas. En sólo cinco días las redes sociales, en especial Twitter, han generado tal cantidad de mensajes dentro y fuera del país que los medios tradicionales no han tenido más remedio que darles cobertura entre dos y tres días después del domingo.

Aunque inicialmente el moviendo se ha gestado a través de las redes sociales, a raíz de las protestas contra la ley Sinde o la SGAE, muchos ciudadanos de toda condición y edad se han unido a la causa. El epicentro de las concentraciones es la madrileña plaza del Sol. En Barcelona, la plaza Cataluña congrega varios centenares de personas que han decidido acampar por las noches. Durante el día se organizan comisiones de gestión del espacio: material, comida, asamblea o comunicación. Hay quien colabora dando comida, ofreciendo mantas, una ducha en una casa cercana a la plaza o con aportaciones económicas. Cada noche da lugar una asamblea donde se plantean todas las propuestas y se redacta una acta con las conclusiones. También se escenifica la protesta con una cacerolada que suele reunir dos mil personas.

Al tratarse de una acampada pacífica y no de una manifestación, los distintos ayuntamientos han reaccionado con cautela. El de Barcelona dio permiso inicialmente hasta el próximo domingo 22, día de las elecciones municipales y de algunas autonomías. El pasado jueves 19, la Junta Electoral prohibió cualquier manifestación a partir de la jornada de reflexión. En algunas ciudades como Granada o Madrid se han desalojado a manifestantes por la fuerza pero en Barcelona se llegó a un pacto con la Guardia Urbana: podían acampar por la noche si se ocupaban de la limpieza de la zona.

Coordinación, sí. Voz única, no. Utilización política, todavía no
Lo primero que necesitan los medios al analizar un fenómeno de estas características es etiquetar el movimiento de alguna forma y hablar con la cabeza visible. Pero para su sorpresa se han encontrado que más allá de la coordinación entre protestas en las diferentes ciudades no hay ninguna organización que los represente. Hablando con cada uno de ellos no se sacan más que opiniones individuales.

Cualquier atisbo de politización mediante partidos o sindicatos ha sido repelido. En Sol rechazaron material de los sindicatos y en plaza Cataluña no fue muy bien recibido Jordi Portabella (UxB) que se dejó ver para hablar con los manifestantes y de paso anunciar que cambiarían la localización del acto final de campaña, inicialmente previsto en dicha plaza, a otro lugar próximo. No han faltado políticos que han intentado hacerse suyas las proclamas de estos días. El más explícito ha sido Cayo Lara (IU). En este sentido hay otras interpretaciones interesadas. Todo el mundo se apunta un tanto: desde el PP se atribuyen las protestas al desgaste del gobierno mientras que desdeel PSOE se simpatiza con reivindicaciones como las críticas a los bancos o a la supresión del impuesto de sucesiones.

Sin embargo, con las imágenes de la primavera árabe aún en la retina, las elecciones municipales y las generales en el punto de mira, el miedo a perder el statu quo se ha instalado en los gobernantes y les ha pillado a contrapié.
A pesar de que las propuestas consensuadas hasta el momento carezcan de solidez y el futuro de la protesta sea una incógnita, pocos discuten que los manifestantes estén cargados de razones. No sólo se trata de protestar contra la crisis, ni de derrocar un gobierno en particular. Se ha dado un golpe encima de la mesa para denunciar la situación económica y social que estamos sufriendo. Motivos no faltan. Algunos de ellos son: una tasa de paro del 20%, o sea decinco millones de personas (el 10% de los parados de todo el mundo occidental), un 40% de paro juvenil, el cierre del crédito, la guillotina de las hipotecas, la presencia de líderes corruptos en las listas electorales, el sistema democrático deficiente que sólo da espacio a la participación ciudadana una vez cada cuatro años o un sistema económico basado en la especulación que está criando la próxima crisis.

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