Democracia y libertad

A finales de 2010 se iniciaba en Túnez la denominada “primavera árabe”, por un reclamo democrático y de mejoramiento …

A finales de 2010 se iniciaba en Túnez la denominada “primavera árabe”, por un reclamo democrático y de mejoramiento de las condiciones de vida.

Rápidamente estas masivas protestas se extendieron por todo el mundo árabe con éxitos muy dispares. Túnez ha sido el país de la región donde se han obtenido unos mayores éxitos y posiblemente el único. Esta revuelta fue causa de la caída del dictador Ben Alí y la posterior convocatoria de elecciones democráticas que supuso la victoria del partido Renacencista (Afiliado a los Hermanos Musulmanes). Hoy, un gobierno de unidad está redactando una nueva Constitución y parece que existe una cierta estabilidad.
Los otros dos países donde las revueltas supusieron un derrocamiento del régimen fueron Libia y Egipto. En el primero, supuso la caída del dictador Gadafi después de una sangrienta guerra civil y la convocatoria de unas elecciones ganadas por el partido moderado AFN. Hoy, con una constitución basada en la Sharia, la inestabilidad del país es muy grande con diferentes facciones enfrentadas entre las que se cuentan los salafistas del Ejército Islámico y los yihadistas de Ansar as-Sharia y con un gobierno que no tiene ninguna autoridad en la mayoría del país.
El segundo, Egipto, parece que ha vuelto a la línea de salida de hace 3 años. El 11 de febrero de 2011 Hosni Mubarak renunciaba a la presidencia. Se abría entonces una etapa transitoria bajo la tutela del ejército que derivó en la convocatoria de unas elecciones democráticas donde fue elegido como presidente, por un estrechísimo margen, Mohamed Mursi, el candidato de los Hermanos Musulmanes. Se redactó una nueva constitución inspirada en la Sharia y se aumentaron los poderes presidencialistas. Estos hechos, en una sociedad ya por sí muy dividida y profundamente heterogénea hizo salir a la calle a miles de personas pidiendo la dimisión de Mursi. Finalmente el 3 de julio de 2013 fue derrocado por el ejército. Estos episodios han supuesto que Egipto se haya vuelto un país conflictivo e inestable consecuencia de este hecho, es el desplome del sector más importante del país, el turismo, de hasta un 200%, comparado con antes de la revolución: esta contracción económica ha supuesto también un gran aumento del paro.
Haciendo un balance general de las revoluciones árabes, incluyendo el caso de Siria, vemos que los resultados no han sido buenos, más bien al contrario, muchos países que eran estables hoy son focos de yihadistas y conflictos entre facciones. Nos encontramos con un Oriente Próximo muy caldeado y tensionado, situación que antes no padecía en tal mesura.
Es después de describir muy brevemente el escenario post revoluciones árabes que introduzco el concepto a analizar en este artículo, la democracia.
Toda sociedad aspira a vivir en paz, en libertad y donde todos los ciudadanos puedan ser tratados como iguales independientemente de las características de cada uno. La democracia es pues un instrumento para poder llegar a estos objetivos. Un sistema que ha costado mucho aplicar de forma universal, primero en el mundo occidental y posteriormente, de forma gradual, en una gran parte de los países del mundo. Me atrevería pues a decir que este sistema es el más justo y eficiente aunque ciertamente aún hay mucho margen de mejora. Ahora bien,como hemos visto en algunos ejemplos anteriores, hay veces que por diferentes razones socioculturales, la democracia entendida como tal no nos permite llegar a los objetivos deseables. Lo hemos visto por ejemplo en el caso libio donde existe un gobierno democrático teórico pero que en la práctica no tiene casi autoridad.
Vemos pues como hay países que la aplicación de una democracia “liberal” tiene como consecuencia unos malos resultados. El problema no se encuentra tanto en el sistema democrático teórico como en la dificultad de aplicarlo en países donde existe una cultura radicalmente distinta y donde el hecho democrático no es entendido de la misma forma que en nuestra sociedad. Se trata en el fondo de articular la participación con las respectivas tradiciones culturales.
Siguiendo esta argumentación nos encontramos con otro problema, el trato con las minorías. El gobierno de la mayoría no significa el desprecio o la discriminación de la minoría; la obtención del poder por parte de un grupo no quiere decir la imposición de todo lo que defiende este grupo a costa de la libertad del resto, más bien al contrario, significa la posibilidad de dialogar y hablar con los interlocutores elegidos, para llegar a consensos más amplios dentro de la sociedad. En el caso egipcio, por ejemplo, no se cumplió esta premisa a causa del trato dado por el gobierno entrante hacía la comunidad copta, o simplemente hacía aquellos que no creían que un código religioso tuviera que regir la vida de todos.
En conclusión, vemos como la democracia es sin duda el mejor sistema para gran parte de los países aunque como hemos analizado, en otros, existe una mala concepción y praxis de esta. Porque al final lo importante no son tanto los instrumentos como los fines, es decir, las personas y si un instrumento no es el adecuado para que nosotros, los ciudadanos, podamos desarrollarnos como tal, entonces se deberá buscar otro medio de participación.
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