Demòcrates de Catalunya, un nuevo partido (1)

"Siento gran respeto y estima hacia Joan Rigol o Núria de Gispert, pero hubiera sido más adecuado pasar como militantes a CDC" "Siento gran respeto y estima hacia Joan Rigol o Núria de Gispert, pero hubiera sido más adecuado pasar como militantes a CDC"

El enorme ruido mediático y el alto voltaje político-judicial de los últimos meses a raíz del independentismo catalán han hecho que haya pasado prácticamente desapercibido el nacimiento de un nuevo partido político, Demòcrates de Catalunya, escisión de Unió Democràtica de Catalunya (UDC). Un partido nacido precisamente a causa de las tensiones emanadas del reto soberanista, ya que han abandonado Unió aquellos que se han sumado al independentismo, siguiendo la evolución de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), partido con el que Unió había estado coaligado a lo largo de tres décadas.

No lo tiene fácil el nuevo partido para ir adelante. Si reducido era el espacio global de Unió Democràtica, el de Demòcrates de Catalunya, una minoría de aquel, es, en principio, ínfimo. Además, carece de apoyo y reconocimiento internacional, que ha sido uno de los activos históricos de Unió. Se vislumbró de manera clara en el reciente congreso fundacional del partido. Allí estuvieron Artur Mas y dirigentes de Convergència, pero no líderes ni representantes extranjeros de la Democracia Cristiana.

Pero Demòcrates de Catalunya nace con otros hándicaps. El primero de ellos es la propia ininteligibilidad de su creación. Si se han sumado de forma absoluta a Convergència Democràtica de Catalunya, lo lógico es que quienes querían dejar Unió se hubieran integrado sin más como militantes de Convergència. Siento gran respeto y estima hacia personas como Joan Rigol o Núria de Gispert, líderes entre otros de la nueva formación, pero entiendo que hubiera sido más adecuado pasar como militantes a CDC, aun sabiendo que este es un partido “tocado” y que incluso esconde las siglas en las contiendas electorales.

En todo caso, Demócrates de Catalunya nace como satélite de CDC. No es buena cosa. La vida, los resultados electorales, pueden llevar a un partido a quedar relegado al papel de satélite, y ha de aceptarlo, pero nacer ya con vocación de satélite implica que, a lo más, no pasará nunca de asteroide. Y estos al entrar en la atmósfera se suelen encender y convertirse en meteoritos que se difuminan. Puede quedar en nada en la atmósfera de la lucha política.

Quizás el objetivo sea el de “partido tapón”, simplemente restar votos a Unió. Tal objetivo puede conseguirse en una o dos elecciones y algo habrá influido en las autonómicas del pasado 27 de septiembre en Cataluña, pero un “partido tapón” no tiene futuro a medio plazo. Pasado un momentáneo enfado contra otro, nadie apuesta por un partido cuyo fin único es restar votos a otra opción más definida.

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