Demografía joven, cultura dinámica y flexibilidad educativa: las claves para asumir el reto de la tecnología que viene

Las innovaciones tecnológicas avanzan con tal rapidez que no todos los países están preparados para afrontarlas. De hecho, cabe p…

Las innovaciones tecnológicas avanzan con tal rapidez que no todos los países están preparados para afrontarlas. De hecho, cabe preguntarse cuáles de ellos serán más capaces de asumir el boom tecnológico que viene, caracterizado por tres grandes transformaciones: una era de los grandes datos, la manufactura inteligente y la revolución inalámbrica.

Ante el auge tecnológico que se avecina, los expertos coinciden en que Estados Unidos es el epicentro donde confluyen a día de hoy esos cambios tecnológicos y el país más preparado para asumir el reto. Una demografía joven, una cultura dinámica y un sistema educativo diverso y flexible son sus avales, según una información publicada por The Wall Street Journal Americas y reproducida por Enpositivo.com.

Los autores de esta información son Mark P. Mills y Julio M. Ottino. El primero, físico y fundador del Digital Power Group, escribe la columna Inteligencia Energética de Forbes. Ottino es decano de la Escuela MacCormick de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Northwestern.

Los retos

El primero de los retos surge del hecho de que la tecnología de la información ha entrado de lleno en la era de los grandes datos. La capacidad de procesamiento y almacenamiento de datos son virtualmente gratuitas. Un móvil, el iPhone, tiene una capacidad informática que avergüenza a la computadora IBM de los años 70.

Internet evoluciona hacia la “nube”, una red de miles de centros de datos que individualmente hacen que una supercomputadora de 1990 parezca antediluviana.

Desde los medios sociales hasta las revoluciones médicas basadas en análisis de metadatos, para lo cual proezas astronómicas de procesamiento de datos permiten hasta ahora servicios y negocios inimaginables, estamos en la cúspide de nuevos mercados inimaginables.

La manufactura inteligente es la segunda transformación. Este es el primer cambio estructural desde que Henry Ford lanzó el poder económico de la “producción en masa”. Mientras ya vemos la evidencia en sistemas de automatización e información aplicados a administración de cadena de suministro, ingresamos en una era donde la misma fabricación de cosas físicas es revolucionada por la ciencia de materiales emergentes.

Pronto los ingenieros diseñarán y construirán a nivel molecular, optimizando funciones e incluso creando nuevos materiales, que mejorarán radicalmente la calidad y reducirán los desechos.

Tanto es así que ya están apareciendo aparatos y productos basados en materiales realizados con ingeniería informática que literalmente no existían hace unos años: nuevas aleaciones de metales, transistores de grafeno en lugar de siliconas (grafeno y carbono permiten una clase radicalmente nueva de materiales electrónicos y estructurales), y meta-materiales que poseen propiedades imposibles en la naturaleza; por ejemplo, hacer que un objeto se vuelva invisible, especulación sobre la cual hubo una entendible publicidad reciente.

Esta era de materiales nuevos será explosiva económicamente cuando sea combinada con la impresión en 3-D, también conocida como manufactura digital directa; literalmente partes “de impresión” y aparatos que funcionan con una computadora, lásers y metales en polvo y plásticos. Ya están apareciendo partes impresas de aplicaciones de alto valor como implantes específicos para los pacientes de reemplazo de cadera o dientes, o partes de aviones más livianas y fuertes.

La era de diseño y producción computacional casi perfectos desatará un cambio tan grande en cómo hacemos las cosas como lo hizo la revolución agrícola en cómo cultivábamos cosas. Y será definido por gran talento, no trabajo barato.

Finalmente, está la revolución comunicacional en ciernes, donde pronto la mayoría de los humanos en el planeta estarán conectados de forma inalámbrica. Nunca antes mil millones de personas —pronto miles de millones más— pudieron comunicarse, socializar y comerciar en tiempo real.

Las implicaciones del colapso radical en el costo de la conectividad inalámbrica son tan grandes como las que siguieron al surgimiento de la telegrafía/telefonía. Junto con la nube, el mundo inalámbrico brinda conectividad barata, información y capacidad de procesamiento para casi todos, en todos lados.

Esto presenta tanto un cambio rápido —por ejemplo, la primavera árabe— como grandes oportunidades. Nuevamente, tanto el lanzamiento como el epicentro de esta tecnología se encuentran en EE.UU.

Las claves para liderar el cambio

De hecho, es Estados Unidos quien tiene las claves para situarse en primer lugar de la parrilla de salida del cambio que se avecina. Y esas claves tienen que ver, en primer lugar, con una demografía joven.

Para 2020, Estados Unidos será más joven que China o la zona euro, si este última aún existe. La juventud brinda más que una base de trabajadores y contribuyentes; brinda la energía inevitable que impulsa cualquier cosa. Amplificada y alivianada por la experiencia de sus mayores, la juventud y la escala económica (EE.UU. aún es la mayor economía del mundo) no deben ser subestimadas, en especial en el contexto de las otras dos grandes fuerzas: nuestra cultura y sistema educativo.

Al mismo tiempo, la cultura estadounidense, dinámica, que se adapta particularmente a tiempos tumultuosos y de desafío, es la segunda gran ventaja para los estadounidenses.

La cultura no puede ser cambiada o copiada de la noche a la mañana, es una característica de un pueblo que tiene, para usar un término físico, alta inercia. La estadounidense se distingue por características indiscutiblemente poderosas, como apertura mental, toma de riesgo, trabajo enérgico, capacidad lúdica, y, algo crítico para nuevas ideas nacientes, una dosis saludable de pensamiento anti-establishment. ¿En qué otro lugar podrían haber surgido Apple o Steve Jobs?

Luego está el sistema educativo, a menudo criticado como inadecuado para los desafíos globales. Pero la educación superior estadounidense elude medidas estadísticas simples ya que sus características más salientes son la flexibilidad y la diversidad de filosofías educativas, currículum y cuerpo de profesores.

También cabe recordar que más de la mitad de las 100 mejores universidades del mundo siguen siendo estadounidenses, un dato puesto de manifiesto por la creciente cantidad de inscripciones de extranjeros. Sí, otros países tienen buenas universidades, y muchas más surgirán con el tiempo. Pero, nuevamente, el epicentro sigue estando en Estados Unidos.

Ante este escenario, ¿qué deberían hacer nuestros políticos para ayudar a impulsar esta nueva era de crecimiento emprendedor? Mercados financieros líquidos, políticas impositivas y migratorias sensatas, y regulaciones balanceadas permitirán que florezca el próximo auge. Pero el combustible esencial es la innovación. La promesa reside en los cambios tecnológicos tectónicos que se están desarrollando.

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