Deporte y civismo

Los pesimistas dirán que la paz es una utopía, pero precisamente la utopía es aquel proyecto de bien común, que tiene vocación de generar un mundo mejor,

La idea de un mundo unido y en paz es atractiva y deseable. Todo el mundo desea la paz. Pero la realidad se nos manifiesta particularmente tozuda para poder llevar a término ese deseo de paz. Los pesimistas dirán que la paz es una utopía. Pero precisamente la utopía es aquel proyecto de bien común, que tiene vocación de generar un mundo mejor, más justo y más bien distribuido. El trabajo en favor de un mundo unido y en paz, ha de basarse sobre tres pilares fundamentales. Primero, el respeto a los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos. Segundo, un firme compromiso en favor de la paz y de la no violencia. Y tercero, un profundo respeto por el equilibrio ecológico de la Tierra. Será importantísimo que familia y escuela, trabajen para despertar en nuestros jóvenes, estas actitudes, y aunque no lo parezca, un espacio ideal para hacerlo, es el deporte. Los encuentros deportivos, deberían ser una auténtica fiesta de convivencia. Desgraciadamente eso no es así, porque la violencia hace acto de presencia tanto entre los jugadores como entre el público. Lo que demuestra el déficit de civismo en la sociedad.   Parece extraño que entre los clubes se fomenten los llamados grupos de animación, que fomentan actitudes violentas… Como los hooligans, los tifossi, los hinchas, los grupos ultra… que con su actuación fomentan el incivismo, las fobias, la violencia y la barbarie. Hace ya bastantes años, que se celebró un encuentro internacional con el nombre de “Sport Enjoi” que trató de analizar estos comportamientos antisociales en el deporte, y como se podrían generar unas buenas prácticas para hacer del deporte un espacio lúdico, educativo y social, que haga de la competición una forma de superarse, pero donde queda descartada la falta de respeto por el adversario, y todas las malas formas, como el insulto, la violencia física, y todo tipo de fobias, que lo que hacen es degradar el deporte.  Es cierto que hay comisiones anti violencia en el deporte, pero se limitan a sancionar las actitudes violentas, y no a proponer un programa de buenas prácticas, que incluiría, cosas que se deberían evitar, y cosas que se deberían potenciar. Evitar el insulto, el desprecio, la burla, y toda forma de violencia con el adversario. Potenciar y prestigiar la salutación correcta antes y después del partido, aplaudir al adversario cuando lo hace bien, moderar en lo posible los excesos en las celebraciones, y hacer del deporte un espacio de convivencia competitiva de carácter festivo. Algún signo esperanzador, se empieza a notar. Las peñas deportivas de distintos clubes, se invitan recíprocamente a las gastronomías locales. Es cierto que eso no ocurre entre peñas de equipos de gran rivalidad, pero por ahí se empieza. Con estos pequeños detalles, aunque sea lentamente, iremos construyendo la fraternidad, en la competitividad del deporte.

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