Derechos humanos, guerra mundial y abusos

La Humanidad estaba exhausta en el año 1945. La guerra mundial dejaba muchísimo sufrimiento en el mundo. Millones de muertos en Europa y…

La Humanidad estaba exhausta en el año 1945. La guerra mundial dejaba muchísimo sufrimiento en el mundo. Millones de muertos en Europa y Asia. La bomba atómica añadía mayor temor a una tercera guerra, que parecía definitiva para suprimir la vida en la tierra. Junto a los aspectos guerreros se unía el descubrimiento de los campos de exterminio. Los campos de concentración mostraban la crueldad de ideologías que ya habían manifestado su crueldad en el papel, y se hacían realidad por manos técnicamente expertas y con impasible frialdad tanto por los nazis, como por los comunistas, y hoy día por los racistas. Los supervivientes estaban justamente atemorizados.

Los responsables políticos arbitraron dos soluciones: la organización de las Naciones Unidas, que poco podía hacer sin una fuerza coercitiva; y la proclamación de la Declaración de los derechos humanos que era una llamada a las conciencias de los responsables de todos los países. Faltaba elevar el corazón a Dios y reconocer que una sombra entenebrece los corazones de los hombres y sin tenerla en cuenta todo falla. Para conseguir una paz verdadera no se puede contar solamente con la buena voluntad, pues hay voluntades malas que producen engendros.

Han pasado sesenta años y algo se ha conseguido. Frenar algunas guerras, aunque se han dado centenares, y se siguen dando. Controlar algunos intentos de genocidio. Pero, incluso la Declaración está sujeta a manipulación. Veamos lo que dice el Cardenal Bertone. “Los derechos humanos, cuya eficacia debe estar garantizada por brotar inmediatamente de la dignidad de la persona humana, son universales, inviolables e inmutables”.

Un cierto dolor se produce al leer estas palabras tan acertadas, pues se conculcan continuamente en muchos lugares. Unas veces con una brutalidad muy difícil de entender como en la Camboya de Pol Pot o en Darfur; otras con sustento cultural y ayuda de los políticos democráticos y la prensa libre. Parece que la garantía de la dignidad de persona humana se entiende de manera maligna. Unas veces se rechaza que sea universal; otras se viola, otras se manipula su interpretación contradiciéndola claramente.

Un ejemplo claro es la cultura de la muerte. En algunos ambientes aparece un dogma retroprogre de entender el aborto sea como sea. Es sorprendente que así se haga cuando hoy la biología, la medicina y todas las ciencias que afectadas por el aborto declaran que el ser vivo en la misma célula fecundada, antes de la primera partición y de ser embrión, es alguien, es persona que si no se le mata vivirá como cualquier otra persona. La cerrazón al diálogo es total, con presión a los políticos y a los medios de comunicación. Lo mismo sucede con la eutanasia.

Pero la crueldad llega a niveles sorprendentes cuando se intenta manipular embriones humanos con fondos públicos. Los privados lógicamente no quieren perder dinero en algo no curativo. Le llaman ‘investigación’, pero es sólo manipulación maliciosa, es decir con mala voluntad y quizá ceguera mental. Así sucede con intentar hibridar animales y hombres, clonar humanos etc. Es decir, un enfrentamiento contra el Autor de la Vida sembrando muerte en mayor cantidad que las guerras anteriores. ¿De dónde surge tanto odio a la vida? Eso intentaremos tratar en próximos artículos, pues ahí radica el problema, junto a la sombra mala que anida en el corazón de todo hombre, y que en algunos ocupa una extensión tenebrosa y maligna.

Como dice el Cardenal Bertone: “la Declaración Universal representa la expresión escrita de las bases en que se fundamenta el Derecho de las naciones, las leyes de la humanidad y los dictados de la conciencia pública adaptados al espíritu del Tercer milenio”.

Sin duda, se ha recorrido un largo camino, pero queda aún un largo tramo por completar: cientos de millones de hermanos y hermanas nuestros ven cómo están amenazados sus derechos a la vida, a la libertad, a la seguridad; no siempre se respeta la igualdad entre todos ni la dignidad de cada uno, mientras se alzan nuevas barreras por motivos relacionados con la raza, la religión, las opiniones políticas u otras convicciones.

Sin embargo, en todos los casos, la comunidad humana también está llamada a ir más allá de la mera justicia, manifestando su solidaridad a los pueblos más pobres con la preocupación de una mejor distribución de la riqueza, sobre todo en tiempos de grave crisis económica.

La experiencia de la historia de la humanidad, y específicamente de la cristiandad, nos lleva a reconocer, con Benedicto XVI, que “el futuro de la humanidad no puede depender del simple compromiso político”, sino que debe ser consecuencia del reconocimiento de la dignidad de la persona humana, hombre y mujer, con el fin de crear las condiciones adecuadas, para una vida realizada en plenitud en la sociedad en la que vive.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>