Desaparición de la política internacional y el ninguneo de la UE al Gobierno español

El Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero ha desbancado a España de su papel relevante y decisor en la política internacional….

El Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero ha desbancado a España de su papel relevante y decisor en la política internacional. Son numerosos los ejemplos que demuestran la progresiva desaparición de España del panorama internacional y europeo debido a las sucesivas medidas que han apartado a España de las grandes citas y las grandes decisiones.

La errática gestión del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación la inició Miguel Ángel Moratinos y en la actualidad la continúa la ministra Trinidad Jiménez que dejó Sanidad para hacerse cargo de una política internacional débil y a la deriva.
El último y más reciente desacierto en materia internacional la protagonizó el propio Zapatero en el contexto de la crisis de los pepinos españoles que ha reaccionado, como es costumbre, tarde y mal. Solamente cuando se han eximido a las verduras españolas de ser portadoras de la bacteria que ha provocado la muerte a numerosos ciudadanos alemanes Zapatero ha hablado. Previamente el presidente del Gobierno tan sólo se dedicó a guardar silencio y a dejar que la ministra de Agricultura capeara la crisis. Pero hay más:
El fiasco de la Alianza de Civilizaciones
Zapatero propuso formalmente la alianza de civilizaciones en septiembre de 2004, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, como un instrumento para combatir el llamado ‘choque de civilizaciones’. Este concepto se basa en la idea de que existen en el mundo distintas concepciones culturales que son incompatibles entre sí. Y el presidente del Gobierno lanzó su iniciativa con el Islam como principal referencia.
La realidad es que la iniciativa ha conseguido a penas tunear la política internacional de Zapatero que ha ganado cátedra en fabricar un gobierno virtual que solo fabrica imágenes. La Alianza de las Civilizaciones es otro invento de marketing de su política sensacionalista y de titular fácil carente y necesitada de contenido y propuestas reales.
Uno de los ejemplos de las incongruencias del líder socialista es la cifra de muertos en las misiones en el exterior del ejército español. En Afganistán, el 40% de los muertos son inmigrantes, cuando en el ejército la misma relación no llega al 7%. ¿A qué se debe tal diferencia entre el número de inmigrantes en filas y el número de muertos? Pues sencillamente a que la presencia de aquellos en las misiones de mayor riesgo es absolutamente desproporcionada.
Otra contradicción está en una consideración de raíz histórica: los marroquíes que participaron en la Guerra Civil al lado de Franco. A pesar de haber luchado en una de las dos partes en conflicto y de haber quedado parte de ellos mutilados, las prestaciones o bien no han existido o han sido ridículas, como señalaba el diario El Mundo refiriéndose a uno de estos soldados que recibió tres medallas de Sufrimiento por la Patria y perdió parte de un brazo. Solo recibe 133 euros al mes. Realmente ya quedan pocos porque los años han pasado, pero parece lógico que se hiciera justicia con estas personas que en buena medida vieron condicionada su vida posterior por la intervención en un conflicto al que acudieron por simple obediencia a los que eran sus mandos naturales. La desgracia de estos hombres es que además de ser ‘moros’ formaron parte del bando que Rodríguez Zapatero, sin espíritu de reconciliación, denigra. Para ellos, como para los soldados del actual ejército, la Alianza de Civilizaciones no existe si se entiende como tal la premisa de un trato de igualdad.
Además el presidente del Gobierno ni siquiera ha sido capaz de mantener el liderazgo de la Alianza de Civilizaciones. El es presidente brasileño Lula le robó en 2005 el impulso de la iniciativa a Zapatero al reunir a ministros y empresarios de 12 países latinoamericanos y 22 de la Liga Árabe, en una cumbre donde no participó nadie del Gobierno español a pesar de que es considerada “muy importante”.
Pacifismo, pero venta de armas
Aún siendo el paladín de la Alianza de Civilizaciones, no deja de ser paradójico que el principal garante de esa alianza, sea el presidente de un Gobierno que, por ejemplo, vendió 37 millones de cartuchos a Ghana en 2004. Facturados como munición de caza, estos suministros bélicos en realidad acaban cruzando la frontera para ir a parar a los bandos armados de países en conflicto como Sierra Leona y Liberia.
Las últimas cifras revelan, además, que España vendió material de defensa a Libia en 2010 por un valor de 11,2 millones de euros, destinado en su totalidad a las Fuerzas Armadas dirigidas por Muamar Gadafi. Estas ventas se produjeron meses antes de que tuvieran lugar la oleada de protestas que acabó con una brutal represión del régimen libio y la posterior intervención de un grupo de países aliados que culminó en una operación de la Alianza Atlántica, en la que participa España.
Un informe de la Secretaría de Estado de Comercio Exterior sobre las exportaciones de material de defensa, España vendió durante 2010 material militar por un valor de 1.128.302,781 euros, más de 200 millones de euros menos que en 2009, cuando las ventas de este tipo de material sumaron 1.346 millones de euros.
En concreto, Egipto compró material por 2,5 millones de euros, en su mayor parte vehículos terrenos, pero también aeronáutico, municiones y materiales energético, en el 97,14% de los casos adquirido por sus Fuerzas Armadas. También fueron clientes Arabia Saudí (5,8 millones de euros, la mayoría en vehículos terrenos para sus fuerzas armadas); Argelia (3,1 millones de euros en el capítulo de aeronaves); Bahrein (40.690 euros en bombas, torpedos, cohetes o misiles para sus ejércitos); Marruecos (2,5 millones de euros en sector aeronáutico igualmente para sus fuerzas armadas); Omán (3,1 millones de euros en bombas, torpedos, cohetes o misiles para sus tropas), y Túnez (778.480 euros en el mismo capítulo que los omaníes, pero para la empresa privada).
El 18,79% del total de exportaciones corresponde a Venezuela, que con la compra de dos buques de vigilancia se convirtió en el principal comprador, seguido de México (seis aviones y repuestos por 126,43 millones de euros); República Checa (cuatro aviones y repuestos, por 104,13 millones de euros); y Reino Unido y Alemania, por piezas y partes del avión Eurofighter (con 82,3 y 57,12 millones de euros, respectivamente). También se encuentra Israel, que compró material de este tipo por 1,42 millones de euros, de los que 1,2 millones corresponden al capítulo de bombas, torpedos, cohetes y mísiles.
Del no a la guerra de Irak al sí de la de Afganistán y Libia
Una de las primeras acciones que Rodríguez Zapatero afrontó cuando llegó a la Presidencia fue la retirada de las tropas en Irak. El líder socialista era sabedor de que un gran número de votos cosechados en las elecciones habían provenido del deseo de la ciudadanía de abandonar una guerra en la que José María Aznar había sumergido a España alineándose con Estados Unidos y Reino Unido.
Pero ese supuesto pacifismo de Zapatero que condicionaron en sobremanera la relación con dos de los interlocutores internacionales más importantes y representativos del contexto internacional, no era tal. Poco después Zapatero cambió Irak por Afganistán y envió al Ejército español a la zona del conflicto escudándose, en ese caso, en que se trataba de perseguir al terrorismo internacional (reciente estaba la memoria de los atentados del 11-M de Madrid) y en que una más que dudosa resolución de la ONU apoyaba la intervención.
Zapatero tuvo una nueva oportunidad de demostrar la incoherencia de su política exterior cuando accedió a incorporar a España de nuevo en un conflicto todavía por resolver, el del Libia.
Precisamente, saltó la polémica al saberse que meses antes el Gobierno socialista había vendido a las Fuerzas Armadas dirigidas por Muamar Gadafi armas por un valor de 11,2 millones de euros, entre ellas una partida de bombas de racimo poco después prohibidas. Ahora España está en guerra con ese país.
Las relaciones con Chávez, Castro, Morales, Correa, Obiang…
El PSOE mantiene una política internacional confusa y errática. Mientras que por un lado su organización está vinculada a partidos indudablemente totalitarios como los depuestos en Túnez y Egipto (con los que comparte asociación en la Internacional socialista), a la vez, el Gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero mantiene sintonía con dictadores o líderes que mantienen una política opaca con los principios democráticos.
Los socialistas han sido cómplices de las políticas del Partido Nacional Democrático egipcio de Hosni Mubarak y del Reagrupación Constitucional Democrática tunecino del depuesto Zine el Abidine Ben Ali. Pero también han mantenido y mantienen buenas relaciones con Chávez, Castro, Morales, Correa, o Obiang, entre otros; líderes que ya han demostrado opacidad o rechazo entorno a los valores democráticos y la sintonía con los Derechos Humanos.
No obstante, uno de los casos más sorprendentes es la relación que el Ejecutivo socialista mantiene con el dictador que gobierna Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang. A ese respecto, el presidente socialista del Congreso de los Diputados, José Bono, manifestó en su viaje a este país que entre España y el país africano “es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”. El objetivo de ese viaje era facilitar el reparto del pastel del petróleo que posee la ex colonia española. El petróleo guineano suma 600.000 barriles diarios que en breve podría asumir la cifra de un millón. Obiang ha asegurado que las empresas españolas son bienvenidas, pero deben traer el aval del Gobierno. Obiang se encuentra en el grupo de los dictadores que mantienen un férreo marcaje a la población. La sociedad guineana está controlada y sus Derechos Humanos y sus libertades están severamente recortados.
Además, la política exterior iniciada por Moratinos ha preferido alinearse y buscar sintonías con el frente bolivariano que encabeza el presidente de Venezuela Hugo Chávez, famoso por sus desplantes a la libertad de expresión en su país. En ese grupo están el líder en la sombra, Fidel Castro y su dictadura comunista en forma de revolución cubana, el populista Evo Morales de Bolivia y el también populista presidente de Ecuador Rafael Correa.
En este sentido, la relación con la potencia número uno mundial, Estados Unidos ha sido rocambolesca. Al principio George Bush ignoró completamente a Zapatero después de los sucesivos desplantes de su gobierno con el americano, como por ejemplo la retirada de Irak. Posteriormente, la llegada de Obama, pretendidamente un presidente más en sintonía con el español, no mejoró la situación.
Desde la llegada de Obama al poder el español se ha convertido en un Gobierno subsidiario. El ‘amigo’ americano manda. La realidad que ha provocado Zapatero es que España hace lo que quiere Obama. El último ejemplo es la intervención de España en la guerra con Libia cuando las fuerzas españolas son del todo innecesarias. Además, esta campaña repercute a España millones de euros de gasto en plena crisis.
De la influencia en la UE al menosprecio actual
Se puede estar de acuerdo o no con la política exterior que Aznar aplicó en sus años de Gobierno como presidente español, pero es indudable que la herencia del líder popular dejó a España en una de las mejores posiciones que ha tenido nunca en Europa.
Cabe recordar que Aznar tampoco se achantó en la cumbre de Niza cuando tuvo que defender los intereses españoles en torno a las subvenciones europeas. A pesar del desencuentro primero con Alemania y luego con Francia, la posición española se hizo notar y se vio con claridad la importancia de España en el contexto europeo, algo que es del todo impensable ahora.
De hecho, la influencia en la UE que España llegó a tener con el Gobierno de Aznar Zapatero la ha dilapidado hasta situar a España en un menosprecio europeo generalizado llegando a estar intervenida por el directorio de la UE.
Viendo la negligente gestión de Zapatero al frente de la Ejecutiva española, la UE obligó a España a reducir el déficit público a través de una serie de pautas a aplicar. Estas reformas obligaron, entre otras cosas, a poner en marcha sucesivos recortes sociales. Estas actuaciones sucedieron hace un año, pero Bruselas sigue viendo con recelo las políticas económicas del presidente español que no generan confianza en los mercados y los inversores internacionales.
Zapatero dejará en manos del próximo Gobierno un estado débil con poca ascendencia en el panorama internacional. Además la situación del país es que estará intervenido con una economía enferma debido a una gestión limitada de la crisis y de unas políticas internacionales que no han sabido estar a la altura de las circunstancias.
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