Desesperados intentos de la Unión Africana para que cese la violencia en Costa de Marfil

Ante la espiral de violencia que se ha vivido en los últimos días en Costa de Marfil, el presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, también presidente …

Ante la espiral de violencia que se ha vivido en los últimos días en Costa de Marfil, el presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, también presidente de turno de la Unión Africana (UA), ha tomado la iniciativa de organizar una mini cumbre en Abuja, la actual capital nigeriana, a la que ha invitado a 6 jefes de estado de África occidental. El objetivo es buscar una solución a la crisis marfileña. En esta cita estarán presentes el presidente de Costa de Marfil, Laurent Gbagbo, junto con sus homólogos de Ghana, Burkina Faso, Mali y Senegal. También asistirá el presidente sudafricano Thabo Mbeki, que está desarrollando una actividad de mediación política por encargo de la UA. 

Mbeki se reunió en Pretoria este jueves, 11 de noviembre, con líderes de la oposición de Costa de Marfil para intentar encontrar una solución al conflicto. Parece que los rebeldes de las fuerzas nuevas que controlan militarmente todavía el centro y el norte de Costa de Marfil no han aceptado todavía la propuesta de diálogo del presidente sudafricano.

Tensa calma

Mientras se realizan estos esfuerzos para hallar una solución pacífica a la crisis de Costa de Marfil, el aeropuerto de Abiyán se ha abierto de nuevo al tráfico civil aéreo, para poder seguir evacuando a los extranjeros que se agolpan dentro de las instalaciones. Por su parte, los grupos radicales marfileños que han recrudecido la crisis siguen haciendo llamamientos de odio contra todo lo que sea extranjero. Sus consignas van dirigidas “contra los franceses, contra los blancos y contra cualquier extranjero”, ha manifestado la ministra francesa de Defensa, Michele Alliot-Marie. La ministra considera que también hay que “lamentar que algunas personas, entre ellas próximos al presidente marfileño Laurent Gbagbo, hayan lanzado eslóganes extremadamente violentos anti franceses y xenófobos que han provocado los disturbios”.

Como consecuencia de los desórdenes, según informa el comandante de la fuerza francesa Licorne, desplegada en el país, el general Henri Poncet, algunas mujeres francesas han sido violadas por “jóvenes patriotas”, como se autodenominan los insurgentes. “Puedo afirmar que ha habido violaciones, ha habido excesos, tragedias para unas cuantas mujeres. No haré más comentarios, por respeto”, ha declarado el general.

La Iglesia se queda

Los obispos de Costa de Marfil han publicado un comunicado en el que expresan su pesar por las víctimas de todos estos días y hacen un llamamiento a los políticos del país “para hacer un esfuerzo para llegar a la paz que todos anhelan”. Al mismo tiempo, los misioneros salesianos que trabajan en territorio marfileño han decidido permanecer junto a las comunidades entre las que desempeñan su obra evangelizadora, a pesar de la escalada de violencia que vive el país africano estos días. “No hemos pensado en ningún momento marcharnos de aquí”, afirma el salesiano español Lorenzo Campillo, director de la comunidad salesiana de Abiyán y párroco de la iglesia de San Francisco de Asís de la ciudad, donde trabajan otros 5 salesianos españoles.

Cronología de un conflicto

Los dramáticos momentos que atraviesa Costa de Marfil tienen su origen en una crisis que se remonta a septiembre de 2002 cuando, a causa de un fallido golpe de estado, las regiones del Noroeste del país cayeron bajo el control de 3 movimientos guerrilleros que posteriormente se reunieron bajo la sigla de “Fuerzas Nuevas”, según informa la agencia FIDES. Sin embargo, la crisis marfileña tiene orígenes más antiguos. 

País relativamente próspero, gracias al cultivo del cacao, del que es el mayor productor mundial, Costa de Marfil todavía sufre la difícil herencia dejada por Houphouet Boigny, el presidente que dirigió el país hasta su muerte en 1993. Incluso habiendo empleado la relativa riqueza del país para construir infraestructuras y crear un estado social, Boigny gobernó el país excluyendo de la vida política durante décadas cualquier forma de oposición y no dudó en recurrir a la fuerza contra quien osaba poner en tela de juicio su poder, introduciendo en la sociedad marfileña el virus de la violencia política que alguna década más tarde estalló con todo su dramatismo. 

En 1969, las fuerzas de seguridad marfileñas, apoyadas por el ejército francés, reprimieron con sangre una rebelión de los Bétés, una etnia del oeste excluida del poder y a la que pertenece el actual Presidente Laurent Gbagbo. Este último, histórico opositor del régimen, obligado al destierro en Francia en los años 80 del siglo pasado, en 1990 con la instauración del multipartidismo fue el único candidato que desafió a Houphouet Boigny en las elecciones presidenciales. Gbagbo supo explotar entonces uno de los principales problemas del país: la fuerte minoría de ciudadanos inmigrados o de origen extranjero que desde hace años reclaman la plena ciudadanía. Logró que se aboliera el derecho a voto de estas personas, interceptando un sentimiento xenófobo que comenzaba a introducirse en la sociedad marfileña, debido al progresivo deterioro de las condiciones de vida y al creciente peso de la deuda externa, que en el 2002 alcanzó más de 16.000 millones de dólares. Sin embargo, esto no impidió al actual presidente apoyar 5 años más tarde, en 1995, a Alassane Ouattara, el candidato a la elección presidencial que había sido excluido del escrutinio debido a su origen burkinés. 

El sucesor de Boigny, Henri Konan Bédié, que venció las elecciones de 1995, fue derrocado por un golpe militar realizado el 25 de diciembre de 1999 por el jefe de estado mayor Robert Gueï. En el 2000, las elecciones presidenciales organizadas por Gueï fueron boicoteadas por la mayor parte de los partidos políticos. Gueï es elegido presidente, pero Gbagbo consigue sacar a las calles de Abidján a miles de manifestantes. Gueï se ve obligado a huir y en las siguientes elecciones Gbagbo se convierte en presidente. Alassane Ouattara es de nuevo excluido de la elección a causa de la ley sobre la nacionalidad marfileña, utilizada por Gbagbo de manera desaprensiva después de haberla incriminado algunos años antes. La tensión latente estalla en septiembre del 2002, cuando un grupo militar se amotina y conquista el Noroeste del país. Desde entonces, Costa de Marfil está dividida en dos. Los acuerdos de Marcoussis firmados en Francia en enero del 2003, que dieron vida a un gobierno de unidad nacional, no han sido actuados nunca en su plenitud. Después de dos años de punto muerto, la crisis ha estallado con toda su violencia implicando a 4.000 soldados y a los cerca de 10 ó15.000 civiles franceses presentes en el país. 

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