Después de los atentados: el momento de la “Gran Estrategia” para Siria

Las circunstancias han cambiado y la derrota de Estado Islámico es más posible y necesaria que nunca. Además de reducir la amenaza yihadista, el frente común contra el califato puede poner fin a la guerra en Siria y traer la paz que Oriente Medio necesita desesperadamente. No obstante, se requieren maniobras militares y diplomáticas extremadamente complejas. ¿Cómo podría ser esta “Gran Estrategia”?

John Kerry, secretario de Estado de los EEEUU, preside las negociaciones en Viena John Kerry, secretario de Estado de los EEEUU, preside las negociaciones en Viena, el pasado 14 de noviembre

(Cat Diàleg) Durante los últimos días, una serie de acontecimientos han cambiado sensiblemente las perspectivas del caótico y a primera vista interminable conflicto sirio.

Primeramente, el pasado día 12 de noviembre dos suicidas de Estado Islámico (EI) causaron 43 muertos en Beirut. El ataque no iba dirigido contra el Estado libanés, sino que constituía un aviso para Hezbolá: las bombas estallaron en un barrio controlado por esta organización, considerada en Europa y Estados Unidos grupo terrorista. A pesar de ser enemigo jurado de Occidente, Hezbolá ha cometido el “error” de ser chií y ayudar al gobierno de Al Asad. Faltas demasiado graves que Daesh (el “otro nombre” de EI) no puede dejar impunes. Al día siguiente, EI se anotaba 132 muertos más, esta vez en Paris. Y el martes día 17, Rusia confirmaba que el avión estrellado en el Sinaí hace unas semanas fue en realidad objeto de otro ataque de la misma organización, con 224 víctimas más.

¿El resultado? Hezbolá, Francia y Rusia, tres actores muy diferentes, están mucho más decididos ahora a combatir al EI que hace tan sólo unos días. Francia y Rusia ya están colaborando activamente, y Hollande sigue clamando por la necesidad de una “amplia coalición” contra la organización.

La cuestión es que si se confirma la voluntad política por parte de los diferentes actores de combatir al EI seriamente, sería posible ir aún más lejos de lo que Hollande propone: se podría preparar una campaña definitiva que no sólo borre del mapa -en el sentido más literal del término- al Estado Islámico, sino que ponga también fin a la guerra en Siria y traiga paz a la región entera. ¿Por qué es necesaria, y como podría ser, esta “Gran Estrategia” para Siria?

Por qué hay que hacer desaparecer de los mapas al Estado Islámico

Estado Islámico no es un Estado, pero va camino de serlo. El “califato” tiene un territorio con una población que controla parcialmente gracias a una administración burocratizada. Se ha convertido en el hub mundial de los yihadistas, proveyéndolos de armas, recursos financieros (ya que es una entidad 100% autosuficiente) y sobre todo, de inspiración. El califato es la referencia de todo yihadista amateur o en prácticas. Destruirlo sería un golpe durísimo para todos aquellos que promulgan una guerra santa mundial.

Profesores de estrategia y geopolítica de Sciences Po Paris coinciden en señalar que derrotar al Estado Islámico sobre el terreno contribuiría decididamente a disminuir el número de atentados en el extranjero, si bien evidentemente no les reduciría a cero. Acabar con el califato es pues un paso necesario para luchar contra el terrorismo religioso, si bien no puede ser el único que se dé porque, como se ha largamente discutido, las causas del yihadismo son más profundas y complejas. Analizarlas no es en cualquier caso la intención de este artículo.

Como NO debe ser la “Gran Estrategia”

Enviar tropas occidentales y/o rusas sería lo peor que se podría hacer y equivaldría a entrar en un nuevo Vietnam, Afganistán o Irak. Lanzar una operación de la OTAN, como recomienda el ex-comandante supremo de la Alianza Atlántica James Stavridis en Foreign Policy, resultaría igualmente catastrófico porque obviaría a los rusos. Putin decidió el pasado septiembre involucrarse en Siria y cuenta ya con una fuerte presencia en el país, mucho más intensa que cualquier Estado occidental. Así pues, cualquier solución en Siria debe pasar, guste o no, por un acuerdo con Moscú.

La última consideración es que hay que evitar excluir a los actores políticos que tienen capacidad para influir políticamente en el escenario post-bélico. Esto implica descartar cualquier solución que excluya el régimen de Damasco de Al Asad, que sigue siendo la entidad política más estable de la zona. Tampoco se pueden, siguiendo la misma regla, excluir ni los kurdos del YPG ni las tribus y milicias tanto chiíes como suníes que están combatiendo al Estado Islámico. Atención, esto siempre y cuando no tengan en su agenda un programa similar al del califato (lo que descarta por ejemplo cooperar con Al-Nusra).

La “Gran Estrategia”: tres círculos concéntricos de aliados

Así pues, la consideración más importante es que la “Gran Estrategia” no puede excluir a nadie. ¿Pero cómo organizar entidades tan diferentes que aparentemente sólo tienen en común su odio hacia Estado Islámico? La respuesta podría ser construir una “coalición de tres niveles”, compuesta de tres círculos concéntricos de aliados. Cada uno de ellos englobaría todos los miembros del círculo interior y al mismo tiempo incorporaría de nuevos. La idea básica del diseño sería que los círculos exteriores controlaran o supervisaran la actividad de los círculos interiores. A medida que se fuera avanzando hacia el círculo más exterior, las tareas de cada uno se volverían más generales (aunque igual o más importantes).

El círculo interior: las botas sobre el terreno

Ninguna guerra convencional se gana sin conquistar el territorio del enemigo. En este nivel se necesita la participación de las tropas de Al Asad y de todas las milicias posibles. Aunque parezca imposible, se podría conseguir cierta coordinación de al menos una parte de los actores presentes sobre el terreno “comprándolos”. Una estrategia similar aplicada por los estadounidenses en 2007 en Irak tuvo éxito y consiguió coordinar grupos teóricamente enfrentados entre ellos en favor de los intereses de Estados Unidos.

En Siria hay numerosas entidades y milicias que odian al Estado Islámico porque les ha conquistado o amenaza sus tierras. La idea es proveerles de todo lo que les haga falta a cambio de respetar la lógica política más amplia de la “Gran Estrategia”, fijada en los dos círculos exteriores (ver más abajo). De funcionar, sería una estrategia win-win: todo el mundo sale ganando. Sin embargo, este es el círculo más débil de los tres porque requiere de la coalición más incoherente de todas a nivel político. Pero precisamente por eso hay dos círculos exteriores. Veámoslos.

El círculo intermedio: el club de amigos de los ataques aéreos

Estados Unidos, Rusia y Francia han incrementado los bombardeos sobre Siria, pero también han asegurado que sus operaciones militares se limitarán a ataques desde el aire. Han hecho bien. Lo que hay que hacer ahora es lograr una mayor coordinación, tanto entre ellos como con las unidades que combaten sobre el terreno gracias al círculo interior previamente descrito. Un ejemplo de una coalición similar lo encontramos en la campaña de la OTAN contra Gadafi en apoyo de los rebeldes libios (que fue todo un éxito a nivel militar). Francia y Rusia ya han iniciado esta cooperación, pero aún faltan los Estados Unidos e, idealmente, actores árabes como Arabia Saudí (quien en cambio se ha mostrado muy activa bombardeando en Yemen).

El círculo exterior: el grupo de Viena

Es el círculo de la diplomacia. Toda solución a un conflicto político requiere soluciones políticas, si bien en Siria resulta tremendamente complicado encontrarlas. Sin embargo, hay esperanza desde que el pasado día 14 los países clave en el conflicto sirio acordaron en Viena una hoja de ruta para la paz. Puede parecer poco, pero si nos fijamos en la heterogeneidad de intereses de los actores que participaron en las negociaciones, el resultado es una notable victoria: ¡se consiguió que Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudita, Irán, Irak, Turquía y Francia se pusieran de acuerdo!

De la mayor relevancia fue la participación simultánea de Irán (chií) y Arabia Saudí (suní), países que se enfrentan en una especie de Guerra Fría “a la musulmana”. Si los dos se avienen finalmente a un acuerdo, las consecuencias para Siria y para toda la región serían enormemente positivas. En otras palabras, la cooperación entre las dos “súper-potencias” musulmanas podría contribuir decisivamente en acabar con la violencia sectaria que sufre el mundo árabe y enfrenta a chiíes contra suníes.

El círculo exterior es la verdadera clave de la “Gran Estrategia”, por dos motivos: primero, porque gracias a la participación de Arabia Saudita e Irán se podría controlar el inestable círculo interior. Irán puede influir sobre Hezbolá y las otras milicias chiíes, mientras que Arabia Saudí hace lo propio con las suníes. Y segundo, porque una vez ganada la guerra contra Estado Islámico, la presión diplomática y militar del grupo de Viena sería tan grande que obligarían a los actores que han combatido sobre el terreno -tanto partidarios como detractores de Al Asad- a cumplir con la hoja de ruta acordada en Viena (o cualquier otra que se pueda pactar en el futuro).

¿Es la “Gran Estrategia” realmente imposible?

La “Gran Estrategia” es la respuesta definitiva a la terrible situación en que se encuentra inmersa Siria desde 2011. Acabar con el Estado Islámico es un medio para conseguirlo. Y acabar con el Estado Islámico es más posible ahora que nunca debido a la reciente ola de atentados.

A un nivel más general, y como se ha expuesto, la paz siria puede contribuir enormemente a apagar la Guerra Fría entre Arabia Saudí e Irán, y reducir sustancialmente el conflicto entre musulmanes chiíes y musulmanes suníes.

Huelga decir que la “Gran Estrategia” sería en cualquier caso extremadamente volátil e inestable, y hoy por hoy adoptarla parece inverosímil. Las consecuencias de las arriesgadas maniobras geopolíticas que se proponen pueden ser muy diferentes a las esperadas. Esto desgraciadamente es así debido al enorme número de actores involucrados en Siria, la heterogeneidad y frecuente incompatibilidad de sus intereses y la falta de información sobre sus preferencias e intenciones reales. Sin embargo, todo lo que se acerque a la “Gran Estrategia” será bienvenido. Como dijo Henry Kissinger, “frente a las crisis, el rumbo más arriesgado suele ser el más seguro”.

 

 

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