Desvinculación, crisis y neoproletariado

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Forum Libertas

El liberalismo hedonista del estado del bienestar, generador de la sociedad desvinculada, ha creado en su seno un neoproletariado que hasta ahora ha permanecido enmascarado por el low cost. Un grupo social que la crisis ha hecho emerger en una respuesta reactiva, que tiene mucha más capacidad para movilizar que para proponer respuestas de suficiente calado. Entre las soluciones que ofrecen hay algunas de bien validas, en ForumLibertas hemos tratado de ello, pero la mayoría son contradictorias o simplemente brindis al sol.

Una determinada lectura de este fenómeno de masas afirma que no es importante que generen alternativas, sino que lo decisivo es la movilización en sí misma. No les falta razón. Ésta es una sociedad pasiva, excesivamente pasiva ante un camino creciente que nos ha conducido a un grave deterioro moral, social y económico. Pero el hecho de que el movimiento exista no es excusa para que no llegue a concretarse en algún proyecto político. Claro está que puede terminar como lo hicieron los movimientos surgidos del mayo-68: fracaso político, y a la vez grandes corrientes culturales que acentúan tendencias existentes. En el caso de los indignados algunas serían buenas, la recuperación del sentido moral en la vida pública, por ejemplo, pero otras resultarían tremendamente negativas, como el menosprecio y crítica a la democracia representativa, por citar una de ellas.

Este proletariado interno que ahora se manifiesta necesita concretar algo en el terreno político, porque sino puede acabar simplemente convirtiéndose en un puro elemento de desorden de un sistema ya por sí desordenado. Desordenado en lo económico debido a los desequilibrios e injusticias, debido a las fallas del sistema; pero también en lo social, porque el individualismo hedonista ha destrozado las instituciones sociales empezando por la de la familia que permitieron soportar bien la muy grave crisis de los años 80, cuando el primer y segundo impacto de la gran subida de los precios del petróleo.

El individualismo hedonista que interpretaba que esto era una fiesta gratis y ahora se encuentra frustrado ha necesitado y ha vivido hasta ahora gracias a la existencia de una coraza protectora que era el sistema de bienestar. Cuando éste se altera, se reduce, entra en crisis, la cuestión es cómo esta concepción de la vida puede continuar sin alterar sustancialmente su naturaleza. Y ésta es la gran cuestión y el gran enigma. ¿En qué va a trasformarse este liberalismo hedonista? El yo vivo como quiero, y no dependo de nada ni de nadie, pero sabiendo que hay unas redes de protección, seguro de desempleo de dos años, sanidad y enseñanza gratuita, rentas de inserción social, pensión de jubilación, que ahora tienden a reducirse. Ésta es la cuestión. Ésta y otra. Es justo criticar y remover el predominio de un capitalismo financiero globalizado, y la incapacidad política, pero hay que recordar que ésa no es toda la razón de la crisis. Antes del Estado, se endeudaron por encima de sus posibilidades, muy por encima familias y empresas, y eso también merece ser recordado.

Y los partidos políticos y quienes se dedican a pensar en su entorno, y las grandes entidades económicas, deberían reflexionar sobre todo ello. No nos encontramos delante de un tumulto más, sino como mínimo de una transformación cultural de resultados desconocidos y como mucho ante una revuelta política.

Los cristianos estamos asimismo llamados a reflexionar a la luz de la fe y de las enseñanzas sociales de la Iglesia ante todo esto. Reflexionar y actuar no como “conservadores o progresistas” con lo cual estaríamos traicionando nuestra esencia, sino como seguidores de Cristo.

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