Día del trabajo y el paro, ¿qué?

Un reto imprescindible en estos días es hablar del trabajo. El trabajo es un don de Dios que dignifica al hombre. Para muchas personas adem&aac…

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Un reto imprescindible en estos días es hablar del trabajo. El trabajo es un don de Dios que dignifica al hombre. Para muchas personas además el trabajo es una vocación, es algo especialmente importante, esencial y trascendente. Para otra gran mayoría de personas el trabajo es sólo un medio para subsistir; de todas formas realmente aunque fuera sólo eso ya en sí mismo tiene una dignidad inherente, a menos que hagamos el trabajo de una manera chabacana, inútil y estéril. El trabajo bien podría ser un indicativo esencial de la valía personal del ser humano. Un trabajo mal hecho, con desgana, sin poner en ello nuestras cualidades y nuestras capacidades, que conllevará además un maltrato a las personas con las que lo realizamos o a las personas que atendemos, sería una señal de la poca categoría humana y espiritual de esa persona. Una sociedad, una raza, una cultura se podría calificar positiva o negativamente por la forma en que trabaja. Las motivaciones para el trabajo son también cuestiones especialmente importantes. A las personas hay que prepararlas con la debida intensidad y enseñarles el por qué y el para qué del trabajo. Quizás hablamos mucho de las penalidades del trabajo, pero se habla poco de la dignidad, del sentido de servicio, de la realización personal que lleva consigo el trabajo. Y como no hablar, en este tiempo que vivimos, de la ausencia de trabajo. Hay muchas personas sin trabajo que pasan el día angustiados, sin saber: dónde, ni cómo pueden encontrar este medio tan importante para la subsistencia. Hay familias enteras sin ningún recurso para subsistir. Hay familias en las que ningún miembro puede trabajar. Hay muchas, muchas, muchas personas en paro. El número de paro juvenil supera todos los indicativos posibles. Y hay culpables, muchos culpables que han convertido sus vidas en máquinas para generar riqueza, en máquinas para generar caudales inmensos para ellos y miseria para los demás. Los culpables son los de siempre, son personas sin corazón y sin piedad que están convirtiendo este mundo nuestro en un lodazal inmundo y desgarrador. Que Dios, que en la figura de Jesucristo trabajo en la tierra con amor y por amor, en este día del trabajo nos haga entender, a unos y a otros, la necesidad imperiosa de un trabajo para todos.

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