Diálogo sobre la democracia y la libertad de conciencia

“ La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.” Eso decía Winston Churchill y qué razón tení…

“ La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.” Eso decía Winston Churchill y qué razón tenía. No hay mejor sistema de gobierno que la democracia. Ya sabemos que nada es perfecto, pero la peor democracia es preferible a la mejor de las dictaduras.

Pero, ¿para qué sirve realmente la democracia?

La respuesta es sencilla: sirve para que los ciudadanos elijamos a nuestros representantes para que gobiernen.

Y ¿en qué consiste “gobernar”?

Gobernar es administrar nuestro dinero (el dinero que los contribuyentes aportamos a la hacienda pública) y velar por el respeto de los derechos y libertades de los ciudadanos, garantizando que todos podamos vivir con dignidad.

A esa noble tarea es a la que se deberían dedicar con empeño y dedicación nuestros políticos.

¿Cuáles son los derechos y libertades de los ciudadanos que debe garantizar todo gobierno?

Los derechos y libertades de los ciudadanos son los recogidos en la Constitución Española en vigor y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre estos derechos y libertades quiero subrayar hoy la libertad ideológica y la libertad religiosa:

Artículo 16
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

(Constitución Española)

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

(Declaración Universal de los Derechos Humanos)

¿Debe el Estado o el Gobierno de turno establecer unos principios ideológicos, religiosos, morales o éticos y adoctrinar con ellos a todos los ciudadanos?

En una democracia, no. Sin embargo, esto es lo que ocurre siempre en los regímenes tiránicos. Todas las dictaduras imponen a sus súbditos principios ideológicos o religiosos que imponen unos valores morales oficiales de obligado cumplimiento. En todos esos países se persigue al disidente y es común la existencia de presos de conciencia.

En la actualidad debemos señalar a los regímenes comunistas y a las teocracias islámicas como las tiranías que más vulneran los Derechos Humanos y que persiguen sistemáticamente a quienes se atreven a discrepar de la ideología dominante.

En cuanto a los sistemas comunistas destacan la dictadura cubana, la china y Corea del Norte. Fidel Castro es uno de los dictadores y asesinos más reputados y longevos del panorama internacional (además de una de las principales fortunas del mundo: menudo ladrón y sinvergüenza) y mantiene en sus cárceles a cientos de presos políticos que luchan por la instauración de la democracia en la isla caribeña.

Por su parte, China es una de las tiranías más cruentas. Resulta especialmente escandaloso que, en este caso, los Estados Unidos y de la Unión Europea estén supeditando la exigencia de respeto a los Derechos Humanos a sus intereses económicos.

Mientras el régimen comunista prohíbe a la Iglesia Católica, encarcela a sus obispos y promueve una iglesia nacional que nombra a sus propios “obispos” desde el Comité Central del Partido Comunista; mientras se reprime cualquier tipo de disidencia política de modo despiadado (recordemos la matanza de Tiananmen) y criminal; mientras el imperialismo Chino mantiene su ocupación del Tibet y al Dalai Lama en el exilio; las potencias occidentales miran hacia otro lado, firman acuerdos económicos preferenciales con el gigante asiático y se disponen a celebrar allí la próximas Olimpiadas para agasajar a tan ilustres criminales (propongo el boicot a las olimpiadas desde ahora mismo).

En cuanto a los países islámicos, la situación no es, ni mucho menos, mejor: teocracias que imponen la ley coránica; persecución religiosa a los cristianos que hoy están siendo asesinados y perseguidos en estos países por la mayoría musulmana; fanáticos, que con sus petrodólares están financiando, alentando y promoviendo el terrorismo internacional…

Entonces, ¿por qué se impone obligatoriamente una nueva asignatura adoctrinadora como la “Educación para la ciudadanía”?

Pues porque el actual gobierno socialista de España, apoyado por los nacionalistas radicales y los comunistas antisistema pretenden cambiar el mundo a su manera para salvarnos de nuestros errores y nuestra ignorancia.

Su proyecto transformador de la realidad pasa necesariamente por una política de propaganda y adoctrinamiento que utiliza los medios de comunicación y la escuela como vehículos de su estrategia para lavar el cerebro de los ciudadanos y hacernos comulgar con ruedas de molino.

Educación para la ciudadanía supone una imposición absolutamente inadmisible del pensamiento único de lo políticamente correcto, de la ideología de género y del relativismo moral. Y encima, sólo quienes comulgan con ese credo laicista son demócratas. Los que discrepamos, somos descalificados inmediatamente como fascistas.

Si un gobierno pretende imponer una ideología concreta o una religión determinada, ya no hay democracia. Es lo mismo que ocurría con el nacional-catolicismo franquista; pero ahora en versión laicista y atea: ni era aceptable aquella situación, ni lo es la actual. ¿Se imaginan lo que harían y lo que dirían estos pazguatos si alguien pretendiera que la religión católica volviera a ser obligatoria para todos? Habría que oírlos.

Pero, es que, quienes gobiernan tienen detrás el respaldo de la mayoría de los ciudadanos…

Claro. Y eso les legitima para gobernar; no para imponernos su manera de pensar a quienes no estamos dispuestos a aceptar sus principios ideológicos.

También Hitler ganó las elecciones y llegó al poder democráticamente. La mayoría de los alemanes lo respaldaban y aplaudían y casi nadie se atrevía a contradecir su ideología. Pero el apoyo de la mayoría no le legitimaba para asesinar a millones de personas en los campos de exterminio. El bien y el mal no se establecen por ley. Aunque la mayoría de los alemanes vieran con buenos ojos las leyes antisemitas, eso no quiere decir que tuvieran razón ni que matar judíos estuviera bien.

La inmoralidad puede ser mayoritaria, pero sigue siendo inmoral. Por muchos que defiendan que el mal está bien, sigue siendo mal. Una cosa es la moralidad y otra, la legalidad. La mayoría del pueblo le pidió a Pilatos que crucificara a un inocente; y Pilatos lo hizo. La ejecución fue legal, pero inmoral. La mayoría no tiene por qué tener la razón en asuntos morales. Y cuando las leyes son injustas o inmorales, lo que procede es la desobediencia y la objeción de conciencia: al César, lo que es del César; y a Dios, lo que es de Dios.

Algo parecido está pasando hoy en día con los regímenes populistas sudamericanos – caso de Venezuela o Bolivia: dictadorzuelos que llegan al poder democráticamente para, inmediatamente, imponer sus tiranías y acabar con las libertades de los ciudadanos. ¿Será casualidad que nuestro actual presidente sea tan amigo de estos tipos tan demócratas? Eso por no hablar de su viva amistad con el ya citado Fidel Castro…

¿Estará inspirada la idea de democracia de los socialistas españoles y los valores que quieren imponernos en el socialismo cubano y en los “indudables logros” de la revolución castrista? ¿O lo estará en los enormes avances democráticos que la República de Irán, Siria, Libia o Arabia Saudita han aportado al panorama internacional? ¿Consistirá la “alianza de civilizaciones” en someternos a todos a la dictadura de la inmoralidad totalitaria? Pero claro, para eso, hay que convencer a la gente de que lo bueno es malo y lo malo, bueno: por ese camino vamos.

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